El reto del aumento de la esperanza de vida y del envejecimiento de las sociedades 

Por EQUIPO AICTS / 03 de junio de 2019


Hace unas semanas, en la Fundación Ramón Areces celebraba en Madrid el encuentro Nobel Prize Dialogue para analizar las consecuencias del aumento de la esperanza de vida y del envejecimiento de la población. En el mismo participaban diversos Premios Nobel e intelectuales como Mario Vargas Llosa, Nicholas Carr, Edmund Phelps, Luis Alberto de Cuenca, entre otros, abordaron esos escenarios que se están dibujando en relación al envejecimiento de la población en nuestras sociedades occidentales especialmente. Es uno de los grandes retos de nuestro tiempo, de eso no cabe duda, y es preciso insistir en qué acciones van a tomar las sociedades para afrontarlo. El aumento de la esperanza de la vida y la heterogeneidad en las formas de vivir la vejez han transformado nuestra visión de esa etapa de la vida. Además, no sólo se vive más, se vive con más calidad, sino que también la estructura demográfica está invirtiendo la pirámide de población debido al descenso de la Natalidad.

En primer lugar, y como hemos venido indicando en otras ocasiones, el envejecimiento de la población supone un reto en tanto en cuanto no podemos hablar de una etapa en la que las personas que acceden a ella no tengan nada que aportar a la sociedad. Al contrario, hay que incidir en el papel que desempeña este colectivo, heterogéneo por otra parte como se ha señalado. Este hecho no implica que no se reconozcan los derechos vinculados a la jubilación y que haya que contemplar de forma escéptica propuestas que hablan de aumentar la edad de jubilación. Las mismas suelen venir determinadas por otros condicionantes, vinculados a visiones neoliberales de la sociedad y del mundo. Además, no todas las personas llegan en las mismas situaciones a la edad de jubilación.

En segundo lugar, cabe destacar el impacto en la Estructura Social en un contexto en el que la Natalidad está descendiendo y en algunos países, por ejemplo España, no alcanza para cubrir la tasa de reemplazo. No se puede mirar hacia otro lado, esta es una realidad compleja que está ahí, pero pueden encontrarse soluciones. Además del papel que desempeñan las personas mayores, no cabe duda que uno de los medios para mitigar este proceso es la inmigración. Pero hay más riesgos que pueden incidir en este factor, uno de ellos es la robotización del empleo. Nos encontramos ante un cambio de escenario muy acelerado que está teniendo un impacto directo, junto con la "uberización" del mismo, en el empleo. Nuevas condiciones de vida, viejas y nuevas desigualdades sociales. De esta forma, trabajadores y trabajadoras cada vez más precarios, tendrán menos posibilidades de contribuir al conjunto de la sociedad vía cotizaciones e impuestos. Y lo mismo ocurre con las empresas. Y este es sin duda uno de los principales escenarios de riesgo que encontramos.

En definitiva, aumento de esperanza de vida, diversidad de formas de vivir esa etapa de la vida, envejecimiento de la población y nuevos escenarios sociales y en el empleo se interrelacionan, y será en las próximas décadas cuando veamos sus consecuencias. Queda tiempo, poco, para abordarlos de las mejores maneras posibles.

Estudios universitarios 

Por EQUIPO AICTS / 28 de abril de 2019


IVIE y Fundación BBVA acaban de publicar la séptima edición del informe Indicadores Sintéticos de las Universidades Españolas y los medios de comunicación se han centrado en el elevado porcentaje de abandono de los estudios universitarios en España, incluido el cálculo del impacto económico de esa decisión. El primer indicador hace referencia a que uno de cada tres estudiantes universitarios abandonan el grado que comenzaron a pesar de haber realizado un curso o más, dándose un 27,4% de tasa de abandono, más presente en la universidad pública que en la privada. El mismo estudio señala que la estimación anual de este abandono para el Estado es de 680 millones de euros, mientras que para las familias se sitúan en 170 millones de euros.

Son cifras e indicadores que llevan a diferentes reflexiones en torno al sistema universitario español pero que seguramente serán aprovechados para cargar de nuevo contra el mismo, incluso para cuestionar el acceso de determinados colectivos. Con todas sus debilidades y déficits internos, con todos los ataques externos y con el impacto de la crisis sistémica de 2008 y la reducción presupuestaria, no debemos olvidar el papel que ha desempeñado la educación superior dentro del proceso de construcción del Estado de Bienestar en nuestro país. El acceso de las clases medias y de buena parte de las trabajadoras a unos niveles de estudios que antes estaban vetados para estos grupos, fue determinante para el aumento de la movilidad social y la reducción de las desigualdades sociales.

Sin embargo, lo ocurrido a partir de 2008 ha generado un escenario que ha parado la movilidad social y presenta nuevos medios, algunas veces directos y otras indirectos, para favorecer la igualdad y la equidad. Los indicadores presentados en este informe van en parte en esa dirección, el aumento de la precariedad y el papel de las becas y ayudas al estudio, tienen un impacto directo en el hecho de que una parte de los y las estudiantes tengan que abandonar sus estudios universitarios sin poder finalizarlos. Pero es una parte del problema, en el otro lado también hay que observar qué factores internos están provocando esta situación, qué parte de responsabilidad tiene el propio sistema universitario, que existe. Finalmente, tampoco debe olvidarse el peso de los factores vinculados a la motivación de los y las estudiantes, en ocasiones también relacionado con el proceso anterior.

Pero no nos cabe duda que estos indicadores, especialmente los vinculados al coste económico, no dejarán de ser empleados por aquellos grupos y actores que cuestionan la universalidad de la educación superior o que piensan que el sistema universitario español está inflado. El acceso a la educación superior también es un derecho y, como demuestran numerosos estudios, es determinante para contar con mejores empleos y condiciones de vida. 

Mientras tanto, otros indicadores muestran cómo muchos jóvenes siguen en los estudios antes un escenario laboral negativo, con precariedad y salarios muy bajos que no permiten el desarrollo y la consolidación de un proyecto de vida. Los y las jóvenes que se puedan permitir seguir estudiando no encuentran otra opción que continuar formándose a la espera de poder regresar a un mercado laboral y a un sistema productivo que se lo ha puesto muy difícil a este colectivo. Y muchos y muchas personas que continúen estudiando, haciendo esfuerzos de compaginar estudios y trabajo, también lo tendrán más difícil por la precarización del mercado de trabajo, los bajos salarios para los jóvenes, y la menor capacidad de apoyo de las familias. Los que no puedan seguir en el sistema educativo, por carecer de medios, se verán abocados a una mayor precariedad. En definitiva, la reproducción de la desigualdad sigue con parámetros que nos recuerdan cada vez más al pasado...y es que hemos ido para atrás.  

Insistimos: no hay movilidad social

Por EQUIPO AICTS / 27 de enero de 2019


Hace unos días se publicaba el informe de Oxfam Intermón Desigualdad 1 - Igualdad de Oportunidades 0. La inmovilidad social y la condena de la pobrezaHay que reconocer que el título es brillante y que refleja a las claras el escenario en el que se encuentra nuestra estructura social y el futuro que nos espera. Pero tampoco les habría sobrado incluso haber aumentado el marcador a tres o cuatro a cero. El mundo es desigual y lo ha sido siempre, de eso no hay duda, lo que ocurre es que la "Igualdad de Oportunidades" había conseguido acercarse en el marcador, incluso alguien puede decir que empatar, y que, cuando nos estábamos acercando más resulta que se demuestra que la "Desigualdad" es un equipo de Champions League y la "Igualdad de Oportunidades" es un modesto y meritorio conjunto. Y que, si se le sube a las barbas, no pasa nada que ahí tenemos al árbitro, con VAR incluido, para "poner las cosas en su sitio". Sí, estas analogías futbolísticas funcionan bien y están ocurriendo. Y Oxfam Intermón han sido muy hábiles al incorporarlas. 

El informe es demoledor pero no apunta novedades en relación a lo que está ocurriendo desde hace una década al menos, aunque ya hemos señalado que las bases de ese escenario se iban poniendo antes. el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de la sociedad, el aumento de la riqueza de los que más tienen, que una parte significativa de la clase media ha caído en la pobreza, el abandono y fracaso escolar más presente en los hogares con menos ingresos, una peor situación de las mujeres en este negativo escenario...Uno de los indicadores a los que más han prestado la atención los medios de comunicación es el que hace referencia al cierre de la movilidad social, concretado a que una familia pobre necesitaría cuatro generaciones para alcanzar los ingresos medios, y eso contando con una situación de empleo y condiciones laborales estable, cosa que ahora es más improbable.

La movilidad social ha sido uno de los grandes avances del último siglo y se ha vinculado tanto a la mejora de las condiciones materiales como al paso de una clase social a otra. De acuerdo, podemos entrar en todas las discusiones sobre clases sociales que queramos, con argumentos en un lado y en otro, especialmente en relación a la tan denostada clase media. Esa movilidad social venía marcada por unas condiciones laborales mejores, el acceso a niveles de estudios superiores (antes reservados a las clases más altas) y a unos modelos basados en el Estado de Bienestar. Y buena parte de estas aspiraciones y metas se habían logrado desde la izquierda política, desde los movimientos sociales, etc. Seguramente la clase media se acomodó y se olvidó de sus orígenes, mirándolos incluso con desdén, o se olvidó, lo que sea, el caso es que la sociedad no se percató del cambio subterráneo que se estaba desarrollando en la base de la estructura social. Para cuando quisieron hacerlo, crisis del 2008, ya era tarde. 

El informe de Oxfam Intermón nos muestra cómo las condiciones de partida van a determinar cada vez más claramente la posición en la estructura social, pero en una dirección: el mantenimiento de la misma. Es una suerte del ya señalado "efecto Mateo" o "se le da al que tiene", totalmente institucionalizado. Y todavía va a darse en mayor medida en un mundo con un mercado de trabajo y una estructura productiva en plena trasnformación, en la que los procesos de uberización son una realidad. A todo ello, la Educación, más necesaria que nunca, se encuentra en el paradoja de necesitar un mayor esfuerzo para poder funcionar como medio de movilidad social, aunque esto no es casual sino intencionado. Finalmente, un Estado de Bienestar debilitado y adelgazado tiene un impacto directo en las transferencias sociales, con todas las consecuencias que supone.

El escenario es muy negativo y en nuestras sociedades está creciendo la desigualdad. No solamente eso, se ha producido un cierre de clase, un cierre con candado. Mientras tanto, seguimos viviendo en una especie de ilusión marcada por un consumismo individualista que juega al estatus y a los signos de distinción, mientras las condiciones materiales se van deteriorando. Se nos acaba el tiempo. 

El cambio de modelo social y de sociedad

Por EQUIPO AICTS / 4 de diciembre de 2018


El periodista de El Confidencial Esteban Hernández ha escrito uno de los artículos del año: "Todos los males de nuestra época, sintetizados en una muerte". En el mismo, Hernández parte del suicidio de una vecina del barrio madrileño de Chamberí, Alicia V.M., que iba a ser desahuciada de su domicilio. El escenario no es nuevo y, a través de este horrible hecho, el autor disecciona las causas globales y estructurales del mismo. Es decir, y a diferencia de otros análisis a los que estamos acostumbrados, no se queda en esa situación concreta sino que aborda los factores que le han determinado. En general, muestra la evolución de una sociedad que ha visto cómo el peso de la Economía se ha impuesto, que ha tenido un impacto determinante en el acceso y situación de la vivienda, pero que va más allá, indicando cómo se encuentran las políticas públicas tras años de recortes y ajustes, y volviendo la mirada hacia el estado de soledad e indefensión de los individuos en un mundo posmoderno individualista en el que los lazos afectivos se han ido reduciendo y/o debilitando.

La habilidad de Hernández para interrelacionar todos estos factores nos pone frente a una transformación no solo del modelo social sino de la propia sociedad. Desde AICTS hemos venido analizando estas situaciones desde hace unos años y la realidad es mucho más compleja de lo que a simple vista puede parecer. Más allá de los grandes datos macroeconómicos, más allá de la incapacidad de las alternativas para dar salida a esta situación, cuando se plantean porque en ocasiones ni están ni se les esperan, la realidad es que la situación de buena parte de los ciudadanos y ciudadanas es peor que hace una década. Imbuidos en un individualismo y consumismo dominante, el día a día muestra las dificultades para llegar a fin de mes, la precariedad del trabajo, la exigencia del sistema ya no para progresar sino para sobrevivir, las dudas sobre el futuro de nuestros hijos y nietos, el escenario de los colectivos más vulnerables, etc. Los desahucios, y sus extremas consecuencias como el caso de Alicia V.M., son una de las caras de este proceso.

La realidad es que el futuro se presenta mucho más complejo todavía. Aunque hay corrientes que tratan de evitar este proceso, o al menos corregirlo, no está claro que puedan ser suficientes frente a las fuerzas globalizadoras y neoliberales por un lado y, por el otro, al crecimiento de discursos populistas extremistas que presentan soluciones que no se pueden llevar a cabo pero que van calando en una parte de la sociedad, agarrada como un clavo ardiendo a una posible tabla de salvación. Curiosamente, dos polos que van en dirección contraria se encuentran en la misma consecuencia y las corrientes que dieron lugar al modelo social del Estado de Bienestar, de cohesión social y de corresponsabilidad se encuentran hace mucho tiempo en retirada, tanto por sus contradicciones internas como por las poderosas fuerzas externas que las han desplazado.

Hernández plantea además un hecho fundamental como son los lazos entre los individuos. Esta cuestión no es anecdótica, al contrario. Alicia V.M. vivía sola, los últimos indicadores y proyecciones del Instituto Nacionall de Estadística (INE) muestran el aumento de los hogares unipersonales. Vivimos en sociedades y en un modelo que deja de lado el valor de los lazos afectivos y emocionales entre los individuos. Vale que la modernidad se basaba en parte en el individualismo, en la potencia del individuo y sus posibilidades, y en la ruptura de los lazos comunitarios tradicionales que, en no pocas ocasiones, habían sido restrictivos. Pero de ahí se paso a un individualismo consumista de la posmodernidad y en la entronización de un narcisismo atosigante. Del ser al tener nunca tuvo tanto sentido. En la actualidad, como apunta Hernández, se reducen los contactos familiares y las personas viven más aisladas las unas de las otras, en un modelo que no deja espacios ni tiempos para el encuentro entre las personas. Sí, la familia fue la clave para evitar mayores consecuencias de la crisis, pero puede que fuese su canto del cisne en ese sentido porque las siguientes generaciones no contarán con los recursos de sus padres y abuelos, no habrán podido ahorrar por contar con un mercado de trabajo más inestable. Y las familias se reducen, sólo hay que ver la situación de la fecundidad y la diferencia entre el número de hijos tenido y el deseado, como también apuntaba Héctor G. Barnés en el mismo El Confidencial. El debilitamiento de los lazos afectivos entre las personas también ha tenido estos meses un ejemplo muy interesante en la nueva novela de Isaac Rosa, Feliz final (Seix Barral), sobre las consecuencias del mundo en el que vivimos y de la inestabilidad económica sobre las relaciones de pareja, dando lugar a una visión muy esclarecedora sobre la situación.

El escenario es muy complejo, mucho más de lo que parece a simple vista. El mundo acelerado en el que nos encontramos no da pausa, al contrario, nos lleva a no pararnos a mirar a nuestro alrededor y observar qué está pasando y cómo nos está afectando. Mientras tanto, seguimos en un proceso demencial al que se unen, inevitablemente, el descenso de las políticas sociales y la reducción de las transferencias sociales. El modelo de cohesión social que representaba el Estadode Bienestar, con sus limitaciones y contradicciones, ha sido una excepción en el devenir de la Historia, pero no debemos permitir que se quede en eso, en una excepción, sino que debemos retomar la senda del mismo y adaptarlo a los nuevos tiempos. De lo contrario, las desigualdades, que nunca se fueron, seguirán aumentando como lo están haciendo en los últimos años. 

Una década del comienzo de la crisis

Por EQUIPO AICTS / 10 de septiembre de 2018


Se cumple una década de la caída de Lehamn Brothers, el considerado comienzo de la crisis de 2008 que ha supuesto una transformación de nuestra sociedad. Una década después, lo que se presentó como una crisis a la que siguió recuperación macroeconómica, que no para la mayoría de los ciudadanos, ha demostrado ser una evolución más del sistema capitalista y la aceleración de procesos que venían dándose desde la década de los setenta del siglo XX. En definitiva, un cambio de modelo con graves consecuencias además de producirse a una gran celeridad.

La crisis ha dejado a la mayoría de la sociedad como damnificados de un proceso que se caracteriza por el descenso del empleo, la precarización del existente, unas transformaciones en el mundo del trabajo que afectan a la raíz del mismo, procesos desregularizadores y un descenso de los sistemas de protección representados por el Estado de Bienestar. Aunque el empleo se haya recuperado en comparación con los niveles más altos de paro durante la crisis, no cabe duda que nos encontramos ante un cambio radical en relación a las condiciones de trabajo con respecto a las décadas pasadas. En la actualidad, la precarización, la flexibilidad, el descenso de la capacidad de negociación de los trabajadores y los nuevos modelos económicos nos muestran una realidad compleja con transformaciones también en relación a la formación y la educación. La economía del contenedor y la aparición de nuevas formas de trabajo basadas en el autoempleo y conceptos como el emprendimiento, en su vertiente neoliberal, muestran un escenario de incertidumbre, precariedad y desigualdad creciente. 

Por otra parte, está claro que la economía se ha impuesto sobre la política, como ya venía haciéndolo desde décadas atrás de forma más sutil. Las desregularizaciones y el peso de un ámbito sobre el otro ha quedado demostrado en esta década y puede que no tenga mejor indicador que en el hundimiento de la ilusión europeísta, dominada por unos mercados se que han impuesto impecablemente. Pero, no cabe duda que el impacto de todos estos procesos en las políticas públicas del Estado de Bienestar, aquellas que se basan en la igualdad, la equidad, la reducción de las desigualdades, la cohesión social, etc., ha sido otro de los fenómenos que más está afectando a los ciudadanos. A pesar del mantenimiento de las estructuras del Estado de Bienestar, se han perdido derechos sociales que no se recuperarán. Y esto afecta al conjunto de la sociedad pero, como en el conjunto del periodo, a los grupos sociales más desfavorecidos y que ya, antes de la crisis, estaban en peores condiciones de partida.

El escenario es complejo, como decíamos, y la situación precisa de una transformación sin precedentes. Aunque han surgido movilizaciones y movimientos sociales que han demandado una solución, no han logrado sus objetivos. Igualmente, las tendencias políticas en Occidente están viendo aflorar partidos políticos y movimientos populistas y xenófobos que nos recuerdan situaciones de un pasado que se creía superado. Son formaciones que han encontrado su hueco en el descontento y desconfianza de una parte de la sociedad que se ha visto barrida por la crisis o que ha visto empeorar sus condiciones de vida. La respuesta no tiene que ser sólo al escenario que ha generado esta transformación de la sociedad que estamos viviendo sino también a estos movimientos que, en parte, están capitalizando el descontento aunque tampoco tengan una solución al mismo. Está en juego la cohesión social y un modelo como el Estado de Bienestar que ha sido copiado en otras partes del mundo y se ha convertido en un objetivo para muchas sociedades. La cuestión es si estamos a tiempo de subvertir esta situación.

Los retos del envejecimiento

Por EQUIPO AICTS / 15 de agosoto de 2018


En las últimas semanas han sido publicados diferentes reportajes en los medios de comunicación sobre el proceso de envejecimiento de la población, el aumento de la longevidad y los retos en relación a la dependencia y los cuidados. Ciertamente, nos encontramos ante la clase de artículos que, frecuentemente, vienen señalando los diferentes desafíos de nuestras sociedades occidentales en relación al envejecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida, hecho que también tiene diferentes implicaciones. Desde AICTS, una de las principales líneas de investigación y trabajo abordada es la relativa a esta cuestión, enfocada fundamentalmente a partir del Trabajo Social pero sin descuidar al resto de las Ciencias Sociales. De hecho, la profesora de Trabajo Social y Servicios Sociales de la UNED, Directora del Departamento de Trabajo Social de esta universidad, e integrante de AICTS, Laura Ponce de León Romero, será una de las coordinadoras de la mesa de trabajo "Cómo afrontar el envejecimiento de la población" en el III Congreso Internacional de Trabajo Social (CIFETS 2018) y XII Congreso de Facultades y Escuelas de Trabajo Social, que tendrá lugar en Bilbao del 14 al 16 de noviembre de 2018


Es un hecho contrastado que el aumento de la esperanza de vida sigue de forma ascendente, superando los ochenta años e incluso con perspectivas más elevadas. Sin embargo, no es menos cierto que aparecen aquí retos en relación a cómo afrontar ese envejecimiento de la población. En primer lugar, hay que tener en consideración la heterogeneidad de situaciones, en función del estado en que se llegue a la vejez. Todo el mundo no mantiene las mismas capacidades y la variabilidad de posibilidades es amplia, dándose casos de personas que siguen muy activas en ese periodo de su vida y otras aquejadas de enfermedades, discapacidades o las derivadas por el deterioro de la edad. Igualmente, también se plantea el hecho del cómo se vivirá en ese periodo en un contexto de debate en torno a las pensiones, con profundas transformaciones en el mercado laboral y la estructura productiva, lo que implica menos cotizantes, en un escenario de regresión demográfica, y enormes dudas en relación a la sostenibilidad del sistema. Es, sin duda alguna, uno de los grandes desafíos y retos para abordar ya a corto plazo. 

Pero, otra de las cuestiones centrales de todo este proceso, es el relativo a la dependencia y los cuidados. Las diferentes formas de llegar y vivir la vejez, el incremento del número de personas que llegan a esta etapa de la vida, y el aumento de la longevidad, están poniendo el acento también en los cuidados. Sin embargo, los recortes y ajustes que se han llevado a cabo en el Estado de Bienestar y en las políticas públicas, especialmente a partir de la crisis de 2008, han generado muchas dudas en relación a los cuidados. Es obvio que serán cada vez más necesarios y que más personas serán susceptibles de precisarlos, pero no es menos cierto que, de seguirse en esta dirección, las personas dependerán cada vez más de los recursos que hayan podido acumular a lo largo de su vida o de la solidaridad familiar, recayendo la atención en no pocas ocasiones en personas de la misma familia, generalmente mujeres. Este hecho no es tampoco una novedad en un Estado de Bienestar de carácter familista, como es el caso del español. Afrontar la cuestión de los cuidados desde el ámbito de las políticas públicas implica tomar en consideración que no pueden quedar en manos del mercado o depender de las posibilidades de las personas y las familias, sino que debe ser un ámbito central de las mismas, aunque nuestra posición de partida no sea la más favorable ya que los Servicios Sociales ha sido la parte menos desarrollada de nuestro Estado de Bienestar.

El debate sobre la inmigración

Por EQUIPO AICTS / 15 de agosoto de 2018


Desde hace un par de meses, el debate sobre la inmigración ha alcanzado un nueva dimensión en España, aunque no es menos cierto que parece un salto hacia adelante en un proceso más amplio, lamentablemente. Mientras que en parte de Europa ha dado lugar a discursos y medidas de carácter populista y xenófobas, en España habían quedado más soterradas. Pero los acontecimientos de estos últimos meses han despertado el uso político y demagogo de la cuestión migratoria, así como el falseamiento de los datos o su uso incorrecto. Que la situación del Mediterráneo, la frontera sur de la Unión Europea (UE), es insostenible es un hecho. La crisis de los refugiados procedentes de Siria, las rutas migratorias, el escenario en un Estado fallido como Libia, las negociaciones de la UE con el mismo y Turquía, las medidas del gobierno italiano, etc., están acentuando este hecho. Pero, la realidad más evidente es que miles de personas y familias ponen en riesgo su vida para alcanzar un proyecto de vida mejor, huyendo de la pobreza, la precariedad y las zonas de conflicto.

La resolución de la primera crisis humanitaria del Aquarius, con la medida del Gobierno español de aceptar la llegada a puerto de esa embarcación, dio lugar a una serie de discursos en los que se hablaba de "efecto llamada" y de un escenario de insostenibilidad en la frontera sur de España, especialmente en Ceuta y Melilla y las costas de Andalucía. Aunque es cierto que ha habido un incremento de las personas que están entrando por esas vías, debido al cierre de otras rutas migratorias, del relajo de los controles por parte de Marruecos y de procesos más cíclicos, la realidad es que la gran mayoría de las personas que entran en España lo hacen a través de los aeropuertos y que por el litoral representan el 10%, jugándose y perdiendo la vida en pateras y embarcaciones precarias. Además, hay que considerar que para buena parte de la inmigración, España es una etapa de tránsito hacia otros países del norte de Europa. De esta forma, los diferentes indicadores nos muestran cómo no se está produciendo una "crisis migratoria" en nuestro país, a pesar de los discursos del miedo sobre la cuestión. Otro dato interesante sobre la cuestión nos lo muestra el Eurobarómetro y la diferencia entre la percepción del porcentaje de inmigrantes en los diferentes países de la UE y la realidad: en la gran mayoría de los países se piensa que es mayor que el real, por ejemplo en Italia el 24,5% frente al 6,8% real, en España del 23,2% al 8,5%, o en Portugal un 20,6% frente al 6,2%.

Que la inmigración supone un importante reto para nuestros países es una realidad. Que es una situación que afecta al conjunto de Europa y que la frontera sur, el Mediterráneo, es la zona más compleja, también. Pero no debemos olvidar el hecho ya señalado al comienzo de este artículo, la gran mayoría de los inmigrantes toda la decisión de dejar sus países y sociedades en busca de mejores oportunidades de vida, posiblemente las únicas que tienen ante la imposibilidad de llevarlas a cabo en las mismas. En la muchos casos, son personas cualificadas las que dejan estos países, perdiéndose capital humano en sus sociedades de origen. Quedan sujetos a trayectorias de riesgo, en no pocas ocasiones en manos de mafias o a la merced de estados fallidos, jugándose la vida y perdiéndola en no pocas ocasiones. Finalmente, casi todas nuestras sociedades occidentales se encuentran inmersas en crisis demográficas de bajas natalidades y fecundidades, lo que implica que la inmigración es uno de los medios para afrontar esta situación. Levantar vallas y muros en forma de discursos populistas y xenófobos, como está ocurriendo explícitamente en Italia, Polonia, Hungría, etc., y comenzar a hacerlo aquí, generando alarmas no justificadas, es entrar en un camino sin retorno. Esperemos que sea de corto recorrido pero mucho nos tememos que no hay muchas esperanzas en ese sentido.
 

El ascensor social, ¿se reparará?

Por EQUIPO AICTS / 18 de junio 2018


Los medios de comunicación se han hecho eco de un nuevo informe de la OCDE titulado A Broken Social Elevator? How to Promote Mobility, que muestra la movilidad intergeneracional en diferentes países. En el caso español, aunque levemente mejor que la media de la OCDE, la realidad muestra un importante estancamiento de dicha movilidad horizontal y en el que las posiciones se mantienen generación tras generación. Y, lo que es peor, los cambios estructurales que se están dando en nuestras sociedades están dando lugar a una precarización de amplias capas de las mismas así como a la reproducción de dichas posiciones y de la desigualdad. Por lo tanto, los datos que nos muestra la OCDE no son una novedad, pero sí que es cierto que se han recrudecido en la última década, y que han pasado un tanto desapercibidos en la vorágine informativa a la que nos vemos sometidos.

La moviliad social siempre ha sido una de las grandes aspiraciones de los individuos y las familias, así como la esperanza para sus descendientes y futuras generaciones. Promover la mejora de las condiciones de vida y los procesos de igualdad de oportunidades son dos de los principios del Estado de Bienestar, ambos determinantes para la movilidad social. España era un país muy estratificado hasta hace unas pocas décadas en el que dicho ascensor social era prácticamente inamovible. El acceso a la Educación y, especialmente, a la universitaria para amplias capas de las clases medias crecientes y de las clases obreras, que se irían transformando en medias, sería determinante. La Educación era vista como la gran palanca del ascensor social, a través de la misma se lograría una cualificación que permitiría acceder a empleos alejados del trabajo manual, de las fábricas, de la agricultura, etc. Es un proceso que se basó en dos grandes vías, por un lado el gran sacrificio de las familias para permitir que sus descendientes acudiesen a la Universidad y, posteriormente, las políticas públicas del Estado de Bienestar a través de becas, ayudas y de la universalización de la educación obligatoria. Fue un éxito del Estado de Bienestar español, aunque no dejó de tener sus contradicciones y dudas, especialmente porque un significativo contingente de la población no llegaría a superar la educación obligatoria, con importantes tasas de fracaso y abandono escolar.

Esa base de desigualdad y de reproducción de las condiciones de partida no se solucionó nunca y se reproducirían las desigualdades, ya estructurales. Mientras tanto, el acceso a la Universidad y la consecución de un título siguió funcionando como la llave de la movilidad social, a pesar de los síntomas que se observaban de agotamiento. Las exigencias iban subiendo de nivel y, los grupos sociales en situaciones privilegiadas irían cerrando las puertas a través de otras fórmulas que no eran nuevas, por ejemplo formaciones complementarias, costes directos e indirectos, etc. La crisis de 2008 supuso una transformación de la estructura social y el despertar de buena parte de la clase media a la realidad. Ya no es que no se fuesen a cumplir los deseos de movilidad para sus hijos e hijas, sino que para parte de ellos y ellas mismas supondría ver cómo esa movilidad se volvía descendente. Un durísimo golpe para al valor de la Educación, sin duda alguna. Esta década ha supuesto observar cómo la meta se ha puesto cada vez más lejos y que, la carrera a desarrollar, será cada vez más dura y que las condiciones de partida vuelven a ser tan determinantes como hace unas décadas, incluso estaría por ver si no más.

¿Se podrá arreglar el ascensor social?, la pregunta tiene una complicada respuesta por las condiciones estructurales en la que nos encontramos y por la evolución del sistema productivo. Las noticias no son buenas. Hay una disonancia cada vez más clara entre los universos simbólicos interiorizados y la realidad. El nivel de estudios sigue beneficiando el acceso a unos determinados puestos de trabajo y, a menor cualificación, las posibilidades de caer en situaciones de precarización son mayores. Si se contaba con un importante contingente de la sociedad que no tenía posibilidades de coger el ascensor social, en la actualidad se ha ampliado, incluso para parte de las clases medias. El ascensor social no sólo se recuperará a través de las políticas públicas sino con cambios en un modelo productivo marcado por la Globalización y por dinámicas que ya están fuera de la esfera de los Estados. 

 

La importancia de los cuidados 

Por EQUIPO AICTS / 7 de mayo de 2018


El pasado 30 de abril El País publicaba un interesante artículo sobre el papel de los cuidados en nuestra sociedad y su crisis bajo el título No nos cuidamos. A lo largo del mismo, se presentaban algunas investigaciones sobre la cuestión, publicaciones así como algunos indicadores de su situación. Algunos de los mismos son conocidos como el hecho de encontranos en no pocas ocasiones ante tareas no remuneradas, su peso en nuestra sociedad que ni es reconocido ni es visible, el mantenimiento de los roles de género (el peso de los cuidados sigue recayendo principalmente en la mujer), etc. Además, se hacía referencia a un estudio de próxima publicación sobre la cuestión a cargo de María Ángeles Durán que señala que las labores de cuidados, incluidas las tareas domésticas, equivaldrían a 28 millones de puestos de trabajo a tiempo completo. Igualmente, se incidía en la situación de crisis de los cuidados a través de los recortes y ajustes presupuestarios en los las políticas públicas y, especialmente, al individualismo imperante en nuestras sociedades posmodernas.

Desde AICTS, una de nuestras líneas de investigación centrales está vinculada precisamente a la cuestión de los cuidados a través de procesos como el envejecimiento de la población, encabezada por Laura Ponce de León (UNED), y a la importancia de las políticas públicas del Estado de Bienestar. No cabe duda que estamos ante una serie de transformaciones centrales que están afectando a los cuidados y que una serie de procesos, algunos de ellos bien formulados en el artículo señalado. En el mismo se hace también referencia a la externalización de los cuidados debido a la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, pero este hecho nos lleva a dos cuestiones que también hemos planteado en otras ocasiones: la ya señalada en esta entrada sobre la brecha de género en los cuidados y la conciliación de la vida familiar y laboral. Mientras que no se avance, y se han dado muchos pasos positivos, en una corresponsabilidad total entre los dos integrantes de una pareja, las tareas domésticas, los cuidados, etc., seguirán cayendo en mayor medida del lado de la mujer. En cuanto a la conciliación, estamos ante una de las grandes debilidades de nuestra sociedad. No somos una sociedad que concilia de forma acertada la vida laboral y familiar. Al contrario y, además, la conciliación sigue estando más identificada con la mujer que con el hombre, lo que no hace sino reproducir la desigualdad de género en la cuestión de los cuidados. A todo ello hay que añadir los recortes en las políticas públicas, otro factor que contribuye de forma decisiva en esa crisis de los cuidados. Si la conocida como Ley de la Dependencia de 2006 reconocía la función de las cuidadoras y cuidadores, los sucesivos recortes y ajustes se llevaron por delante buena parte de estos avances.

Pero no debemos tampoco olvidar otro de los puntos a los que aludía el artículo: el individualismo de nuestra sociedad. Sin duda alguna nos encontramos ante un hecho en el que profundizar, la relación de esa crisis de los cuidados con los valores imperantes en nuestras sociedades. Las dos últimas décadas han dado lugar al dominio de valores individualistas, consumistas y materialistas. Y aunque la familia ha sido determinante, y continúa desempeñando esa función, al mitigar los efectos de la crisis y al seguir siendo una red de seguridad de primer orden, no es menos cierto que podemos señalar, como hipótesis, que tendrá muchas más dificultades en poder desempeñar esas funciones ya que ha sufrido un desgaste material (sus recursos disponibles y los que tendrán las siguientes generaciones) así como por esos nuevos valores dominantes. Ya no es sólo que esas redes se debiliten sino que parte de nuestra sociedad "compra" recetas de carácter neoliberal, recetas en las que prima el "sálvese quién pueda" y donde la solidaridad pasa ya no a un segundo plano sino a un tercero. Es necesario fortalecer y construir sobre los valores solidarios presentes y ser conscientes que, en un mundo dominado por el individualismo, todos y todas tenemos las de perder. La situación de los cuidados es un indicador más.

La incesante segregación escolar 

Por EQUIPO AICTS / 30 de abril de 2018


Save the Children ha presentado recientemente un interesante y completo informe bajo el título Mézclate conmigo. De la segregación socioeconómica a la educación inclusivaRealizado por Lucía Martínez y Álvaro Ferrer, a través del análisis de diferentes fuentes secundarias y de técnicas cualitativas, el trabajo nos muestra una de las cuestiones más complejas que afectan al sistema educativo como es la segregación educativa y la concentración de una serie de colectivos, especialmente aquellos en situación de riesgo de pobreza y exclusión social, en determinados centros. Los datos no pueden ser más elocuentes ya que, en la actualidad en España, prácticamente la mitad del alumnado estaría escolarizado en centros con concentración de alumnado vulnerable, prácticamente en su totalidad públicos, habiéndose generado "centros guetos". Es decir, nos encontramos ante un hecho de graves consecuencias ya que implica mayores posibilidades de reproducción de la desigualdad social ya que, como bien muestran estudios como PISA entre otros, existe correlación entre el rendimiento académico y el nivel socioeconómico de las familias. Igualmente, no es menos cierto que hechos como el "efecto compañero" o el "efecto Mateo" están muy presentes en la capacidad para aprovechar mejor las oportunidades que ofrece el sistema educativo, siendo los grupos sociales en situaciones más ventajosas los que mejor lo aprovechan.

No es una cuestión novedosa la que se plantea en este informe, al contrario, la Sociología de la Educación tiene en este campo uno de sus objetos de estudio más importantes. Hablar de segregación escolar nos lleva a una paradoja en relación a una de las funciones fundamentales de la educación: la reducción de las desigualdades, la movilidad social y la equidad. En España, la segregación escolar ha sido estudiada por diferentes investigadores, desde Mariano Fernández-Enguita a José Saturnino Martínez García, entrando a considerarse cuestiones como la elección de centro y la capacidad de hacerlo (y aquí no hay que olvidar el Artículo 27.3 de la Constitución de 1978), los capitales (económicos, sociales, culturales) de los que disponen las familias, los costes directos e indirectos, etc. Todo ello conforma un escenario complejo que no cuenta con soluciones sencillas pero en el que tienen un importante peso las políticas educativas.

Aunque fue con el crecimiento del alumnado extranjero en la primera década del siglo XXI cuando se alcanzó una mayor visibilidad de esta cuestión. Fue un fenómeno para el que ni la sociedad ni el sistema educativo estaban preparados, una transformación sin precedentes de la estructura social. El proceso de escolarización de este colectivo se centró mayoritariamente en colegios públicos, el 81% del mismo se encuentra en ellos, generándose a su vez una "salida" del alumnado autóctono hacia otros centros, principalmente concentrados. En los barrios de las ciudades en los que se instalaban los inmigrantes, sus centros escolares se caracterizaban por una mayor heterogeneidad del alumnado así como por mayores necesidades de políticas compensatorias e inclusivas ya que parte del mismo contaba con importantes dificultades para acceder al sistema, desde proceder de modelos educativos diferentes hasta el desconocimiento del idioma. Sin embargo, esta concentración de estudiantes extranjeros, y de segundas generaciones posteriormente, estigmatizó a no pocos colegios.  

No cabe duda que las políticas educativas fallaron al abordar esta cuestión pero no es menos cierto que es un hecho estructural. Es decir, la segregación escolar en España ya estaba presente antes de la llegada del alumnado extranjero. Determinado nuestro sistema educativo por el peso de la Iglesia Católica durante siglos y la escasa inversión en la red pública (exceptuando la experiencia de la Segunda República, este hecho no comienza a corregirse hasta la Ley General de Educación de 1970), la segregación socioeconomómica ya venía dada por la capacidad de ciertos colectivos de elegir determinados centros educativos, que se verá incrementada por las diferencias socioeconómicas entre los diferentes barrios y que, con sl sistema de conciertos educativos, entrará en otra dimensión. Además de esta segregación estructural, no debemos olvidar a un colectivo que primero estuvo excluido del sistema educativo y luego claramente segregado como es el de los gitanos.

A pesar de los avances evidentes del sistema educativo español, de los éxitos cosechados e indiscutibles en las décadas de desarrollo del Estado de Bienestar, con el incremento de los niveles educativos y el acceso de amplios contingentes de las clases trabajadoras y medias a los estudios superiores, no es menos cierto que estos déficits siguen estando presentes y que la segregación escolar es causa y consecuencia de los mismos. No es casualidad que el abandono y el fracaso escolar afecte en mayor medida a colectivos más vulnerables. Además, las políticas de ajuste y recorte de los presupuestos en educación vienen afectando a los programas de educación compensatoria e inclusiva, lo que ha incrementado el escenario de desigualdad para estos grupos. 

La educación tiene numerosas funciones y una de ellas y de las más significativas, como ya hemos señalado, es la lucha contra la desigualdad y la apuesta por la equidad. Sin embargo, y aunque insistimos que el sistema educativo no ha sido nunca plenamente igualitario, las diferencias se han mantenido de forma directa o indirecta, no es menos cierto que estamos en un camino regresivo. Las nuevas tendencias de carácter neoliberal y mercantilizador de la educación, junto con los mencionados recortes y ajustes, están suponiendo un duro golpe a las bases de ese sistema educativo que ha reducido sus transferencias sociales, habiendo aumentado el gasto de las familias en el campo educativo por ese motivo. En este escenario, la segregación escolar no solo tiene todos los números para mantenerse sino para aumentar, teniendo mucho menos margen la educación para cumplir esas funciones asignadas, soportando mayores presiones si cabe en una y otra dirección. 

El papel de los abuelos y abuelas 

Por EQUIPO AICTS / 14 de abril de 2018


En el Blog de AICTS hemos hecho referencia al papel de las personas mayores en nuestra sociedad y a los escenarios que les afectan, destacando la importancia del envejecimiento activo, así como la situación de la estructura social ante las tendencias demográficas que apuntan al envejecimiento de la ponblación, por no olvidar a las pensiones. Por todos estos motivos, adquieren mayor valor los datos del último Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) correspondiente al mes de marzo. Algunas de las preguntas hacían alusión directa al papel de abuelos y abuelas en nuestra sociedad, pero también nos reflejan los cambios que se están produciendo en la misma. Por ejemplo, un 85,6% de los encuestados/as señalaba que tiene o había tenido relación con sus abuelos/as, señalándose las actividades que comparten, o habían compartido con ellos y ellas: reuniones para celebraciones especiales (90,7%), contar historias sobre la familia (84,1%), jugar con ellos/as (69,5%), pasar temporadas o vivir con ellos/as (66%), ayuda económica (29,9%), ayuda en las tareas domésticas (27,4%), ayuda en los estudios (19,45%), ayuda en el cuidado de los hijos/as (13,6%), compartir un grupo de mensajería o red social virtual (5,3%). De estas respuestas se observan dos categorías. Una primera hace referencia a aspectos relacionales, que son los mayoritarias, lo que muestra la importancia de la red familiar en nuestro país, siendo en gran medida intangibles pero con una importante aportación para los individuos y las familias en el plano emocional, psicológico e identitario. El segundo grupo se vincula con contribuciones más directas como las ayudas económicas, en las tareas domésticas, en los estudios y en el cuidado de los hijos, algunas de ellas claves en momentos de crisis, en situaciones de pérdida y precariedad del empleo, o en la conciliación de la vida familiar y laboral que, en no pocas ocasiones, es posible en gran medida gracias a abuelos/as.

Pero hay que destacar de nuevo la percepción de la sociedad española en relación al papel de los abuelos/as. Y es que para los encuestados/as que tienen o han tenido relación con ellos/as su principal contribución a la sociedad es la ayuda económica (37,7%), seguida de mantener la familia unida (25,7%), cuidar de otros miembros de la familia (23,8%), dar apoyo emocional o cariño (23,4%), dar consejos (23,1%), disfrutar de los nietos (18,8%), ayuda en las tareas domésticas (12,8%) y transmitir la historia de la familia (10,7%). De nuevo aparecen elementos tangibles e intangibles pero destacan las diferencias entre la percepción y las respuestas de la pregunta anterior. Uno de cada tres encuestados señala que la principal contribución es la ayuda económica mientras que el porcentaje desciende con respecto a la ayuda doméstica. Pero esta consideración de las aportaciones a la sociedad, así como las relaciones con abuelos y abuelas, vuelve a mostrarnos la importancia de las personas mayores en nuestra sociedad, de las redes familiares y la naturaleza familista de nuestro Estado de Bienestar y de nuestras políticas públicas, situación acrecentada a raíz de la crisis sistémica que comenzó en 2008 pero que era secular. 

Otras preguntas también mostraban valoraciones acerca de la situación de las personas mayores y de la relación entre éstas y los jóvenes. Así, mientras que un 41,8% de los encuestados/as señalaban que los jóvenes trataban a las personas mayores con indiferencia mientras que sólo un 37,2% indicaban respuestas positivas. En cuanto al comportamiento de los mayores con los jóvenes, los valores positivos alcanzaban el 76,1%. Además, un 59,1% indicaba que los hijos e hijas atendían en la actualidad peor que antes a sus padres mayores mientras que sólo un 5,8% señalaba que mejor. Son respuestas que indican, por un lado, algunos cambios en esas relaciones, o al menos en su percepción, pero en las que también puede darse alguna cierta "idealización" del pasado. 

En definitiva, la importancia de las personas mayores en nuestra sociedad es relevante y, dentro de las redes familiares, todavía más determinante. Sin embargo, este colectivo también está sufriendo un elevado desgaste a lo largo de estos años consecuencia de las elevadas tensiones a las que se le está sometiendo. Han sido determinantes, y lo siguen siendo, en los apoyos a sus hijos/as y nietos/as, pero es necesario cuidarlos mucho más y poner en valor su papel, sin olvidar los aspectos más intangibles y emocionales a los que hacíamos referencia anteriormente. Un colectivo, por cierto, que se encuentra en plena reivindicación de sus pensiones, la cual tendría que ser de toda la sociedad. 



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