Sobre la clase media

Por EQUIPO AICTS / 7 de octubre de 2019


El pasado 29 de septiembre, El País se hacía eco de un estudio sobre la situación de la clase media española. Bajo el titular de "La clase media menguante" y haciendo referencia al deterioro de las condiciones materiales de vida, vinculadas a la situación del empleo, el diario también abordaba un artículo de opinión bajo el título "¿Hay futuro para la clase media?" a cargo de José Moisés Martín. Como decíamos, los datos e indicadores en los que se basaban estos artículos procedían de una publicación de Caixa Bank Research a cargo de Ricard Murillo Gili que también contaba con un titular bastante explítico, "¿Quién es la clase media?".

En su conjunto, el escenario que se presentaba de la clase media era la de un decenso de sus condiciones materiales, como hemos indicado, ya que uno de cada cinco personas que se consideran de clase media en España tienen dificultades para llegar a final de mes. Los diferentes indicadores vinculados a los gastos en el hogar, los imprevistos, los niveles de ingresos, etc., han venido sufriendo importantes transformaciones desde que comenzó el cambio de sistema que supuso la crisis de 2008. Sin duda alguna, este punto de inflexión destapó buena parte de las contradicciones de la clase media. La clase media era un estadio al que llegar, una posición marcada no tanto por el nivel económico, que también, como por el estatus, a través de variables como el nivel de estudios y, especialmente en las dos últimas décadas, por el nivel de consumo. El Estado de Bienestar y las democracias occidentales se habían visto legitimadas por este grupo social que, al principio, era mucho más homogéneo (cuadros intermedios, profesiones liberales, etc.) para acabar siendo un constructo heterogéneo y diverso. Tampoco hay que olvidar el peso de la dimensión subjetiva en la autocaterogización de las personas. La clase media, aspiracional y lugar de llegada para la mayoría de las personas procedentes de la clase obrera, tampoco tuvo nunca un claro perfil ideológico. Por una parte, sus valores económicos podían catalogarse de conservadores, incluso podrían tener un peso neoliberal por momentos en tanto en cuanto a ella se han dirigido en gran medida las propuestas de reducción de impuestos. Esta es una cuestión paradójica ya que, muchas de las personas que alcanzaron la clase media, no lo podrían haber logrado de no ser por las transferencias sociales del Estado de Bienestar, con la Educación a la cabeza, derivadas precisamente de los impuestos. En el lado cultural, sus valores se identificaban con la izquierda, asumiendo muchos de sus postulados en esa dirección. Esas contradicciones habían quedado difuminadas durante décadas hasta que, con la crisis de 2008, saltaron.

Diferentes postulados han visto a la clase media como un medio para acabar con los movimientos obreros y la clase trabajadores, hecho que se produciría a partir del final de la Segunda Guerra Mundial, evitando así que en países de la Europa Occidental pudiesen tener más peso partidos comunistas. También se ha criticado el hecho de ser un constructo indefinido y heterogéneo, cuestionándose incluso su existencia. Sin embargo, la clase media ha sido uno de los conceptos centrales que han marcado la estructura social de casi el último siglo. Y, a la vez, como hemos indicado, la clase media ha reflejado muchas de las contradicciones de las estructuras sociales occidentales de la posmodernidad. Seguramente, como ya se indicó en un artículo publicado en EHQUIDAD, la clase media cometió el gran error de olvidar sus orígenes, su procedencia de la clase obrera. La clase media se confió, o se dejó llevar, hasta el punto de haberse quedado desprovista de asideros, especialmente con una transformación del mercado de trabajo que está cambiando todo, así como con el adelgazamiento de un Estado de Bienestar sin el cual no se entendería la clase media. Si hace unos años Esteban Hernández ya advertía en El fin de la clase media (Clave Intelectual, 2014), uno de los libros de la temporada ha sido No Society. El fin de la clase media occidental (Taurus, 2019), de Christophe Guilluy, un ensayo en el que advierte la deriva de parte de este grupo social hacia posiciones más populistas, una vez que el sistema ha quedado deslegitimado para ellos. En definitiva, un escenario complejo el de la clase media que, de continuar con las tendencias actuales, seguirá con una tendencia descendente.




De "riders" y la evolución de la economía y del mercado de trabajo

Por EQUIPO AICTS / 22 de septiembre de 2019


Hasta hace unos pocos años, muy pocos, las calles de nuestras ciudades no contaban con la presencia de personas en bici que, cargando con una voluminosa mochila verde, hacían repartos a domicilio sorteando el tráfico y poniendo en juego su vida. Primero fueron las grandes ciudades, allí comenzaban a crecer las bicicletas de reparto de comida a domicilio a través de compañías como Glovo, Deliveroo, etc. Pero, en los últimos meses, ya son todas las ciudades medias en las que la presencia de los llamados "riders" es una realidad y una constante. Ya forman parte del paisaje como antes lo hicieron los repartidores de pizzas. Pero hay muchos cambios.

Como todo lo que rodea a las transformaciones que estamos viviendo en la última década, los cambios vienen de forma acelerada, incluso por momentos de forma repentina, pero las bases están sentadas. La "uberización" del mercado de trabajo es un hecho que se vincula con la "economía del contenedor", el peso de las TICs (no siendo estas responsables, obviamente) y la aceleración de una serie de valores individualistas y consumistas. Estas plataformas implican unos trabajadores y trabajadoras que tienen que ser autónomos y que cuentan con una elevada desprotección de sus derechos laborales, además de tener que poner sus medios (vehículos por ejemplo, hecho que ya se observa en otros sectores como los transportistas). El caso de los "riders" todavía incide más allá en este proceso ya que supone la satisfacción no ya tanto de una necesidad sino de un deseo en un momento puntual.

Obviamente, los defensores de este modelo suelen remarcar sus supuestas bondades como la flexibilidad en todos los sentidos, o la complementariedad de ingresos a través de estos servicios. Uno no tiene que ser conductor de Uber a tiempo completo, por ejemplo. Y, en el caso de los "riders", se traslada el mensaje de que es una opción para jóvenes y estudiantes de sacarse un ingreso extra. Aunque, cuando ya llega el momento de la estupefacción total es cuando se califica a estos trabajadores y trabajadoras como emprendedores, dentro del lenguaje del momento. Pero, en realidad estamos ante nuevos modelos de precarización que encubre a trabajadores y trabajadoras por cuenta ajena como autónomos. Recientemente, un informe de UGT alertaba del ahorro de decenas de millones de euros en salarios a través de estas plataformas. Igualmente, compleja es la relación desde el punto de vista de la legislación laboral, los derechos y la vinculación con la plataforma "empleadora", siendo señalada por algunas fuentes como una repetición de lo ocurrido en la década de los noventa con los repartidores de comida, pero intensificado.

Detrás de estos análisis y debates están unas personas que asumen unas condiciones laborales indignas, el señalado informe de UGT El trabajo en las plataformas digitales de reparto indica que "tienen una media de ingresos al mes que suponen tan solo el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), una media de gastos de 450 euros y una media de horas semanales que superan las 40", y que necesitan estos empleos para sobrevivir. La situación de sus derechos laborales y sus condiciones, los riesgos que asumen, etc., han generado ya situaciones como fallecimientos por atropellos, accidentes, etc., así como la situación generada en la reciente "Gota Fría" en el Levante español donde, bajo una torrencial lluvia, repartidores cumplían con las demandas de un consumidor carente de empatía. Y, de fondo, y vinculado a las plataformas, el peso del seguimiento, la medición, los datos, y los algoritmos...Todo ello opera de nuevo en la desigualdad social, la reproduce, y la profundiza al contar con una menor protección laboral. 

Y es que esas infames imágenes son ilustrativas de los cambios de valores que hemos venido señalando. Somos responsables también de estos procesos, no podemos mirar hacia otro lado. Existe una demanda que provoca que los "riders", así como el resto de las plataformas, existan. Que una persona sea capaz de llamar a "rider" para que, en plena alerta por lluvias torrenciales que están causando muertos, un repartidor en bicicleta le lleve un bocadillo, un plato, lo que sea, dice mucho del tipo de sociedad que somos. Ya lo decía una de las protagonistas de la distópica (pero menos) serie Years and Years, cuando permitimos que desapareciesen las cajeras de los supermercados con la automatización, algo comenzamos a romper en nuestras sociedades. El cortometraje ¡Hola, buenas noches! de Pau Rodilla, estrenado en 2018, ilustra muy bien esta situación. No sabemos si estamos a tiempo de subvertir esta situación. 




Vuelta al cole y otras desigualdades en Educación

Por EQUIPO AICTS / 02 de septiembre de 2019


Finales de agosto y comienzos de septiembre, regresa una de esas cuestiones que no puede faltar en estas semanas en los medios de comunicación: la vuelta al cole. La vuelta de los estudiantes al colegio es un momento de tensión en las familias, y de un importante coste. Libros, material escolar, chándals y ropa deportiva, uniforme en el caso de contar con el mismo en el centro, ropa..., a lo que hay que sumar otra serie de gastos que se retoman en septiembre como el comedor escolar, el transporte, las actividades extraescolares. La varía en función de una serie de variables, situándose en un coste medio de casi 372 euros por niño según señala el informe II Estudio sobre la 'vuelta al cole' elaborado por iAhorro. El mismo trabajo señala que, en 2019, se produce un incremento del 1,22% con respecto al año pasado e incide en las desigualdades regionales (la Comunidad Valenciana sería la más cara y Extremadura la más barata), así como entre los centros públicos y privados.

El impacto en las economías familiares, precarizadas en buena medida, es uno de los indicadores en los que pueden observarse las desigualdades derivadas de costes indirectos en la Educación que, a lo largo del año, implica un importante gasto familiar. Si en España la Educación es gratuita en sus etapas obligatorias, de 6 a 16 años, y en el segundo ciclo de Educación Infantl, lo que reflejaría su universalidad y gratuidad en ese periodo, las desigualdades operan en diferentes líneas y se han incrementado desde la crisis de 2008, junto con el gasto familiar de las familias en Educación, tanto en costes directos como en indirectos. A lo largo del curso escolar, estos gastos también se reflejan en las actividades complementarias que realiza el centro y que están incluidas en el proyecto educativo, en las programaciones, etc; en el ya señalado acceso a recursos y materiales; y en las actividades extraescolares que, si bien no forman parte del currículum escolar, suponen un capital añadido, y entre las cuales podrían añadirse las clases de apoyo y refuerzo (en el caso de familias sin suficientes recursos, estas vienen a través de programas como el PROA, o mediante la labor de las entidades del Tercer Sector).

De esta forma, el comienzo del curso debe servir de nuevo para mirar hacia este escenario, que contribuye decisivamente a la generación y reproducción de desigualdades sociales. Las herramientas de las políticas públicas tienen un efecto limitado y, a pesar de la recuperación presupuestaria en el ámbito educativo, determinadas transferencias sociales no han regresado a los niveles anteriores a la crisis. Ya se ha indicado que el gasto en Educación en las familias, costes directos (matrículas universitarias especialmente) e indirectos, es uno de los grupos que más ha aumentado en la última década. Además, una vez finalizado el verano, no hay que olvidar que durante el mismo también se observan escenarios similares de reproducción de las desigualdades. Por ejemplo, desde los centros se recomiendan, o directamente se mandan, numerosas actividades de apoyo y refuerzo que implican un coste en libros y materiales; o hay estudiantes que necesitan ir a clases de refuerzo y que no pueden acceder a ellas por su coste. Son, de nuevo, gastos indirectos que tienen un impacto directo.

La Educación es un pilar básico de las políticas sociales y del Estado de Bienestar, ha sido una de las herramientas clave para la reducción de las desigualdades y para la movilidad social. La crisis sistémica que comenzó en 2008 y la transformación estructurales, del mercado de trabajo y de las condiciones de empleo han generado un escenario en el que la Educación tiene muchísimas más dificultades para cumplir esas funciones. En ocasiones, las desigualdades actúan de forma directa (capacidad de elección de centro, gasto educativo), pero en no pocas ocasiones lo hace de forma sutil. Hay que insistir en esta situación ya que, posteriormente, cuando se busquen causas de reproducción de las desigualdades, algunas estarán en la misma. 





Open Arms

Por EQUIPO AICTS / 22 de agosto de 2019


Durante las últimas semanas nos hemos vistos inmersos en la polémica generada por la situación del barco Open Arms, perteneciente a la ONG del mismo nombre y que se dedica a recoger naúfragos y embarcaciones a la deriva en el Mediterráneo. El pasado 21 de agosto llegó al puerto de Lampedusa (Italia), donde desembarcaron las personas que quedaban en el barco para, en los próximos días, ser trasladados a España. La crisis del Open Arms ha mostrado a las claras la situación de las políticas migratorias de la Unión Europea y de sus Estados miembros. La frontera sur de Europa es uno de los lugares más complejos en las redes de inmigración del mundo. Miles de personas se juegan su vida, y la pierden en el mar, para lograr un mejor proyecto de vida y unas expectivas de futuro que en sus países se ven frustradas por la pobreza, los conflictos bélicos o los desastres naturales. Siria, Libia, la situación de no pocos países subsaharianos, son escenarios que sólo tienen una opción: la salida.

Europa, la misma Europa que alumbró la democracia, que fue clave en el desarrollo de los Derechos Humanos, cierra los ojos ante una realidad que nos sacude cotidianamente. No han pasado ni cuatro años de aquella imagen del pequeño niño Aylan de tres años ahogado en una playa de Turquía. Se dijo entonces que cambiaría la situación, que se levantarían conciencias, que las políticas se flexibilizarían...no, no pasó. Ha pasado poco más de un año de otra crisis de características similares a la actual, la del Aquariusresuelta de forma presta por el recién estrenado en ese momento ejecutivo de Pedro Sánchez. También se puso el foco en el Mediterráneo, en la política italiana con Salvini a la cabeza, y en la necesidad de buscar soluciones...no, no pasó nada. Y, de cara a la concienciación, tampoco hay que dejar de señalar el Salvados de Jordi Évole en septiembre de 2016, Astral, estremecedor e imprescindible documental que dejaba sin palabras, sólo con las miradas de las personas que iban a bordo.

No cabe duda que gestionar esta situación es muy complejo. No cabe duda que hay lugares muy sensibles como Ceuta, Melilla, las costas de Andalucía, Lampedusa, islas de Grecia, etc. Es necesaria una política común en la Unión Europea que tenga en cuenta la situación de estas zonas y de los países del sur. Como hemos señalado en otros artículos, los inmigrantes, desplazados, refugiados, etc., son personas que se han visto abocadas a dejar sus países, sus raíces, sus familias. No contar con empatía nos lleva a preguntarnos el tipo de sociedades que hemos conformado. Que políticos como Salvini, algunas actitudes contra la inmigración en los llamados países de Visegrado, el crecimiento del nacionalpopulismo de extrema derecha, sean protagonistas principales es un muy mal indicador. Inmigrantes y desplazamientos siempre se han producido, y más que pueden darse con las tendencias presentes. Que suponen retos para las sociedades receptoras, también, pero nuestra mirada tiene que ir más allá porque, en definitiva, estamos hablando de vidas humanas. 




"Estos empleos no son para ti" y el cierre de clase 

Por EQUIPO AICTS / 29 de julio de 2019


En la anterior entrada del Blog de AICTS establecíamos una relación la movilidad social y la educación superior y cómo se había transformado este binomio, especialmente en la última década. Vinculada a esta cuestión, no está de mása ahondar en ciertos cambios que están operando de forma acelerada igualmente y que afectan a ciertas profesiones y empleos, su acceso y las personas que pueden llegar a las mismas, vinculado a la clase social de procedencia y pertenencia. Hace apenas un mes, Esteban Hernández presentaba la cuestión en El Confidencial con el artículo "El efecto llamada: por qué te contratan y cómo te ascienden en los buenos trabajos", haciendo referencia a un estudio británico sobre la cuestión que incidía en un aspecto que ya se había reflejado hace unos años en relación al acceso a la profesión de actor. También Owen Jones, entre otros, había alertado sobre la cuestión en su libro El establishment: la casta al desnudo (Seix Barral, 2015).

El escenario es muy relevante porque incide en varios puntos definitorios de la sociedad occidental, del Estado de Bienestar, de las políticas públicas y de la movilidad social y vuelve a poner el énfasis en los orígenes de clase y estatus social. Esto no es una novedad, y funcionó durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX de forma más sutil, pero con la crisis sistémica de 2008 ha pasado a hacerlo de forma más directa. Si autores como Pierre Bourdieu, con sus limitaciones, se especializaron en la primera parte de la cuestión, el siglo XXI nos está trasladando a un escenario pretérito. El acceso a determinadas formaciones y profesiones va a estar centrada en aquellas clases sociales que tengan recursos para abordar su formación y el largo y precario camino hacia la estabilidad laboral. Afecta a todo lo relacionado con el Arte y las profesiones creativas, que precisan una formación en tiempo y lugar muy determinadas, hay que trasladarse a vivir a grandes ciudades donde se desarrolla la acción, pero no sólo eso, también a buena parte de las antiguas "profesiones liberales", y el periodismo y la Universidad son dos muestras de ello.

El mundo de la Universidad seguramente sea uno de los más desconocidos en ese sentido, pero de los más explícitos. La Universidad, con todo su aura de conocimiento y saber, de vanguardia de la sociedad, así como su significado para la movilidad social por el acceso de las clases trabajadoras y medias a la misma, ha sufrido una transformación sin precedentes en la carrera académica, docente e investigadora. Ser integrante de la Universidad es una larga carrera de obstáculos que precisa de un capital económico, simbólico y cultural, especialmente el primero. Para ello, una persona tiene que asumir que va a pasar años haciendo sus currículum y eso significa precariedad y altos costes para construir una carrera que te permita la opción, no te lo asegura, de entrar en la Academia. Publicación de artículos, estancias en centros extranjeros, etc., son necesarios para llegar a la misma, así como la importancia de contar con una serie de redes. 

Pero no es sólo la Universidad, al contrario, ocurre en casi todo. Y esto nos lleva de nuevo al "engaño" de la meritocracia y al cambio de reglas del juego. No, no queremos ser pesimistas ni pintarlo todo negativo, pero la realidad es esta. Nos cuentan que es factible, que se puede conseguir, pero cada vez somos más conscientes que en la gran mayoría de los casos es una quimera. Nuestras generaciones, las que se vieron inmersas en el Estado del Bienestar y en la movilidad social que propició fueron afortunadas. Muchos y muchas "outsiders" se colaron en determinados lugares y espacios que "no les correspondían" pero ese tiempo ya ha pasado. Puede haber excepciones, seguro que sí, pero en general las excepciones son reducidas. Y todo se complejiza, observemos la situación de la vivienda, no sólo en las grandes ciudades, la precariedad del empleo, su flexibilización, etc. Actores y actrices, cantantes, profesores y profesoras de Universidad, periodistas, escritores y escritoras, etc...van en esa dirección, y todo es susceptible de empeorar. 






Universidad, movilidad y cierre social 

Por EQUIPO AICTS / 15 de julio de 2019


Hace unas pocas décadas, acceder a estudios superiores, universitarios, era un lujo al alcance de muy pocas familias. La estructura social marcaba claramente los caminos y vías que debían llevar las diferentes clases sociales. Obviamente, había fallas en el sistema, resquicios por los que se colaban algunas personas procedentes de las clases agrarias, obreras, etc. Muchas de ellas estaban vinculadas a los seminarios, otras a la caridad y a la beneficiencia. Pero, no nos engañemos, eran las menos, eran casos excepcionales que estuvieron en el lugar y el momento adecuado y pudieron desarrollar su talento y capacidades. Posteriormente, a medida que la sociedad iba avanzando y las necesidades básicas comenzaron a estar cubiertas, la llegada a la Universidad comenzó a ser percibida como el verdadero mecanismos de movilidad social. La aspiración de conversión en clases medias no estaba únicamente asociada a una cuestión de nivel de renta sino que también a otra de estatus y, de acuerdo, acceder a ciertos bienes de consumo servía para dar el salto a la clase media pero contar con estudios universitarios implicaba un cambio cualitativo. Muchas familias españolas de origen humilde apostaron por la Educación y la Universidad para sus hijos, las hijas tardarían un poco más, como ascensor social. El binomio mayor educación - acceso a mejores puestos de trabajo se cumplía.

La llegada a España del Estado de Bienestar y su consolidación, especialmente en la década de los ochenta del siglo XX, tuvo como uno de sus pilares la universalidad y gratuidad de la Educación obligatoria, así como los sistemas de becas para el acceso a la Universidad. De esta forma, más personas procedientes de las clases trabajadoras y de las clases medias consiguieron llegar a contar con estudios universitarios, aunque no eran mayoría, ni mucho menos. Es en ese periodo cuando la mujer comienza a incorporarse de forma más destacada a la Universidad española, superando en las décadas siguientes a los hombres. Para la mujer, contar con estudios universitarios era una oportunidad de romper con los roles sexuales. De esta forma, llegar a la Universidad ya no era exclusivo de familias de altos ingresos, aunque insistimos en que no todo el mundo estudiaba en la Universidad, al contrario. 

Sin embargo, antes de la crisis sistémica de 2008 ya había indicios de que el nivel de cualificación como medio de movilidad social se estaba rompiendo, o al menos averiando. El denominado "milerurismo" de comienzos del siglo XXI, la sobrecualifacación de parte de los/as universitarios en el acceso al empleo y el tiempo de espera para alcanzar un trabajo de la formación cursada comenzaban a ser empleadas para cuestionar la llegada de "tanta gente" a la Universidad. No eran infrecuentes comentarios socialmente presentes como que "no todo el mundo tiene que estudiar", "hay muchas universidades", "estudiar ciertas carreras no sirve para nada"...Algunos de estos mantras no sólo se han mantenido sino que se han intensificado, aunque otros mecanismos más directos los han sustituido.

La crisis de 2008 ha supuesto una transformación de la estructura social y de sus dinámicas, entre ellas la movilidad social, que en no pocas ocasiones ha sido descendente. El nivel de estudios ha dejado de funcionar como un prescriptor para acceder a mejores puestos de trabajo. Los empleos son más precarios y aumentan los pertenencientes al sector terciario no cualificado por lo que la sobrecualificación aumenta. Entramos en fases de procrastinación que deslegitiman a un sistema que prometía la movilidad social a través de la Educación. Este hecho se ha complejizado y se retornan a escenarios pasados en los que el acceso a la Educación sueperior vuelve a estar marcado por el origen socioeconómico. Tener un grado no es suficiente, hace falta un máster que muchísima gente no puede pagarse. Y, si esa barrera se pasa, habrá otras líneas que cruzar, desde el doctorado hasta otras más sutiles vinculadas a los costes indirectos y a la formación complementaria, esa que en la mayor parte de las ocasiones, y en esos niveles, solo puede darla el origen familiar.

Eldiario.es ha publicado en los últimos días unos datos que, no por desconocidos, no dejan de incidir en esa dirección. Según datos del Ministerio de Educación y Formación Profesional, el precio de la matrícula universitaria se ha incrementado desde la primera de 2012 un 29,2% de media en el conjunto de España, cuando los salarios han crecido un 2,5%. El dato es abrumador y supone un claro cierre de muchos colectivos para acceder a la Universidad, cuando no implica un elevado sacrificio personal y familiar. Además, el incremento de las segundas, terceras, cuartas matrículas, también es sobresaliente y genrea un escenario más innacesible. Muchos/as estudiantes cuentan con la presión extra de no poder "permitirse" un suspenso porque no cuentan con recursos para pagar esa matrícula. De esta forma, la universidad pública también ha visto descender el número de matriculaciones y el abandono de estudiantes que no han podido afrontar las tasas.

A pesar de la recuperación económica, muy pocas regiones han comenzado a bajar los precios de las tasas universitarias. Además, también hay importantes desigualdades regionales en los precios. Son datos que reflejan procesos que nos muestran cómo la movilidad social ascendente se ha detenido y cómo el valor de la Educación ha cambiado. Ha ocurrido especialmente en la última década pero ya había indicios al menos desde una década antes. Estamos dejando a muchas generaciones en el camino, personas y grupos que van a desconfiar del sistema que no ha respondido a las expectativas generadas y transmitidas. Esperemos que no estemos ante un camino sin retorno, pero no lo tenemos claro.  


La cronificación de la pobreza y la desigualdad, algunas reflexiones sobre el Informe FOESSA 2019 

Por EQUIPO AICTS / 24 de junio de 2019


La Fundación FOESSA de Cáritas ha publicado su VIII Informe FOESSA. Sobre exclusión y desarrollo social en España. Sin duda alguna, nos encontramos con una de las herramientas más importantes para analizar el estado de la situación social de nuestro país, especialmente en un contexto convulso y dicotómico aunque actúa de forma muy sutil en ocasiones y, en otras, lo hace de forma muy directa. El equipo de FOESSA, coordinado por Guillermo Fernández, ha radiografiado la sociedad española que desde 2008 vive inmersa en un cambio de contexto sin precendentes en las últimas décadas. Lo ocurrido a partir de 2008 no fue una crisis puntual, no fue una crisis cíclica, fue una transformación de nuestras sociedades con una cronificación de la desigualdad, con una mayor importancia de las condiciones de partida de las personas y familias, y con un descenso de las transferencias sociales derivadas de un Estado de Bienestar adelgazado. 

Con una extensa muestra que abarca 29.000 personas y 11.600 hogares en toda España, el informe FOESSA de 2019 muestra una mejora de la situación con respecto a 2013 pero alejada todavía de la de 2007. Y es que en España hay 8,5 millones de personas en situación de exclusión social, el 18,4% de la población, que muestran no sólo que la movilidad social se ha estancado sino que incluso para no pocas personas y colectivos ha tomado un camino descendente. De esos 8,5 millones, 4,1 estarían en situación de exclusión social severa, un escenario todavía mucho más complejo con viviendas inseguras e inadecuadas, desempleo, precariedad laboral y una inexistencia en las agendas de los partidos políticos. Y 1,8 millones alcanzan la calificación de expulsados, con tales dificultades y de una magnitud tan elevada que precisan una interevención urgente. Todas estas cifras son claramente superiores a las que aparecían en 2007.

En el lado contrario, y con respecto a la denominada en el estudio la Gran Recesión, como es al aumento al 48,4% de la población de personas que no tienen dificultades para su supervivencia y pueden llevar una vida digna. Pero el informe señala dentro de este colectivo dos grupos, uno que señalan como "sociedad de las oportunidades" y, otro, que es es la "sociedad insegura", con seis millones de personas, que se encontrarían en el "filo de la navaja" y que son el estadio previo de la exclusión social. El riesgo de que su sustento económico pueda desaparecer ante una nueva vuelta de tuerca de la crisis daría lugar a graves problemas de supervivencia.

El informe también destaca el descenso de la solidaridad intergrupos y la fatiga de las redes de apoyo, muy tocadas por el impacto de los peores momentos de los comienzos de la crisis. También se presentan riesgos en nuestra democracia en términos de pérdida de calidad, la situación de las políticas públicas y la reconfiguración de las desigualdades territoriales, que cada vez se deriva más hacia el eje sur-mediterráneo.

En definitiva, un informe necesario, extenso y completo que nos muestra el escenario de la desigualdad y la exclusión social en España. Datos muy precupantes que conviene estudiar en profundidad porque aparecen las raíces de las futuras desigualdades, de su cronificación y de una sociedad en la que cada vez es más determinante el origen socioeconómico con un Estado de Bienestar y unas políticas sociales reducidas. Nos queda también hacer constancia del presentismo y del individualismo, una sociedad en la que los valores de la solidaridad social están en retirada para no pocos grupos, una sociedad en la que son los grupos más vulnerables los culpabilizados y los estigmatizados por su situación. Una sociedad en la que no se están encontrando soluciones a la precarización del empleo y en el que los partidos políticos parecen mirar hacia otro lado ante la exclusión social. 

El reto del aumento de la esperanza de vida y del envejecimiento de las sociedades 

Por EQUIPO AICTS / 03 de junio de 2019


Hace unas semanas, en la Fundación Ramón Areces celebraba en Madrid el encuentro Nobel Prize Dialogue para analizar las consecuencias del aumento de la esperanza de vida y del envejecimiento de la población. En el mismo participaban diversos Premios Nobel e intelectuales como Mario Vargas Llosa, Nicholas Carr, Edmund Phelps, Luis Alberto de Cuenca, entre otros, abordaron esos escenarios que se están dibujando en relación al envejecimiento de la población en nuestras sociedades occidentales especialmente. Es uno de los grandes retos de nuestro tiempo, de eso no cabe duda, y es preciso insistir en qué acciones van a tomar las sociedades para afrontarlo. El aumento de la esperanza de la vida y la heterogeneidad en las formas de vivir la vejez han transformado nuestra visión de esa etapa de la vida. Además, no sólo se vive más, se vive con más calidad, sino que también la estructura demográfica está invirtiendo la pirámide de población debido al descenso de la Natalidad.

En primer lugar, y como hemos venido indicando en otras ocasiones, el envejecimiento de la población supone un reto en tanto en cuanto no podemos hablar de una etapa en la que las personas que acceden a ella no tengan nada que aportar a la sociedad. Al contrario, hay que incidir en el papel que desempeña este colectivo, heterogéneo por otra parte como se ha señalado. Este hecho no implica que no se reconozcan los derechos vinculados a la jubilación y que haya que contemplar de forma escéptica propuestas que hablan de aumentar la edad de jubilación. Las mismas suelen venir determinadas por otros condicionantes, vinculados a visiones neoliberales de la sociedad y del mundo. Además, no todas las personas llegan en las mismas situaciones a la edad de jubilación.

En segundo lugar, cabe destacar el impacto en la Estructura Social en un contexto en el que la Natalidad está descendiendo y en algunos países, por ejemplo España, no alcanza para cubrir la tasa de reemplazo. No se puede mirar hacia otro lado, esta es una realidad compleja que está ahí, pero pueden encontrarse soluciones. Además del papel que desempeñan las personas mayores, no cabe duda que uno de los medios para mitigar este proceso es la inmigración. Pero hay más riesgos que pueden incidir en este factor, uno de ellos es la robotización del empleo. Nos encontramos ante un cambio de escenario muy acelerado que está teniendo un impacto directo, junto con la "uberización" del mismo, en el empleo. Nuevas condiciones de vida, viejas y nuevas desigualdades sociales. De esta forma, trabajadores y trabajadoras cada vez más precarios, tendrán menos posibilidades de contribuir al conjunto de la sociedad vía cotizaciones e impuestos. Y lo mismo ocurre con las empresas. Y este es sin duda uno de los principales escenarios de riesgo que encontramos.

En definitiva, aumento de esperanza de vida, diversidad de formas de vivir esa etapa de la vida, envejecimiento de la población y nuevos escenarios sociales y en el empleo se interrelacionan, y será en las próximas décadas cuando veamos sus consecuencias. Queda tiempo, poco, para abordarlos de las mejores maneras posibles.

Estudios universitarios 

Por EQUIPO AICTS / 28 de abril de 2019


IVIE y Fundación BBVA acaban de publicar la séptima edición del informe Indicadores Sintéticos de las Universidades Españolas y los medios de comunicación se han centrado en el elevado porcentaje de abandono de los estudios universitarios en España, incluido el cálculo del impacto económico de esa decisión. El primer indicador hace referencia a que uno de cada tres estudiantes universitarios abandonan el grado que comenzaron a pesar de haber realizado un curso o más, dándose un 27,4% de tasa de abandono, más presente en la universidad pública que en la privada. El mismo estudio señala que la estimación anual de este abandono para el Estado es de 680 millones de euros, mientras que para las familias se sitúan en 170 millones de euros.

Son cifras e indicadores que llevan a diferentes reflexiones en torno al sistema universitario español pero que seguramente serán aprovechados para cargar de nuevo contra el mismo, incluso para cuestionar el acceso de determinados colectivos. Con todas sus debilidades y déficits internos, con todos los ataques externos y con el impacto de la crisis sistémica de 2008 y la reducción presupuestaria, no debemos olvidar el papel que ha desempeñado la educación superior dentro del proceso de construcción del Estado de Bienestar en nuestro país. El acceso de las clases medias y de buena parte de las trabajadoras a unos niveles de estudios que antes estaban vetados para estos grupos, fue determinante para el aumento de la movilidad social y la reducción de las desigualdades sociales.

Sin embargo, lo ocurrido a partir de 2008 ha generado un escenario que ha parado la movilidad social y presenta nuevos medios, algunas veces directos y otras indirectos, para favorecer la igualdad y la equidad. Los indicadores presentados en este informe van en parte en esa dirección, el aumento de la precariedad y el papel de las becas y ayudas al estudio, tienen un impacto directo en el hecho de que una parte de los y las estudiantes tengan que abandonar sus estudios universitarios sin poder finalizarlos. Pero es una parte del problema, en el otro lado también hay que observar qué factores internos están provocando esta situación, qué parte de responsabilidad tiene el propio sistema universitario, que existe. Finalmente, tampoco debe olvidarse el peso de los factores vinculados a la motivación de los y las estudiantes, en ocasiones también relacionado con el proceso anterior.

Pero no nos cabe duda que estos indicadores, especialmente los vinculados al coste económico, no dejarán de ser empleados por aquellos grupos y actores que cuestionan la universalidad de la educación superior o que piensan que el sistema universitario español está inflado. El acceso a la educación superior también es un derecho y, como demuestran numerosos estudios, es determinante para contar con mejores empleos y condiciones de vida. 

Mientras tanto, otros indicadores muestran cómo muchos jóvenes siguen en los estudios antes un escenario laboral negativo, con precariedad y salarios muy bajos que no permiten el desarrollo y la consolidación de un proyecto de vida. Los y las jóvenes que se puedan permitir seguir estudiando no encuentran otra opción que continuar formándose a la espera de poder regresar a un mercado laboral y a un sistema productivo que se lo ha puesto muy difícil a este colectivo. Y muchos y muchas personas que continúen estudiando, haciendo esfuerzos de compaginar estudios y trabajo, también lo tendrán más difícil por la precarización del mercado de trabajo, los bajos salarios para los jóvenes, y la menor capacidad de apoyo de las familias. Los que no puedan seguir en el sistema educativo, por carecer de medios, se verán abocados a una mayor precariedad. En definitiva, la reproducción de la desigualdad sigue con parámetros que nos recuerdan cada vez más al pasado...y es que hemos ido para atrás.  

Insistimos: no hay movilidad social

Por EQUIPO AICTS / 27 de enero de 2019


Hace unos días se publicaba el informe de Oxfam Intermón Desigualdad 1 - Igualdad de Oportunidades 0. La inmovilidad social y la condena de la pobrezaHay que reconocer que el título es brillante y que refleja a las claras el escenario en el que se encuentra nuestra estructura social y el futuro que nos espera. Pero tampoco les habría sobrado incluso haber aumentado el marcador a tres o cuatro a cero. El mundo es desigual y lo ha sido siempre, de eso no hay duda, lo que ocurre es que la "Igualdad de Oportunidades" había conseguido acercarse en el marcador, incluso alguien puede decir que empatar, y que, cuando nos estábamos acercando más resulta que se demuestra que la "Desigualdad" es un equipo de Champions League y la "Igualdad de Oportunidades" es un modesto y meritorio conjunto. Y que, si se le sube a las barbas, no pasa nada que ahí tenemos al árbitro, con VAR incluido, para "poner las cosas en su sitio". Sí, estas analogías futbolísticas funcionan bien y están ocurriendo. Y Oxfam Intermón han sido muy hábiles al incorporarlas. 

El informe es demoledor pero no apunta novedades en relación a lo que está ocurriendo desde hace una década al menos, aunque ya hemos señalado que las bases de ese escenario se iban poniendo antes. el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de la sociedad, el aumento de la riqueza de los que más tienen, que una parte significativa de la clase media ha caído en la pobreza, el abandono y fracaso escolar más presente en los hogares con menos ingresos, una peor situación de las mujeres en este negativo escenario...Uno de los indicadores a los que más han prestado la atención los medios de comunicación es el que hace referencia al cierre de la movilidad social, concretado a que una familia pobre necesitaría cuatro generaciones para alcanzar los ingresos medios, y eso contando con una situación de empleo y condiciones laborales estable, cosa que ahora es más improbable.

La movilidad social ha sido uno de los grandes avances del último siglo y se ha vinculado tanto a la mejora de las condiciones materiales como al paso de una clase social a otra. De acuerdo, podemos entrar en todas las discusiones sobre clases sociales que queramos, con argumentos en un lado y en otro, especialmente en relación a la tan denostada clase media. Esa movilidad social venía marcada por unas condiciones laborales mejores, el acceso a niveles de estudios superiores (antes reservados a las clases más altas) y a unos modelos basados en el Estado de Bienestar. Y buena parte de estas aspiraciones y metas se habían logrado desde la izquierda política, desde los movimientos sociales, etc. Seguramente la clase media se acomodó y se olvidó de sus orígenes, mirándolos incluso con desdén, o se olvidó, lo que sea, el caso es que la sociedad no se percató del cambio subterráneo que se estaba desarrollando en la base de la estructura social. Para cuando quisieron hacerlo, crisis del 2008, ya era tarde. 

El informe de Oxfam Intermón nos muestra cómo las condiciones de partida van a determinar cada vez más claramente la posición en la estructura social, pero en una dirección: el mantenimiento de la misma. Es una suerte del ya señalado "efecto Mateo" o "se le da al que tiene", totalmente institucionalizado. Y todavía va a darse en mayor medida en un mundo con un mercado de trabajo y una estructura productiva en plena trasnformación, en la que los procesos de uberización son una realidad. A todo ello, la Educación, más necesaria que nunca, se encuentra en el paradoja de necesitar un mayor esfuerzo para poder funcionar como medio de movilidad social, aunque esto no es casual sino intencionado. Finalmente, un Estado de Bienestar debilitado y adelgazado tiene un impacto directo en las transferencias sociales, con todas las consecuencias que supone.

El escenario es muy negativo y en nuestras sociedades está creciendo la desigualdad. No solamente eso, se ha producido un cierre de clase, un cierre con candado. Mientras tanto, seguimos viviendo en una especie de ilusión marcada por un consumismo individualista que juega al estatus y a los signos de distinción, mientras las condiciones materiales se van deteriorando. Se nos acaba el tiempo. 

El cambio de modelo social y de sociedad

Por EQUIPO AICTS / 4 de diciembre de 2018


El periodista de El Confidencial Esteban Hernández ha escrito uno de los artículos del año: "Todos los males de nuestra época, sintetizados en una muerte". En el mismo, Hernández parte del suicidio de una vecina del barrio madrileño de Chamberí, Alicia V.M., que iba a ser desahuciada de su domicilio. El escenario no es nuevo y, a través de este horrible hecho, el autor disecciona las causas globales y estructurales del mismo. Es decir, y a diferencia de otros análisis a los que estamos acostumbrados, no se queda en esa situación concreta sino que aborda los factores que le han determinado. En general, muestra la evolución de una sociedad que ha visto cómo el peso de la Economía se ha impuesto, que ha tenido un impacto determinante en el acceso y situación de la vivienda, pero que va más allá, indicando cómo se encuentran las políticas públicas tras años de recortes y ajustes, y volviendo la mirada hacia el estado de soledad e indefensión de los individuos en un mundo posmoderno individualista en el que los lazos afectivos se han ido reduciendo y/o debilitando.

La habilidad de Hernández para interrelacionar todos estos factores nos pone frente a una transformación no solo del modelo social sino de la propia sociedad. Desde AICTS hemos venido analizando estas situaciones desde hace unos años y la realidad es mucho más compleja de lo que a simple vista puede parecer. Más allá de los grandes datos macroeconómicos, más allá de la incapacidad de las alternativas para dar salida a esta situación, cuando se plantean porque en ocasiones ni están ni se les esperan, la realidad es que la situación de buena parte de los ciudadanos y ciudadanas es peor que hace una década. Imbuidos en un individualismo y consumismo dominante, el día a día muestra las dificultades para llegar a fin de mes, la precariedad del trabajo, la exigencia del sistema ya no para progresar sino para sobrevivir, las dudas sobre el futuro de nuestros hijos y nietos, el escenario de los colectivos más vulnerables, etc. Los desahucios, y sus extremas consecuencias como el caso de Alicia V.M., son una de las caras de este proceso.

La realidad es que el futuro se presenta mucho más complejo todavía. Aunque hay corrientes que tratan de evitar este proceso, o al menos corregirlo, no está claro que puedan ser suficientes frente a las fuerzas globalizadoras y neoliberales por un lado y, por el otro, al crecimiento de discursos populistas extremistas que presentan soluciones que no se pueden llevar a cabo pero que van calando en una parte de la sociedad, agarrada como un clavo ardiendo a una posible tabla de salvación. Curiosamente, dos polos que van en dirección contraria se encuentran en la misma consecuencia y las corrientes que dieron lugar al modelo social del Estado de Bienestar, de cohesión social y de corresponsabilidad se encuentran hace mucho tiempo en retirada, tanto por sus contradicciones internas como por las poderosas fuerzas externas que las han desplazado.

Hernández plantea además un hecho fundamental como son los lazos entre los individuos. Esta cuestión no es anecdótica, al contrario. Alicia V.M. vivía sola, los últimos indicadores y proyecciones del Instituto Nacionall de Estadística (INE) muestran el aumento de los hogares unipersonales. Vivimos en sociedades y en un modelo que deja de lado el valor de los lazos afectivos y emocionales entre los individuos. Vale que la modernidad se basaba en parte en el individualismo, en la potencia del individuo y sus posibilidades, y en la ruptura de los lazos comunitarios tradicionales que, en no pocas ocasiones, habían sido restrictivos. Pero de ahí se paso a un individualismo consumista de la posmodernidad y en la entronización de un narcisismo atosigante. Del ser al tener nunca tuvo tanto sentido. En la actualidad, como apunta Hernández, se reducen los contactos familiares y las personas viven más aisladas las unas de las otras, en un modelo que no deja espacios ni tiempos para el encuentro entre las personas. Sí, la familia fue la clave para evitar mayores consecuencias de la crisis, pero puede que fuese su canto del cisne en ese sentido porque las siguientes generaciones no contarán con los recursos de sus padres y abuelos, no habrán podido ahorrar por contar con un mercado de trabajo más inestable. Y las familias se reducen, sólo hay que ver la situación de la fecundidad y la diferencia entre el número de hijos tenido y el deseado, como también apuntaba Héctor G. Barnés en el mismo El Confidencial. El debilitamiento de los lazos afectivos entre las personas también ha tenido estos meses un ejemplo muy interesante en la nueva novela de Isaac Rosa, Feliz final (Seix Barral), sobre las consecuencias del mundo en el que vivimos y de la inestabilidad económica sobre las relaciones de pareja, dando lugar a una visión muy esclarecedora sobre la situación.

El escenario es muy complejo, mucho más de lo que parece a simple vista. El mundo acelerado en el que nos encontramos no da pausa, al contrario, nos lleva a no pararnos a mirar a nuestro alrededor y observar qué está pasando y cómo nos está afectando. Mientras tanto, seguimos en un proceso demencial al que se unen, inevitablemente, el descenso de las políticas sociales y la reducción de las transferencias sociales. El modelo de cohesión social que representaba el Estadode Bienestar, con sus limitaciones y contradicciones, ha sido una excepción en el devenir de la Historia, pero no debemos permitir que se quede en eso, en una excepción, sino que debemos retomar la senda del mismo y adaptarlo a los nuevos tiempos. De lo contrario, las desigualdades, que nunca se fueron, seguirán aumentando como lo están haciendo en los últimos años. 

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