Personas mayores solas 

Por EQUIPO AICTS / 17 de abril de 2017


Recientemente se ha publicado la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE) y la misma, en sus datos relativos a 2016, ha confirmado el aumento de los hogares unipersonales en España. Es una tendencia continuada fruto de las transformaciones de la estructura demográfica y de los cambios en la sociedad. Nuestra pirámide de población va creciendo en su cúspide a medida que aumenta la esperanza de vida y mayores contingentes de la población alcanzan edades más avanzadas. Regresando al estudio del INE, en 2016 los hogares unipersonales fueron el tipo de hogar que más creció con respecto a 2015, un 1,2%, representando el 10,1% de los mismos. Es decir, uno de cada diez españoles/as vive solo/a, y el 41,7% de esos hogares correspondía a personas de 65 años o más, en mayor medida mujeres.

La tendencia se mantendrá en esta línea y ese hecho lleva a plantear numerosas cuestiones. En primer lugar, y como hemos mantenido en otros artículos, el colectivo de personas mayores es heterogéneo, presentando una diversidad de situaciones. Su estado de salud varía y no es lo mismo contar con 65 años que con 85. También son diversas las situaciones en función de variables socioeconómicas puesto que parte de este colectivo ha llegado a la edad de jubilación con unas pensiones y ahorros que les pueden garantizar por ese lado una buena calidad de vida, pero otra parte del colectivo no cuenta con ellas y se encuentra en riesgo de exclusión social, especialmente de nuevo las mujeres o las personas con pensiones no contributivas. 

Regresando a la situación de soledad de las personas mayores, no cabe duda que es un factor de vulnerabilidad de primer orden. La soledad y el aislamiento juegan en su contra y pueden generar situaciones de depresión, de desatención, de no relacionarse con su entorno, de alejarse de los familiares caso que no vivan en la misma localidad (un hecho que se puede dar especialmente en el medio rural), de no recibir la atención necesaria en situaciones de enfermedad o de accidentes, etc. Es cierto que los Servicios Sociales han avanzado en prevenir esas situaciones de soledad y aislamiento, aunque seguramente en menor medida de la necesaria. Además, servicios como la Ayuda a Domilicio, entre otros, también se han visto afectados por las políticas de recortes y ajustes. Pero no cabe duda que nos encontramos ante un escenario complejo al que es necesario profundizar en sus soluciones. Los hogares unipersonales compuestos por personas de 65 años y más van a continuar creciendo y debe actuarse en la prevención de esa soledad y aislamiento que puede darse en parte de este colectivo, heterogéneo y diverso por otra parte.

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