Desempleados y desempleadas mayores

Por EQUIPO AICTS / 19 de enero de 2026

desempleadosHay temas que aparecen y desaparecen de las agendas mediáticas y públicas. Cuestiones que, en función del contexto, pero también de otros factores, tienen su impacto durante un tiempo y, luego, prácticamente se olvidan. En un contexto como el actual, en el que nos encontramos viviendo a una velocidad constante, la agenda se va renovando continuamente y casi no podemos recordar aquella temática que fue tan relevante unos días antes. Obviamente, la actualidad está muy marcada por los grandes cambios estructurales, por cuestiones geopolíticas, estratégicas, ideológicas, económicas, etc. Pero, esas transformaciones, afectan a la vida cotidiana de las personas, también sujetos y objetos de las mismas. Aunque, lógicamente, las posibilidades que tienen las mismas para actuar en el corto plazo, ante estas circunstancias, son reducidas. El mundo del trabajo suele ocupar un lugar central en la agenda pública, no pudiéndose ser menos en unas sociedades que dependen de contar con un empleo. Y, como también hemos venido reflexionando en este blog, uno de los principales cambios que se han dado en nuestras sociedades es el relacionado con el valor y la situación del trabajo, con consecuencias en todos los ámbitos. Hemos abordado en muchos momentos estos aspectos, que en el caso de sociedades como las nuestras, contar con un empleo también tiene sus consecuencias en el acceso a determinados Derechos Sociales. Sin embargo, ya hace mucho tiempo, contar con un trabajo remunerado puede no implicar salir del riesgo de pobreza y de exclusión social, como indican desde hace tiempo numerosos datos y estudios, el último el Foessa de Cáritas, por ejemplo. Son cambios fundamentales para entender nuestros tiempos y el paso de unas sociedades basadas en un empleo estable y con el trabajo como un elemento central en la cohesión social, sin olvidar todas las contradicciones inherentes al modelo, a otro en el que el empleo se institucionaliza de forma diferente, siendo flexible, intermitente y con procesos como la uberización, la digitalización, y la elevación de nuevas formas de empleo que, en no pocas ocasiones, esconden, o no, precariedad e inestabilidad. Son cambios tan profundos y que se han producido de forma tan rápida, aunque las bases de los mismos ya estaban presentes, que seguiremos reflexionando sobre las consecuencias de los mismos y los que vengan. 

Hace unas semanas, El Confidencial publicó un artículo que ponía el foco en una de esas cuestiones que, en la agenda pública, son guadinescas, que aparecen y desaparecen. Bajo el título de "El drama de perder el empleo con más de 55 años: más paro y precariedad", firmado por Javier Jorrín. En el mismo, se aborda la situación de personas mayores de 55 años que han perdido su empleo, señalando también los procesos que se dan de cara a afrontar la jubilación y el acceso a las prestraciones en el caso de este colectivo que está más cerca a esta etapa. El artículo indica que, los grupos de edad de 55 a 64 años, se han convertido en los grupos de edad mayores de 29 años con una mayor tasa de desempleo, por encima del 10%, hecho que se produce por primera vez. Aunque sigue siendo un dato más reducido que en el caso de los menores de 29 años, un escenario que, lamentablemente, es estructural, no es menos cierto que, como señala Jorrín, implica en el caso de este grupo de edad de los mayores de 55 años, una importante brecha. Son personas que, incluso, tienen que cambiar de sector, o iniciar la búsqueda de empleo en otros. Sobre esta cuestión, se llevaron a cabo importantes análisis y estudios sobre personas mayores de 40 o 50 años que, con los cambios económicos y en el mundo del trabajo, se veían fuera del mercado. Épocas de transformaciones vinculadas a reconversiones industriales en su momento, sectores que se hundían, trabajos que se digitalizaban, etc. Además, nos estamos refiriendo a unos colectivos que, en la mayor parte de los casos, fueron socializados en un modelo de sociedad basada en un empleo estable y "para toda la vida". Los impactos de estos procesos se reflejaron en numerosos ámbitos pero, como ocurre con buena parte de los cambios que se están produciendo en nuestras sociedades, se están acelerando en los últimos tiempos. Obviamente, no todas las personas y colectivos están en la misma situación y hay diferencias entre ellas. Pero, también es un fenómeno que alcanza una cierta transversalidad e, igualmente, hay que destacar de nuevo la cercanía a la jubilación y la necesidad de completar, en no pocos casos, el periodo de cotización.

Como hemos indicado anteriormente, una realidad que aparece, especialmente en estos años, no así en la crisis de 2008, en las diferentes agendas públicas, y que tiene un impacto en numerosas personas y colectivos y en la cohesión social. Cuando se analizaban estas situaciones, desde distintos ámbitos, se incidía en cuestiones como el "reciclaje profesional", la formación y la reconversión o el hecho de que, en no pocos casos, eran personas que no se habían "adaptado" a los cambios, siendo estos argumentos un claro deslizamiento de la responsabilidad de la situación precisamente a las personas que la sufrían. No es tan sencillo y está claro que tampoco se encuentran soluciones a estas situaciones, con la presión añadida ya señalada de la cercanía de la jubilación y la necesidad de completar, en no pocos casos, los años de cotización. 

 



















































 

 

 


 



 

 
















Las barreras de acceso a prestraciones del Estado de Bienestar

Por EQUIPO AICTS / 12 de enero de 2026

estado bienestar ayudasSeguramente estamos reflexionando sobre un modelo de sociedad que está en plena transformación y que, lamentablemente, se encuentra en una encrucijada. Uno de los principales éxitos de nuestra época, como hemos venido analizando en repetidas ocasiones, es haber sido capaces de construir un Estado de Bienestar basado en unos Derechos Sociales y en la cohesión social y la corresponsabilidad como principios vectores. También hemos señalado, en no pocos casos, las contradicciones existentes y el hecho de que, lamentablemente, este modelo no se haya universalizado en mayor medida. Pero, el escenario actual, está generando las condiciones para que este tipo de modelo de sociedad se encuentre en riesgo de retirada. Aunque su crisis se observa en los países en los que estaba más desarrollado desde la década de los setenta del siglo XX, con el avance de políticas de carácter neoliberal, no es menos cierto que será en el siglo XXI cuando el escenario se vaya haciendo más complicado, a través de la combinación de diferentes factores. En la actualidad, y con la incorporación de una variable clave como son los cambios geoestratégicos a nivel global, la situación todavía se hace más difícil. Además, se han producido cambios determinantes en el ámbito del sistema de valores, los cuales también implican impactos en la concepción y valoración del Estado de Bienestar. En el caso español, se llegó tarde al mismo, pero no es menos cierto que se consiguió institucionalizar en la década de los ochenta del siglo XX, destacando especialmente en el caso de la Sanidad y la Educación. Sin embargo, el Estado de Bienestar español siempre se caracterizó por una debilidad clave y central como era el hecho de que los Servicios Sociales tardaron mucho más en desarrollarse y, en segundo lugar, no se pudieron corregir desigualdades estructurales que han dado lugar a la cronificación de la desigualdad social. Obviamente, con las crisis y cambios vividos en el siglo XXI, esta situación se ha intensificado.

Esta reflexión viene a cuento del interesante artículo que Andrei Quintiá Pastrana y Alba Nogueira López publicaron en The Conversation y que también fue recogido por ETHIC. Bajo el título "Por qué el estado de bienestar está fallando en España a quienes más lo necesitan y cómo solucionarlo", los autores analizan una cuestión que también es estructural y que, además, se ha venido intensificando. Los autores hacen referencia a que, una buena parte de las personas que tienen derecho a diferentes prestraciones, como el Ingreso Mínimo Vital o el bono eléctrico, no llegan a recibirlas. Las causas de este escenario, a pesar de los avances que se han producido en este ámbito, se basan en barreras administrativas y en la brecha digital, debido a la digitalización de las administraciones públicas. Esta situación está provocando que numerosas personas, más de la mitad de los hogares que tienen derecho a las mismas, según los autores del artículo, que tengan derecho a percibirlas, no llegan a hacerlo. Esta situación se da en numerosos ámbitos, como por ejemplo la Educación, donde también hay estudios que la analizan, por ejemplo en el caso de las becas y ayudas. 

El artículo también presenta una serie de soluciones a este escenario como por ejemplo, entre otras, la simplificación de los procedimientos para acceder a prestraciones y derechos sociales, la reducción de la exigencia de identificación y seguridad digital a lo imprescindible para las personas en situación de vulnerabilidad, el avance hacia sistemas de concesión automática y proactiva de prestraciones, el refuerzo de la atención presencial y del acompañamiento, y un sistema de evaluación y seguimiento a través de indicadores en diferentes cuestiones. Estas soluciones son factibles y son necesarias para que las prestraciones puedan llegar, especialmente, a las personas que más lo necesitan y que, como se señala en el artículo, tienen derecho a las mismas. Sin embargo, y lamentablemente, estas trabas están siendo, en numerosos casos, un escollo insalvable que se repite continuamente. Una vez más, y lamentablemente, no se atisban cambios que sean capaces de abordar el escenario, al contrario y se van generando, además, nuevas barreras que condicionan el mismo y que afectan a los colectivos más vulnerables. 



















































 

 

 


 



 

 
















Brechas digitales que se acrecientan

Por EQUIPO AICTS / 22 de diciembre de 2025

tecnologaNo es la primera vez que, en el Blog de AICTS, abordamos la cuestión de las brechas digitales. Sin embargo, es un tema en el que es necesario seguir insistiendo por los diferentes escenarios que se van planteando y que, lamentablemente, afectan a la igualdad y al acceso a las mismas, especialmente en su uso. Y es que, desde que las tecnologías han ido articulando en mayor medida nuestra realidad, estructurando el mundo, y convirtiéndose en omnipresentes, la cuestión de las brechas digitales no ha dejado de ser un tema a abordar desde diferentes ámbitos y colectivos. En el paso de 2025 a 2026, parece muy lejano en el tiempo, no lo es tanto, cuando Internet apareció en nuestras vidas, así como el SmartPhone y la posibilidad de que, en cada teléfono, llevásemos un ordenador. Luego, se fueron digitalizando cada vez más cuestiones de nuestras vidas y gestiones. Además, las Redes Sociales alcanzaron una posición nunca vista. La pandemia del Covid-19, aceleró un proceso que se presentaba como inevitable. Nos acostumbramos en muy poco tiempo a cuestiones como las firmas y certificados digitales, las sedes electrónicas de cualquier administración, la banca electrónica y la desaparición de muchas oficinas bancarias, las nuevas formas de ocio, el comercio digital... En fin, un mundo diferente en el que la tecnología se ha hecho omnipresente. Y, para acabar de avanzar en mayor medida en estos procesos, la aparición de la Inteligencia Artificial (IA), que está transformando también numerosos ámbitos, como por ejemplo el de la enseñanza - aprendizaje, las evaluaciones y muchos más. Como hemos indicado en otras entradas del blog, no somos luditas, y creemos que la tecnología cuenta con más efectos positivos que negativos. Eso no quiere decir que los segundos no existan y que no vayan darse, incluso muy marcados por el uso que se hace de las tecnologías, siendo necesarias medidas y regulaciones.

En el caso de las brechas digitales, el paso de esa brecha de acceso, cuando había colectivos que no podían contar con los dispositivos necesarios, a la de uso, qué es lo que somos capaces de hacer con la tecnología y, en este sentido, también son numerosas las variables que lo condicionan, ha sido la forma sencilla de explicar en parte lo ocurrido. Pero, de nuevo, todo es matizable. La pandemia demostró que la brecha de acceso no estaba superada, incluso que había numerosas formas de ver la misma ya que, obviamente, no es lo mismo contar con un tipo de dispositivos que otros, o que en una casa, por ejemplo, haya un número determinado de ordenadores, móviles, etc. El Covid-19, como decíamos, mostróque esas brechas de acceso seguían estando presentes y que iban a ser claves, especialmente en la Educación. La pandemia también fue clave en cuestiones como el teletrabajo y en la universalización de Zoom, Teams, etc. Sin embargo, lo que está ocurriendo también es la generación de nuevas brechas de acceso y, especialmente de uso. Porque, en su conjunto, se están dando situaciones y escenarios de importantes diferencias en ese sentido en función de la clase social, el nivel educativo y la edad. En este último caso, ocupó un importante espacio en los medios de comunicación hace unos años, en cuestiones como las vinculadas al acceso a los servicios bancarios o en las gestiones con las Administraciones Públicas. Si, a comienzos del siglo XXI, esa brecha fue de acceso y de uso, con un importante esfuerzo en formación, a medida que la digitalización lo ha inundado todo, es hacen más necesarias que nuncas medidas que aborden y mitiguen estas desigualdades.

Las personas mayores son un colectivo heterogéneo, en el que hay diversidad de situaciones y escenarios vinculados a las TIC, también vinculados a las motivaciones e intereses de las personas. Pero, como hemos señalado, no cabe duda de que es la formación y la mitigación de esas brechas es una necesidad. En el caso de las personas mayores, en no pocos casos el uso de las TIC ha estado marcado por motivaciones relacionadas con el ocio (como en muchos otros grupos y colectivos) y por la comunicación, lo que les ha permitido estar en contacto con familiares, etc. (lo mismo que en otros grupos y colectivos). Pero, en el contexto actual, en el que incluso determinadas acciones son complejas para cualquier persona, y hablamos de gestiones electrónicas, hay que tener en cuenta la situación de las personas mayores. Laia Ortiz, directora del Área Social de la Fundación Pasqual Maragall, escribía en El País un interesante artículo que abordaba el hecho de que, las personas mayores, tenían que adaptarse a estas nuevas realidades ante el temor de quedar excluidas de numerosas realidades en caso de que no lo consigan. Es una reflexión relevante ya que, en definitiva, también se genera una tensión y una presión sobre este colectivo. Al final, regresamos al comienzo, un mundo como el nuestro que está en un permanente cambio y, las tecnologías, no dejan de ser un medio y expresión de primer orden del mismo, como medio y como fin. 






















































 

 

 


 



 

 
















Los problemas de las generaciones

Por EQUIPO AICTS / 15 de diciembre de 2025

Una de las cuestiones que están marcando el debate social en los últimos meses es la del conflicto entre generaciones. Se ha institucionalizado un marco según el cual, la generación de los "boomers", la de los nacidos en la época del "baby boom", especialmente la década de los sesenta y los comienzos de la de los setenta del siglo XX, estaría acabando con los recursos y medios de las siguientes, fundamentalmente la de los "millenials", los jóvenes actuales. Entre medio, se quedaría la "Generación Z", en una especie de tierra de nadie. Este debate está dando lugar a numerosos artículos e incluso publicaciones que abordan esa brecha generacional. Los argumentos que se esgrimen, por parte de los defensores de ese conflicto generacional, es que la generación "boomer" estaría captando más recursos, especialmente en el ámbito de las jubilaciones, junto con la creación de una especie de tapón que impediría a las siguientes generaciones, especialmente las más jóvenes, acceder a determinados puestos de trabajo y posiciones. Esta es otra teoría que también se ha institucionalizado. Igualmente, y vinculado al ámbito de las jubilaciones, también estarían contando con más recursos públicos que el resto. En el otro lado, los "boomers" señalan que, en su conjunto, ellos se habrían ganado sus derechos a tener esas prestaciones, que habrían trabajado durante décadas y que su situación no se basa en un concepto de privilegio sino de haberse esforzado. Como puede observarse, los dos marcos están muy definidos, y no queremos en este artículo entrar en cuestiones que pueden ser más exageradas o caricaturescas, por uno y otro lado. 

Que las dos generaciones puedan tener puntos a los que agarrarse, argumentos que puedan ser sólidos en función de unos marcos interpretativos, no quita para que deba mirarse en su conjunto a esta realidad. A lo largo de muchos artículos en este Blog, hemos señalado la situación de una juventud, en el caso de España, que no tiene un horizonte claro y definido. Al contrario, el escenario ha ido a peor y no se ve una salida clara a unas generaciones que van proscratinando sus proyectos vitales. Que nunca fue fácil ser joven en España lo hemos venido señalando continuamente. Pero, que en los últimos años se ha puesto mucho más complicado, también. Acceso al empleo, a la vivienda, emancipación, precariedad, toma de decisiones vitales... todo ello se ve determinado por una estructura social y un mercado laboral en la que se penaliza ser joven. En el otro lado, unas generaciones que van entrando en la última etapa de su vida tras haber disfrutado de un periodo de estabilidad, vinculado en gran medida con la construcción y consolidación de un Estado de Bienestar, y de haberse vinculado a una visión del mundo meritocrática que, en aquellos momentos, funcionaba en buena medida. Es decir, como podemos ver, el contexto es determinante.

Sin embargo, ¿este conflicto es el que debería marcar la lucha contra una desigualdad creciente? Primero, porque las generaciones son heterogéneas y diversas y no se puede generalizar ni meter a todo el mundo en el mismo saco. Por un lado y por otro, es de un reduccionismo atronador. Ni todos los "boomers" son privilegiados que cuentan con unas ventajas inmensas ni todos los "millenials" se encuentran en una posición de precariedad, siendo conscientes del contexto en el que se mueven. De hecho, una de las cuestiones que hemos señalado reiteradamente en este Blog es el hecho de que, dentro de la estructura social española, había colectivos, numerosos, ubicados en posiciones sociales de riesgo de pobreza y exclusión social. Es decir, son colectivos que no se habrían beneficiado de esas ventajas y privilegios de las que es acusada una generación en su conjunto. Y tampoco podemos olvidar el desclasamiento de amplios colectivos, sujetos a la promesa de la movilidad social, que se vieron en situaciones de vulnerabilidad, especialmente con la crisis sistémica de 2008. Por otro lado, dentro de los "millenials", también los hay cuyo origen socioeconómico, es de privilegio, sin que esto implique una culpabilización de su posición, uno no tiene ninguna responsabilidad sobre la posición o el lugar en el que ha nacido. Incluso, puede darse la paradoja de que algunos "millenials" pueden beneficiarse indirectamente de los privilegios de los que acusan a los "boomers", lo cual es paradójico. Y, como decíamos, la situación es heterogénea y es necesario leer artículos como el de Álvaro Hermida en El Confidencial, "Los 'boomers' también tienen problemas 'millenial': "A los 63 me tengo que buscar la vida"", publicado hace unas semanas, y en el que se alude a cuestiones como el empleo y la vivienda, entre otros. 

La desigualdad entre generaciones es una realidad y la situación de las más jóvenes debería, hace mucho tiempo, habernos puesto en guardia porque, como hemos venido señalando, afecta a la cohesión social y a la legitimidad del sistema, con numerosas implicaciones. Llevarlo a un conflicto entre generaciones hace que, en no pocos casos, se olvide el hecho de que es el origen socioeconómico el que determina las posiciones y que eso afecta y se transmite de padres a hijos. Es decir, hay más puntos en común en muchos casos que lanzarse a un conflicto intergeneracional que puede tener otros intereses, algunos manifiestos y otros más sutiles. Lamentablemente, seguramente lo veremos en breve. Al tiempo. 
























































 

 

 


 



 

 
















La nueva estructura social

Por EQUIPO AICTS / 8 de diciembre de 2025

sociedadA lo largo de las entradas en el Blog de AICTS, una de las cuestiones que de manera transversal que se vienen analizando es la relativa al cambio en la estructura social que se ha producido en las últimas décadas. Se puede decir, en general, que es el tema marco que define buena parte de los análisis que llevamos a cabo. Desigualdades, cambio de modelo de sociedad, Estado de Bienestar, etc., al final también confluyen en una nueva estructura social, un modelo de sociedad diferente en el que las clases sociales y los estratos sociales se han redefinido. Y, este es un cambio que afecta a todos los niveles. En el caso de España, pocos autores y autoras han abordado este proceso como el periodista de El Confidencial Esteban Hernández. También sus libros han sido reseñados en esta web y en la revista EHQUIDAD, que edita AICTS. Hernández, reflexiona desde lo macro y estructural a lo micro y las experiencias y vivencias de las personas. Ya hace más de una década, comenzó sus análisis sobre el declinar de las clases medias y, desde entonces, no ha parado. Recientemente, en El Confidencial, publicó el artículo "Lo que está pasando con las herencias dice mucho de nuestra sociedad", en el que recoge los resultados de una investigación encabezada por Jérôme Fourquet y Marie Gariazzo. También hay que agradecerle a Hernández el hecho de que, a través de sus artículos, se puedan descubrir investigadores e investagoradas como los mencionados, especialmente un Fourquet que, junto con Christophe Guilluy, más han abordado estas cuestiones y también el escenario de las desigualdades territoriales y su impacto. Centrados en Francia, sus investigaciones, marcos teóricos y metodologías son extrapolables a numerosos lugares, incluyendo España. Y, hace tiempo que vienen adelantando lo que va ocurriendo.

En este caso, y no es una cuestión novedosa en este Blog, se incide en la transmisión patrimonial y las herencias entre generaciones, mostrando una realidad que está cada vez más presente: aumentan las que se producen a hijos y nietos cuando todavía están vivos padres y abuelos. Es un escenario que muestra esos cambios sociales y en la estructura social, en la que vuelve a ser determinante el origen socioeconómico, la situación de partida. De esta forma, el estudio de Fourquet y compañía, recogido por Esteban Hernández, muestra cómo van aumentando las ventas del patrimonio de las generaciones mayores para poder cubrir las necesidades que puedan venir, el impacto del crecimiento del coste de la vida o para ayudar a las generaciones siguientes. En este sentido, se percibe que hay una incertidumbre con respecto al futuro, en el caso de las jubilaciones, así como en el hecho de necesitar determinados servicios y ayudas. Además, también se analiza la situación de pequeñas y medianas firmas empresariales que, al no producirse el relevo generacional y en un contexto en el que las grandes compañías cuentan con más poder, no se sigue con las mismas. Además de estos cambios, y de transformaciones en las mentalidades vinculadas al trabajo y al ahorro, los cambios más relevantes se dan en el caso de las ayudas de padres a hijos sin necesidad de herencia de por medio, como hemos visto en otros estudios, ya que surgen necesidades que deben cubrirse y el soporte de los progenitores es clave para adquirir una vivienda, un coche o para poder vivir en las grandes ciudades. Estas transferencias siempre han estado ahí, especialmente en sociedades de carácter familista como puede ser la española, pero están cambiando de forma y suponen, en no pocos casos, un adelanto de las herencias futuras. 

Este proceso afecta a todos los estratos sociales y está muy presente en las clases medias que, en el pasado, habían podido contar con propiedades inmobiliarias y con ahorros. Los mismos ya fueron claves para superar la crisis de 2008, cuando no pocas familias ayudaron a los integrantes de las mismas que habían perdido su empleo, su vivienda, etc. Fue un momento en el que las familias se vieron tensionadas y se vio como un momento excepcional ya que, anteriormente, esas transferencias eran también parte de situaciones en la vida vinculadas a la emancipación, especialmente. Pero, en la actualidad, el cambio reflejado por un estudio como el señalado nos muestra una transformación de la propia estructura social y, seguramente, de lo que viene. Es decir, unas sociedades donde las bases de su estructura social serán cada vez más desiguales; donde, en el momento en el que la posibilidad de esas transferencias se acaben, numerosas personas verán cómo su pertenencia a la denominada clase media se ve cuestionada. Es decir, vamos camino de una desigualdad cada vez más clara en nuestra estructura social. Y, por supuesto, hay colectivos, los situados en la base de la sociedad, para los que estos escenrios son una quimera, sobreviviendo día a día. 

























































 

 

 


 



 

 
















La inversión en servicios públicos básicos

Por EQUIPO AICTS / 1 de diciembre de 2025

educacin espaa 2025Regresamos en el Blog de AICTS a los pilares del Estado de Bienestar, el modelo de sociedad que, a lo largo de las últimas décadas, ha sido determinante en el progreso de nuestras sociedades. El mismo, como hemos venido señalando reiteradamente, se encuentra en una situación de crisis estructural y, desde hace mucho tiempo, los debates sobre su sostenibilidad son recurrentes. En el caso español, llegamos tarde al modelo de Estado de Bienestar y no fue hasta la década de los ochenta del siglo XX, con la recién constituida democracia, se fue construyendo y consolidando un Estado de Bienestar que contó también con sus debilidades. Además de algunos factores estructurales, como ciertas desigualdades crónicas, el caso español también respondía al modelo familista de las sociedades del sur de Europa, donde algunos servicios que en otros escenarios, como en el norte de Europa y otros países del continente, corrían a cargo del Estado o las Administraciones Públicas, en el caso español, y otros países de nuestro entorno, son las familias las que tenían que ocuparse de parte de los mismos. Si bien Educación y Sanidad consiguieron un desarrollo sin precedentes, en el caso de los Servicios Sociales, la evolución fue más lenta, siendo el ámbito en el que más se observaba dicho familismo, siendo en el siglo XXI cuando se produjeron grandes avances en ese sentido. Además, hay que tener en cuenta que España es un estado descentralizado en el que las Comunidades Autónomas cuentan con las transferencias de buena parte de las políticas vinculadas al Estado de Bienestar. Este hecho tiene su impacto no solo en las acciones y medidas que se llevan a cabo sino también en las capacidades de inversión de cada territorio. Y es que, hay que recordar una vez más, que estas políticas son inversiones, son transferencias sociales.

Recientemente, el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE) ha publicado un detallado análisis de la inversión por habitante por Comunidades Autónomas en el ámbito del Estado de Bienestar. Y, una vez más, nos encontramos con desigualdades y desequilibrios territoriales, y también entre los propios capítulos. En primer lugar, cabe reseñar que, en el global del caso español, nuestra inversión media en políticas sociales (Educación, Sanidad y Protección Social) es inferior a la media europea. En el caso de la Sanidad, mientras que en dicho ámbito se destina un 7,3%, a nivel comunitario, en España desciende a un 6,6%. También ocurre en Educación, 4,7% frente al 4,2%, y, especialmente, en Servicios Sociales, donde la brecha es todavía más amplia, 3,2% y 1,7% respectivamente. Por el contrario, en España se produce una diferencia a favor de España en el capítulo de pensiones, 12,4% del PIB en España frente al 11,8% en Europa, y en el desempleo, 1,5% en España y 1,2% en la Unión Europea. Son grandes indicadores, cifras globales, que también nos dan ciertas referencias y pistas sobre la situación de nuestros servicios públicos. 

A nivel interno, las diferencias son muy relevantes, con País Vasco y Navarra a la cabeza, en buena medida por sus regímenes fiscales especiales, y con una diversidad de escenarios en las tres categorías señaladas en el otro extremo. Si se analiza la situación de la Sanidad, y considerando el conjunto de las regiones como base 100, nos encontramos con que hasta once de ellas superan este umbral, con Murcia y Navarra a la cabeza. En el lado contrario, Galicia, Madrid y Andalucía, cuentan con una menor inversión pública. Mayores diferencias se dan en el caso de la Educación, con seis regiones por debajo de 100, pero con situaciones como País Vasco (153) frente a Madrid (82). Y la Protección Social es el ámbito en el que los desequilibrios son mucho más amplios. En este caso, solo seis regiones están por encima de 100, destacando Navarra (208) y País Vasco (203). Lejos quedan Canarias, Baleares, Extremadura y Cataluña, aunque todas mejorando la media nacional. Por el contrario, Galicia (67), Andalucía y Aragón, ambas en un 73, son las que cuentan con un menor gasto público en protección social. En definitiva, unos datos que muestran las debilidades y desequilibrios de nuestro Estado de Bienestar y las diferencias regionales, hecho que tiene sus consecuencias más allá de las cuestiones vinculadas a estas políticas públicas. 


























































 

 

 


 



 

 
















Migraciones interiores

Por EQUIPO AICTS / 24 de noviembre de 2025

Los desequilibrios territoriales es uno de los objetos de estudio central para el equipo de AICTS. A lo largo de los últimos años, hemos venido desarrollando una línea de investigación que buscaba ampliar el ámbito de las desigualdades entre territorios por encima de la dicotomía rural - urbana. Es evidente que, en el caso español, la misma se había convertido en un elemento clave de las agendas políticas y de los medios de comunicación. Con la despoblación del medio rural, fenómeno heterogéneo y que venía produciéndose desde la segunda mitad del siglo XIX, a través de diferentes ritmos y por determinados factores económicos, políticos, sociales y culturales, se había cronificado cuando adquirió un posicionamiento que no tenía hasta entonces, ya en la década de 2010. Sin embargo, las soluciones a la despoblación pecaban de cortoplacismo y de no contar con algunas variables, comenzando con la subjetiva, la que incide en la toma de decisiones personales por parte de las personas y las familias para elegir un lugar donde vivir para su proyecto de vida. Obviamente, hay otros factores de carácter objetivo como los vinculados a las oportunidades laborales, que se ha demostrado que no es un elemento determinante, o la presencia de servicios públicos, que es complementario. En todo caso, hablamos de cuestiones vinculadas a los derechos como ciudadanos y ciudadanas con independencia del lugar en el que se resida. La despoblación del medio rural ocupó durante casi diez años una posición destacada en la agenda pública pero, en la actualidad, parece que ya no está tan presente. Sigue hablándose de despoblación del medio rural, siguen presentándose acciones y medidas, planes y estrategias, el debate es permanente, pero determinados discursos y relatos no encuentran tanto eco. Se ha asumido, en buena medida, la complejidad de un problema, y también que, lamentablemente, algunas zonas tienen un difícil solución, contando con la evolución y situación de las actividades productivas, fundamentalmente del sector primario.

Pero, las desigualdades y desequilibrios territoriales precisaban una mirada más amplia, que hace referencia a lo que ocurre entre regiones y territorios en el interior de un país. Como en el resto del mundo, y concretamente en el ámbito occidental, hay territorios que se han ido quedando atrás y cada vez más. Son esas regiones que respondían a dos escenarios: o bien no tuvieron oportunidades de desarrollarse o bien, habiendo conseguido hacerlo, han visto perder su musculatura, que venía determinada por el sector secundario. Fueron regiones y ciudades que, a través de un sector secundario potente, se transformaron pero, con las deslocalizaciones y las transformaciones de las estructuras productivas, se fueron quedando atrás. Este escenario se está intensificando en las dos últimas décadas y media y parecen dinámicas imparables. Son lugares en los que se vive bien, generalmente, tienen una buena calidad de vida en todos los indicadores que se presentan, pero siguen perdiendo población y envejeciendo. Un ejemplo de esta situación se recogió de forma muy acertada en el amplio reportaje de José María Robles en El Mundo dedicado a Soria, con el explícito título "Soria, epicentro de la España discreta donde se vive bien: 'Tal vez las ciudades grandes nos están empezando a mirar con envidia'". Sin embargo, las migraciones interiores siguen siendo una realidad y tampoco paran.

Y es que, en un artículo publicado en El Confidencial, se incidía en esta situación, llegándose al caso de que tres provincias contaban con más de la mitad de su población viviendo fuera de la misma. No es casualidad que el 52% de los sorianos, así como los nacidos en Cuenca y Ávila, se encuentren en esa situación. Y, muy cerca de superar el 50% de sus nacidos en las mismas viviendo fuera de su territorio se encuentran ya Zamora, Terual, Palencia y Segovia. Hablamos de provincias que, en no pocos casos, son epicentros de la despoblación en España (Soria, Zamora, Teruel) y en las que también pesa, junto a este proceso, la cercanía a grandes metrópolis (Cuenca, Ávila, Segovia) o a ciudades más grandes que están próximas (Palencia). Es una movilidad que está motivada por el factor laboral debido a que, en general, hay más oportunidades laborales y profesionales en las grandes urbes metropolitanas, tanto a nivel cualificado como en sectores no cualificados. En el caso de España, es Madrid el lugar de destino de no pocos trabajadores y trabajadoras que, o bien no tienen otra opción porque en sus territorios no pueden desarrollar sus profesiones, o si se quedan el coste de oportunidad es elevadísimo, o bien si son trabajadores y trabajadoras no cualificados, van a encontrar más opciones en Madrid o Barcelona. Además, hace tiempo que también se ha observado que dicha movilidad se está produciendo también desde el siguiente escalafón de ciudades, como Bilbao, Valencia, Sevilla o Zaragoza. En definitiva, nos encontramos ante un proceso que tiene importantes impactos en la cohesión social y territorial. Este escenario se está observando claramente en la situación en la que se quedan estas ciudades pequeñas y medianas, estas provincias y regiones, que se ven abocadas a un presente y a un futuro con menos oportunidades. No estamos ante una segunda despoblación, en ese nivel, pero habría que ver lo que ocurre en cabeceras de comarca y otras localidades, pero sí ante un escenario en el que hay territorios que languidecen. Y no parece que vaya a mejorar. 


























































 

 

 


 



 

 
















Vive donde puedas

Por EQUIPO AICTS / 17 de noviembre de 2025

Retornamos al tema de la vivienda, que es una situación a la que podemos poner todas las etiquetas y calificativos que queramos. De crisis estructural de la vivienda a emergencia nacional, la situación va a peor y no se ponen en marcha soluciones políticas que avancen en el acceso a una vivienda de manera digna, ni en propiedad ni en alquiler. Como comentamos en otras entradas, en España comprar una vivienda en propiedad era un signo de estatus y de movilidad social. Numerosas generaciones fueron socializadas, y vivieron, este proceso. El alquiler, por el contrario, era visto de otra manera, también con sus condicionantes. O no se tenía dinero para adquirir una vivienda en propiedad o era una situación provisional. Además, había una enorme diferencia entre el alquiler y la compra, siendo bastante más barato el primero. La década de los noventa del siglo XX fue un momento clave para la evolución de la demanda. Las ciudades crecieron con nuevos barrios que acogían a los hijos e hijas del "baby boom", que se emancipaban y que salían a un mercado de la vivienda en propiedad, mientras que alquilar era "tirar el dinero, porque no era tuyo", como se decía entonces. Además, padres y madres de estas generaciones, que habían ocupado barrios obreros y populares de las ciudades, podían comprar nuevas viviendas en estos barrios de nueva construcción, lo que produjo una movilidad residencial en el interior de las ciudades, quedando viviendas disponibles que, años después, serían adquiridas o alquiladas por la inmigración. Los precios comenzaron a subir pero, en ese contexto, el sistema bancario facilitaba el crédito, ya sabemos qué ocurrió años después, y se liberalizó el suelo. En definitiva, todos los astros se alienaron para que se produjese un aumento de la oferta, la demanda y los precios. Lo que vino a continuación, no hace falta recordarlo. La crisis de 2008, con un importante peso de la vivienda en la misma, puso el freno a este escenario. También se reflexionó sobre el hecho de que, esta situación, no podía volver a ocurrir. Y, ahora, en pleno 2025, la situación es todavía más complicada. Necesidad de oferta, precios disparados, tanto en alquiler como en compra, y muchas personas que no pueden conseguir una vivienda aunque tengan empleo. 

Esta semana, El País publicaba un artículo sobre personas que tenían que vivir en una autocaravana porque no podían acceder a una vivienda, hecho que ya ocurría en Madrid. Este escenario no es una novedad. Es un fenómeno que, en Estados Unidos, es una realidad institucionalizada con personas y colectivos que tienen que vivir en autocaravanas, coches, etc., y que se vio muy bien reflejado en el libro País nómada de Jessica Bruder, que en España publicó en su día Capitán Swing y que tuvo exitosa adaptación cinematográfica con Nomanland. Aunque hay un punto de idealización de un modo de vida que implica tener la libertad de movimiento y no estar "atado" a un lugar, no es menos cierto que tanto el libro como la película inciden más en las precarias condiciones de vida de personas que se encuentran en situaciones de exclusión social y que, incluso, han perdido sus viviendas por desahucios. Este fenómeno lo veíamos como algo lejano, que ocurría en un país como Estados Unidos donde la desigualdad adquiere dimensiones también específicas. Sin embargo, ya hace años que la situación se daba en zonas muy tensionadas, por el turismo, como en la isla de Ibiza en Baleares, donde ya no solo trabajadores y trabajadoras no cualificadas del sector turístico tenían enormes dificultades para adquirir una vivienda sino que también ocurría con funcionarios y funcionarias que no podían abordar esa vivienda. Finalmente, esta situación ya se ha normalizado con fórmulas habitacionales que son de supervivencia y de hondas consecuencias.

Hablamos de situaciones en las que, personas adultas, familias incluso, comparten vivienda y alquilan habitaciones por precios elevadísimos. Esto ocurre, especialmente, en las grandes ciudades, pero no solo. Se conocen casos en los que los salones de las viviendas también se convierten en habitaciones, en las que tu vida la tienes que hacer en tus propias habitaciones. Tremenda evolución la que estamos viviendo. Antes, compartir piso, era una etapa de la vida que podía producirse en caso de tener que estudiar en otra ciudad o desplazarse a trabajar. Es decir, era algo provisional y la emancipación pasaba por contar con una vivienda propia, en alquiler o en propiedad. Una vivienda con unos espacios no compartidos. Sin embargo, estas fórmulas habitacionales, en el contexto en el que nos desenvolvemos, ya están normalizadas y, en no pocos casos, no queda otra opción. Cierto que ya pasaba antes con colectivos en riesgo de exclusión social, con inmigrantes en el momento de su llegada y hasta el momento que conseguían una estabilidad. Pero, en la actualidad, pocos colectivos escapan a este escenario, especialmente en las grandes ciudades como decíamos. En definitiva, un escenario que nos muestra a las claras la deriva de nuestro tiempo. Una vez más. 



























































 

 

 


 



 

 
















La desigualdad creciente

Por EQUIPO AICTS / 10 de noviembre de 2025

desigualdad segundaLa entrada de la semana pasada en el Blog de AICTS se dedicó a la cronificación de la pobreza, de la vulnerabilidad y del riesgo de exclusión social. Se incidió en los factores y procesos que habían dado lugar a unas dinámicas que, estando sus bases presentes en décadas anteriores, ahora se han intensificado. Y, todo ello, en un contexto en el que se está produciendo un crecimiento económico con valores muy positivos en el Producto Interior Bruto (PIB), entre otros. Ese vía contradictoria, en la que, por un lado, el país va bien pero, en general, la mayor parte de la población siento que, individualmente, no les va tan bien y, un porcentaje significativo, no llega a fin de mes a pesar de tener trabajo, genera un malestar que es caldo de cultivo para diversos movimientos políticos. Y se produce una situación más compleja en aquellos colectivos ya instalados en la exclusión social y en la pobreza cronificada que comentábamos en la entrada anterior. Además, un ascensor social roto y un desclasamiento constante, afectando especialmente a las clases medias, nos llevan a una cohesión social que se encuentra cuestionada. La publicación esta semana por parte de la Fundación FOESSA de Cáritas de su IX Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Socialha vuelto a mostrar a las claras un escenario que no deja lugar a dudas. Una situación en la que nos movemos que también muestra situaciones paradójicas y complejas. Es cierto que, comparada con otras épocas, en la nuestra la calidad y el nivel de vida es muy aceptable para una muy buena parte de la población, centrándonos en las sociedades desarrolladas. Y que ha sido así, en gran medida, debido a la generación de modelos basados en la cohesión social y el Estado de Bienestar. De hecho, hay analistas que cuestionan la ruptura del ascensor social y que también entienden que las generaciones actuales no están viviendo peor que las de sus padres y madres. Hay algo de cierto en esta segunda premisa, pero seguramente en relación a la de sus abuelos y abuelas, pero seguramente tendríamos que precisar los indicadores y variables que hacen referencia a ese nivel de vida. En un sentido de cubrirse las necesidades básicas, podemos estar de acuerdo en parte en ello. En el acceso a determinados niveles de consumo, también. Pero, si descendemos a otra serie de variables, como las que llevan lugar a la generación de las bases de la cohesión social, las que determinan la posición en la estructura social, no cabe duda de que estamos en otro momento y que, es posible, que siguientes generaciones vean estos efectos.

El informe de FOESSA, un referente sobre estas cuestiones, no deja lugar a dudas. Son conclusiones que están muy presentes en nuestra realidad como la cronificación de la pobreza que señalábamos en la anterior entrada de este Blog; el desclasamiento que afecta, en gran medida, a las clases medias que han ido perdiendo posiciones y nivel de vida, pero también expectativas; la creciente desigualdad social... Y, todo ello, con variables claves como son la situación del mercado laboral, el acceso a la vivienda y el coste de la vida, que ha aumentado enormemente en los últimos años y no en consonancia con los salarios. Además, en este contexto, hay un colectivo que se ve muy afectado como es el de los jóvenes. Unas generaciones que se van quedando atrás debido a estos factores y en los que pesa en gran medida, para determinar su situación y sus proyectos de vida, el origen socioeconómico. Jóvenes que ven cómo se retrasa su consolidación profesional y laboral. Jóvenes que no pueden acceder a una vivienda en alquiler y en propiedad. Jóvenes que precisan del apoyo familiar, aunque se hayan emancipado, para poder llegar a fin de mes. Jóvenes que, en el caso de querer formar una familia, tienen que postergar la decisión de tener hijos hasta alcanzar la estabilidad que entienden que es necesaria para ello.

Podemos debatir sobre muchos aspectos vinculados la situación social y la desigualdad. Podemos precisar algunos indicadores y aspectos. Podemos indicar que, en realidad, nuestra época es de las mejores que podrían habernos tocado vivir. Pero, de lo que no cabe duda es que hay una serie de cambios y procesos estructurales que han transformado la estructura social y que están erosionando los pilares de las sociedades que habíamos construido y que eran el modelo al que se aspiraba a llegar. Un escenario que, en estos momentos, se presenta irreversible y que ha actúa no solo directamente, sino también sutilmente. Un modelo socioeconómico que nos ubica en la incertidumbre y con cada vez menos herramientas y medios para afrontarlo. Hace mucho que estamos siendo avisados de ello, pero se ha tomado el camino contrario. 

























































 

 

 


 



 

 
















Pobreza cronificada

Por EQUIPO AICTS / 03 de noviembre de 2025

pobrezaRegresamos a uno de los temas que más abordamos en el Blog de AICTS, la situación de la desigualdad en nuestras sociedades. No es una cuestión que no ha sido tratada en otras entradas, en relación a las condiciones materiales, y que hemos relacionado con el cambio de modelo social en las casi últimas dos décadas, aunque teniendo en consideración que las bases de dicha transformación ya estaban presentes anteriormente. Además, en este sentido, también hay que destacar el hecho, nada despreciable, de que nos encontramos en un contexto de crecimiento económico y de buenos datos, incluso muy buenos, en las variables macroeconómicas, por ejemplo el incremento del Producto Interior Bruto (PIB). Pero, como se ve en otros indicadores, los que afectan al nivel y a la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas, de las familias, y de diversos colecitvos, esta favorable situación macroeconómica no se corresponde con la realidad de los mismos. Ocurrió tras los años más duros de la crisis de 2008, está pasando ahora. Y, precisamente, igual hay una correlación entre estos dos factores, porque no es casualidad. En unos días, la Fundación FOESSA, el 11 y 12 de noviembre, publicará su IX Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social, todo un referente en el análisis de los procesos de vulnerabilidad y de riesgo de exclusión social en España. En el adelanto del mismo, estiman que más de nueve millones de personas en España viven procesos de exclusión social con dos factores claves: el acceso a la vivienda y la precariedad laboral, afectando especialmente a la población más joven. Tendremos tiempo en las próximas semanas de abordar los resultados de este informe. 

Pero, antes, otras estadísticas nos muestran la cruda realidad a la que nos enfrentamos. En este caso, datos del Eurostat y del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran la ya reconocida cronificación de la pobreza y la exclusión social en España, a través de la vulnerabilidad. El País recogía en el artículo "La pobreza crónica aumenta en España: 6,7 millones de personas viven en la precariedad", firmado por Pablo Sempere. Los datos más relevantes que se recogían en el artículo indicaban que el 13,6% de la población en 2024, esos casi siete millones de personas que se indicaban en el titular, se encontraban en ese escenario, afectando especialmente a colectivos como los menores y los hogares compuestos por personas inmigrantes. Pobrezas y carencias persistentes que implican que, a pesar de contar con unos ingresos a través de un puesto de trabajo, no llega para cubrir los gastos y las necesidades corrientes. Una situación que no es una novedad, que nos muestra cómo determinados colectivos no es que no puedan salir de una situación de vulnerabilidad, sino que las medidas de las Administraciones Públicas no consiguen romper con esas dinámicas. 

La cronificación de la pobreza, la exclusión y la vulnerabilidad social no es una novedad en España. Lamentablemenente, se podría decir que es algo estructural, aunque se hayan podido desplazar los colectivos afectados. Una de las cuestiones más relevantes de la crisis de 2008, cuando bajaron los umbrales de la pobreza, hizo referencia precisamente a la visibilización de esa vulnerabilidad cronificada, que afectaba especialmente a clases trabajadoras de grandes ciudades, que habían las hijas y nietas más humildes del éxodo rural, entre otros colectivos. La inmigración, en parte, ha ido sustituyendo a estos grupos sociales, lo que no quiere decir que no exista la vulnerabilidad del primer grupo, ya que la desigualdad se reproduce. En el caso de las personas de origen extranjero, una parte de las mismas se encuentra en empleos con condiciones laborales de baja calidad. Hecho que, por cierto, también se da en el caso de las tradicionales clases trabajadoras urbanas señaladas, junto con las clases medias aspiracionales desclasadas. Cuando hemos tenido los medios para romper con estas dinámicas, de forma estructural, no se ha conseguido del todo, y pensamos en todas las personas que se pudieron subir al ascensor social en las décadas pasadas. Sin embargo, persistieron colectivos en este escenario, a los que se han añadido otros, vinculados a la denominada clase servicio ocupada en sectores no cualificados. Y, todo ello en un contexto tan determinado por las dificultades de acceso a la vivienda. Un círculo del que cada vez es más difícil salir. 



















































 

 

 


 



 

 
















Cuidadores y cuidadoras de personas enfermas de Alzheimer

Por EQUIPO AICTS / 27 de octubre de 2025

En el Blog de AICTS, cambiamos de temática. Si en las últimas entradas habíamos centrado nuestros artículos en cuestiones vinculadas al cambio de modelo de sociedad, a la crisis del Estado de Bienestar, y a aspectos relacionados con los Derechos Sociales, en esta ocasión regresamos a los cuidados, especialmente a las personas que se dedican a la atención de los enfermos y enfermas de Alzheimer. Obviamente, los cuidados también se vinculan al Estado de Bienestar como Derecho Social, aunque no es menos cierto que, en el caso de España y, a pesar de los avances que se han producido, los Servicios Sociales siguen siendo la pata más débil del Estado de Bienestar. El modelo de atención y cuidados sigue mostrando algunas limitaciones que precisarían de mejorarse, especialmente en un contexto en el que está aumentando la demanda de estos servicios. Y es que, en nuestras sociedades, el envejecimiento de las mismas y el hecho de que cada vez haya más personas que precisan de atención y cuidados, debido al aumento de las enfermedades como el Alzheimer, las demencias y otras vinculadas al envejecimiento. Cabe precisar, una vez más, que el hecho de que cada vez más personas alcancen edades más avanzadas es un indicador positivo del aumento de la calidad de vida pero, no es menos cierto, que no todas las personas llegan a esta etapa de la vida en igualdad de condiciones y con las mismas opciones, especialmente cuando es precisa una atención vinculada al mundo de los cuidados, sea a través de centros de día, residencias o personas que las atiendan en sus domicilios. El nivel de renta es clave, hecho que condiciona el que, numerosas ocasiones, estos cuidados recaigan en familiares, fundamentalmente mujeres.

Recientemente, El País se hizo eco del artículo "Experiencias de mujeres auxiliares de ayuda a domicilio en el cuidado de personas con Alzheimer""Experiencias de mujeres auxiliares de ayuda a domicilio en el cuidado de personas con Alzheimer", llevado a cabo por un equipo de autoras del ámbito de la Enfermería y las Ciencias de la Salud de diversas universidades y que fue publicado en Gaceta Sanitaria. A lo largo del mismo, se recoge la situación de este colectivo, mayoritariamente femenino. Se destaca que, en la actualidad, todavía el 80% de los cuidados de este colectivo está en manos de los y las familiares, pero que han crecido las personas que realizan esta función. En el artículo, se abordan cuestiones como la relación que establecen con las personas enfermas de Alzheimer, las características de su trabajo (tanto en el ámbito físico como psicológico) y las condiciones del empleo, marcadas por la dureza señalada, horarios, etc. El artículo señala, especialmente, la disposición de estas auxiliares para abordar este trabajo de cuidados, lo que también marca esa relación con los usuarios.

El trabajo de los cuidados precisa todavía de una mayor puesta en valor, a pesar de los avances que se han producido en las últimas dos décadas, precisamente desde la puesta en marcha de la Ley de Dependencia. Una labor que, lamentablemente, todavía sigue contando con condiciones de trabajo muy mejorables, tanto en la atención en domicilio como en centros de día y residencias, y con escenarios muy heterogéneos y diversos. Además, estos trabajos están siendo ocupados, mayoritariamente, por mujeres y también se da una elevada presencia de mujeres de origen extranjero. Como se señalaba en el artículo, el impacto de esta tarea debería implicar una mayor atención a la salud mental y al bienestar de este colectivo. En este sentido, es necesario recordar la cuestión de quién cuida al cuidador o cuidadora y recuperar las siempre interesantes y necesarias reflexiones y trabajos de María Ángeles Durán.