La sociedad dual

Por EQUIPO AICTS / 5 de mayo de 2016


Nuestras sociedades se están dualizando y desequilibrando cada vez más. No es una novedad, es un hecho constatado a través de diversos y numerosos indicadores: desempleo, calidad del trabajo, acceso a recursos, posición en mercado, redes y relaciones formales e informales, el peso de los orígenes familiares y sociales...Y así podríamos seguir durante varios posts. Cuantitativamente, estamos acostumbrados, y prácticamente nos atreveríamos a decir que inmunizados, a escuchar, leer, analizar e interpretar datos y más datos que ya hace mucho tiempo que, como una lluvia fina, no calan.

En otro plano metodológico, lo cualitativo ha tenido presencia en este proceso a través de numerosos análisis del discurso, del impacto de historias y dramas personales, y mediante la construcción de un relato acerca de la evolución de la sociedad. Pero eso tampoco parece haber servido para mucho, más allá del impacto de dramas personales, ejemplificados a través de las consecuencias de la pobreza infantil, de los desahucios o de las personas sin hogar, por poner tres ejemplos de las caras más amargas de la crisis que vivimos desde 2008.

Esta sociedad dualizada y totalmente descompensada, ya que a medida que más personas no logren salir de la situación de riesgo de pobreza y exclusión social y otros vayan ingresando en ella, sus hijos e hijas tendrán grandes posibilidades de reproducir el ciclo. Y es que hay situaciones cronificadas que ya parecen tener una difícil vuelta atrás. Mientras tanto, los discursos siguen girando en torno a indicadores macroeconómicos, pareciendo haber dejado a amplias capas de la población aspirando a la mera supervivencia. No es la primera vez que lo escribimos, sólo hay que observar el tipo de empleos que estamos generando en España.

La dualización de la sociedad es una situación que prácticamente podríamos definir como estructural, y para una parte de la misma incluso “normal”. Este cambio de mentalidad es un hecho preocupante en el que muchas personas piensen y verbalicen que determinados servicios deberían pagarse, que algunos colectivos no tendrían que tener derecho a los mismos, o que esas diferencias son prácticamente “naturales”. Vamos volviendo a la casilla de salida, hay que volver a reivindicar nuestros Derechos Sociales y su importancia, y el valor de la cohesión social y la corresponsabilidad, así como el papel regulador y corrector de las desigualdades de las políticas públicas.


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