Precariedad

Por EQUIPO AICTS / 4 de marzo de 2024

Nos hemos acostumbrado a vivir en realidades paradójicas y disonantes y, además, los cambios van a toda velocidad. Uno de los ámbitos en los que se refleja de forma más clara tiene que ver con las condiciones y el nivel de vida. Estos días, se ha publicado la Encuesta de Condiciones de Vida 2023 del Instituto Nacional de Estadística (INE). Aunque, en cierto sentido, ha pasado un tanto desapercibida, no han sido pocos los medios de comunicación que han reflejado sus datos e indicadores, como por ejemplo Josep Martí Blanch en El Confidencial, que exponía una serie de cuestiones sobre las contradicciones de nuestra sociedad. Los datos no dan lugar a dudas y la tendencia es claramente negativa. Aumenta el porcentaje de personas y familias que tienen dificultades para llegar a final de mes, aumentan las personas y familias que entran en la pobreza extrema, aumentan las personas y familias que no pueden afrontar un gasto imprevisto, aumentan las personas y familias que no pueden permitirse irse una semana de vacaciones fuera de su domicilio. 

El escenario se ha complejizado en los últimos cuatro años, como hemos venido también recogiendo en este Blog a través de diversos artículos, aunque las raíces hay que buscarlas en los procesos que están marcando nuestro tiempo. La pandemia del Covid-19 supuso un duro golpe, aunque las medidas para afrontarla, mitigaron la situación. Sin embargo, en cierto sentido, fueron un espejismo o un parche. Luego, los procesos de cambio y la aceleración de los mismos han dado lugar a que la precariedad se haya instalado en buena parte de la sociedad. La invasión de Ucrania por parte de Rusia y los cambios geoestratégicos, el aumento de los costes de las materias primas, crisis de suministros, aumento de precios y crecimiento de los tipos de interés han dado lugar a un escenario que está afectando de lleno a las familias y personas, a sus posibilidades para afrontar el día a día y para ahorrar, hecho que es una quimera para la mayor parte. Pero, como señalábamos, veníamos de atrás, el proceso ya se había iniciado hace tiempo y la precarización del mercado de trabajo y de los salarios era una realidad antes de la pandemia. Aunque se tomen medidas, como el aumento del Salario Mínimo Interprofesional, entre otras, no es suficiente. El escenario es más complejo y estructural.

Una de las contadicciones en las que nos encontramos es ese contexto en el que parece que todo va bien. Marcados por unos valores consumistas e individualistas, el día a día nos lleva a un cierto carpe diem, un aprovechar el momento. Además, todos los mensajes que nos rodean van en esa dirección. Sin embargo, las costuras son evidentes y se da una especie de dualización de la sociedad que se trasluce en no pocas variables y dimensiones, de la social a la territorial. Y, para todas ellas, los puntos de partida, son determinantes. Es decir, estamos regresando a estados anteriores en los que contaba más el origen que otras cuestiones. Esta dualización de la sociedad se observa cada vez más claramente en un escenario que muestra cómo, una parte de la misma, y especialmente en sociedades como las nuestras, es una clase servicio precarizada que atiende a unas clases medias-altas y altas, así como a las clases medias aspiracionales que se las van viendo y deseando para mantenerse en su posición. 

Es la realidad y los indicadores son crudos. Periodistas como por ejemplo Esteban Hernández, reflejan el espíritu de nuestro tiempo y cómo se genera una situación que ha dado lugar a unos marcos de interpretación de la realidad diferentes y que está abriendo unas brechas insoldables. La tendencia es la que venimos describiendo y se puede abordar desde una huida hacia adelante, con las recetas que no funcionan, o bien se puede caer en los brazos de propuestas extremas que tampoco van a funcionar y que encuentran el caldo de cultivo en la situación. Por el camino, hay otra vía, recuperar los principios del Estado de Bienestar, de los Derechos Sociales, de la equidad, de la solidaridad y corresponsabilidad. Lamentablemente, no parece que vayamos a ir en esa dirección. 







































 

 

 


 



 

 
















Residencias

Por EQUIPO AICTS / 26 de febrero de 2024

A lo largo de estos últimos meses, las situación de las residencias de personas mayores ha vuelto a situarse como un asunto de actualidad. Condiciones de las mismas y personal disponible han sido los puntos claves, dentro de diversas polémicas. Ahora que se van a cumplir cuatro años de los momentos más duros de la pandemia del Covid-19, vuelve a comprobarse, como ha ocurrido por ejemplo con la Sanidad, que algunas cuestiones no se han solucionado sino que, al contrario, siguel igual e incluso han retrocedido. La cuestión de las residencias hay que vincularla, obviamente, a cómo una sociedad trata a sus personas mayores. Este hecho también hay que relacionarlo con otra serie de servicios, como son los centros de día o cualquier atención a la dependencia, sin olvidar las situaciones que se dan de soledad en no pocas personas mayores. Nuestras sociedades cada vez están más envejecidas, es una realidad. Es un hecho positivo, obviamente, porque son más personas las que llegan a edades más avanzadas, lo que es una muestra del desarrollo de las sociedades. Sin embargo, no todo el mundo lo hace de la misma forma y en similares concidiones. Por otra parte, estamos entrando ya en una fase de la estructura demográfica en la que son generaciones más numerosas las que están entrando en esta etapa de la vida. Son las que nacieron en el "baby boom", fundamentalmente.

La atención y el cuidado de las personas mayores entra de lleno dentro de las políticas del Estado de Bienestar, ese modelo de sociedad que no dejamos de reinvidicar desde este Blog. Sin embargo, como ocurre en países con Estados de Bienestar familistas, es precisamente el ámbito de los Servicios Sociales el que se convierte en el eslabón más débil y menos desarrollado. España no es una excepción, a pesar de los avances logrados. Sin duda alguna, la denominada "Ley de la dependencia" de 2006 fue un punto de inflexión, con la que incluso aquellas personas que habían sido cuidadores de familiares en situación de dependencia, la grandísima mayoría mujeres, y que no habían tenido un reconocimiento de su actividad, cotizaban. Luego, llegaría la crisis de 2008 y los recortes, aunque no es menos cierto que se produjeron recuperaciones de los mismos. A pesar de este escenario, y de los ya indicados avances, nuestro sistema precisa de un mayor desarrollo. En la actualidad, todavía muchas personas no pueden afrontar económicamente el coste de una residencia o un centro de día, a pesar de las ayudas y las plazas públicas y concertadas existentes. Además, hay listas de espera para acceder a las residencias. 

Pero son las situaciones en las que se encuentran las residencias las que preocupan en no pocos ámbitos. Recordemos que hay una regulación que implica la existencia de ratios de personal que atiende a los residentes, en función de las diferentes categorías y puestos ocupados. De esta forma, se garantizaría un servicio eficiente. Sin embargo, el sector de los cuidados ha estado también en escenarios de precariedad y existen no pocas dificultades para cubrir puestos de trabajo. Desde algunos ámbitos, se incide en las condiciones de trabajo de algunas de estas residencias, con bajos sueldos, horarios complejos, etc. Además, no son pocas las voces que también inciden en cuestiones vinculadas a las privatizaciones y a la falta de controles. 

No cabe duda de que esta es una cuestión que precisa una intervención más integral. En primer lugar, la demanda de más servicios vinculados a las personas mayores aumentará, por el envejecimiento de la población y por la estructura demográfica. En segundo lugar, generar más plazas públicas tambié será una necesidad, así como asegurarse de que las condiciones de las residencias sean dignas. Y, en tercer lugar, pero no menos importante, es fundamental dignificar el papel de los cuidados y de la atención a las personas mayores. Mejorar las condiciones laborales de los trabajadores y trabajadoras de este sector, en el que priman las segundas, es un hecho ineludible. Residencias, centros de día y otros servicios son un pilar indispensable de nuestras sociedades, unos servicios básicos. No debemos olvidarlo. 

 









































 

 

 


 



 

 
















Tecnologías

Por EQUIPO AICTS / 19 de febrero de 2024

No vamos a ser muy originales en esta entrada del Blog de AICTS, en un momento en el que el debate sobre las tecnologías y su impacto en nuestras sociedades no para de crecer. Hay al menos tres situaciones en las que la cuestión de las tecnologías se ha centrado. La primera, con las consecuencias de la Inteligencia Artificial (IA), un proceso que parece no haber hecho sino comenzar. Hace aproximadamente, la aparición de ChatGPT supuso un punto de inflexión. En segundo lugar, la situación de los menores en relación a las tecnologías y, especialmente el impacto de las Redes Sociales, con el debate sobre las medidas a tomar con respecto al uso del móvil en los centros educativos. Y, finalmente, una cuestión más estructural que es transversal a todo este proceso como es el papel de las grandes empresas tecnológicas en nuestras sociedades y cómo están configurando las mismas.

Obviamente, las tecnologías son una parte consustancial del mundo en el que vivimos y han tenido más impactos positivos que negativos. No se trata de enunciar ambos, que están interiorizados plenamente, pero las reflexiones sobre las tecnologías y sus consecuencias no han dejado de crecer, y seguirán haciéndolo. Hay ciertas cuestiones que están presentes como un determinismo tecnológico que se ha incrementado en la última década. Ese determinismo tecnológico implica que, a través de las TIC, el avance de la sociedad será automático. Sin embargo, no es menos cierto que se dan brechas digitales de acceso y de uso que están condicionando nuestro tiempo. Por otro lado, la visión que se contaba acerca de Internet y las Redes Sociales, especialmente en el momento de su nacimiento, no se ha cumplido. Parecía que se podría dar una democratización mayor de la sociedad y que, con las Redes Sociales, los procesos de comunicación e interrelación, de generación de una comunidad más participativa. Pero, no ha sido así. 

A continuación, vamos a analizar los tres grandes debates que se están produciendo en relación a las tecnologías. El primero de ellos, la IA, ha ido ocupando cada vez una mayor presencia en todos los ámbitos. Las posiciones están claras en relación a la misma. Por un lado, una visión que incide en que es una evolución positiva, que permitirá una mejora de nuestras sociedades. En el otro lado, el cuestionamiento de la IA en relación a la pérdida de la dimensión humana. Además, también se producen alertas en relación a los riesgos que implica la IA y las consecuencias no deseadas que pueden darse. En este sentido, cabe recordar que los principales creadores de la IA incluso señalaron que la humanidad podría abocarse al "peligro de extinción" si no se regula la misma. En las últimas semanas, las polémicas han crecido incluso con el uso de la IA en determinados ámbitos artísticos y creativos, que muestran cómo estas herramientas pueden acabar con numerosas ocupaciones y puestos de trabajo. Sin duda alguna, la IA supone un paso más en la digitalización que implica, además, cuestiones éticas.

En segundo lugar, y también con una elevada polémica, está la cuestión del uso de los móviles en los centros educativos. No cabe duda de que nos encontramos con unas generaciones que se han socializado y cuyo mundo gira alrededor de las TIC, Internet y las Redes Sociales. Tener un ordenador en el bolsillo, el SmartPhone, implica una conectividad total. El debate sobre el uso de los móviles en escuelas e institutos es complejo, en tanto en cuanto no son pocas las ocasiones en las que se les pide a estos mismos estudiantes que usen los mismos para actividades en clase. Se produce de esta forma una contradicción enorme. Además, nuestros sistemas educativos están cada vez más digitalizados. Por otra parte, los adultos también hacen un abuso de estos dispositivos. En las últimas semanas también se han incrementado los debates sobre la regulación, incluso prohibición, del acceso de los menores a Redes Sociales. El impacto de las mismas en los niños, adolescentes y jóvenes es una realidad, afectando a cuestiones como la salud mental y generándose peligrosas adicciones. La situación es complejísima, indiscutiblemente, y será necesario hilar fino para acertar con las decisiones a tomar.

En tercer lugar, como señalábamos anteriormente, una cuestión más estructural y transversal como es el impacto de las tecnologías y sus actores protagonistas en la configuración de nuestro mundo. En todos los sentidos, desde el político al cultural, pasando por el social y el económico. Vinculándolo con el determinismo tecnológico, debemos ser conscientes de que, detrás de todos estos procesos, hay agentes que toman decisiones en un sentido o en otro. Las grandes tecnológicas, vinculadas a las denominadas "economías del contenedor", han adquirido unas dimensiones que han dado lugar a no pocas controversias y propuestas en relación a su regulación, así como a las consecuencias que generan en la sociedad y en las personas. Otra situación de enorme complejidad que nos lleva a un escenario sobre el que, en teoría, nuestro control es muy reducido.

En definitiva, unos debates sobre las tecnologías que irán en aumento en los próximos años. Posiciones encontradas, a favor o en contra, aceptación acrítica de las mismas o visiones más luditas incluso. Las implicaciones de la evolución de las tecnologías van a marcar nuestras sociedades en los próximos años, para bien y para mal. La cuestión es cómo se van a gestionar las mismas. 

 









































 

 

 


 



 

 
















La situación del sector agrario

Por EQUIPO AICTS / 12 de febrero de 2024

El mes de febrero ha estado marcado, hasta la fecha, por la movilización del sector agrario en España. No es ninguna novedad en relación al contexto europeo, donde estos procesos han sido recurrentes desde hace años, especialmente en Francia. Tampoco en el caso de España, aunque no es menos cierto que no se había dado un salto como así ha ocurrido en estas semanas. Hace dos años, ya se produjeron tractoradas con el objetivo de incidir en la situación del sector primario. Es una cuestión que viene de lejos y que, como tampoco podía ser de otra manera, ha levantado no pocas polémicas y visiones sobre este escenario. De lo que no cabe duda es que la situación del sector primario es muy compleja y que se encuentra con respiración asistida desde hace décadas.

Lo ocurrido en el campo español, como en buena parte del resto de Europa, responde a procesos globales y de la división internacional del trabajo. Además, los acontecimientos de las últimas décadas han afectado negativamente a su situación. El medio rural español se encontraba en unos cambios que Luis Camarero ha descrito de forma acertada en no pocos artículos, siendo una de las voces más autorizadas sobre la cuestión. La desagrarización, descampesinización y desfamiliarización del mismo ha dado lugar a un escenario totalmente diferente. La integración de España en la Unión Europea también implicó una transformación del medio rural y del sector primario, encuadrado en ese marco. La Globalización no hizo otra cosa que acentuar este proceso. El sector primario, por lo tanto, iba reduciéndose paulatinamente, acuciado por la falta de un relevo generacional que, en la actualidad, ya se antoja casi imposible. No es menos cierto que, en un país como España, también se había minusvalorado el medio rural y el sector primario, como un estadio a superar. Ha costado mucho superar este relato, aunque no es menos cierto que la lucha contra la despoblación del medio rural no está teniendo los resultados deseados, así como genera disonancias en relación a la situación del sector primario.

Con la Unión Europea y la Política Agraria Común (PAC), las regulaciones sobre la agricultura y la ganadería quedaban sujetas a las mismas, lo que daba lugar a algunas paradojas. Las ayudas comenzaron a ocupar un lugar determinante en las economías de los agricultores y ganaderos que, hace tiempo, trabajan a pérdidas. Es decir, la ratio coste-beneficio del producto en sí mismo, sin las ayudas, es deficitaria. Igualmente, hay que tener en cuenta que el medio rural y el sector agrario español es bastante heterogéneo, presentando una elevada diversidad en función de los territorios. Así como hay zonas que son latifundistas, otras están basadas en pequeños propietarios. Es este modelo el que está más en cuestión ya que además de las dificultades para vivir del sector primario, hay que tener en cuenta los procesos de concentración de tierras y propiedades en pocas manos, no pocas de ellas ajenas al territorio. De esta forma, se produce un desarraigo profundo que está transformando el mapa agrario español. En el caso de la ganadería, la situación es todavía más complicada.

Las reivindicaciones del sector primario pasan por esa situación de trabajar a pérdidas, con un descenso de los precios de sus productos y un aumento de los costes. Estos últimos han sido más relevantes en los dos últimos años con el aumento de la inflación, de los combustibles, etc. Además, se acusa a otros países de una competencia desleal, en tanto en cuanto no tienen que asumir el elevado número de controles que impone la Unión Europea. Si bien no se niega la necesidad de los mismos, no es menos cierto que genera una situación de desigualdad. Igualmente, la burocratización y digitalización, así como el marco de la sostenibilidad, que no es negado tampoco, pero que no tiene en cuenta ciertos impactos, son cuestiones que están encima de la mesa. En definitiva, como señalaba Esteban Hernández, es un escenario en el que un sector parece quedarse fuera del tiempo y no tiene futuro.

En esta situación, las respuestas que se han venido dando desde las Administraciones Públicas no han servido tampoco para detener o corregir el proceso. Sí, se habla de los productos de proximidad pero no se articulan soluciones para que tengan más posibilidades. Se hace mucho hincapié en la despoblación del medio rural, pero no es menos cierto que no son pocas las ocasiones en las que se centran en la idealización del mismo, generándose marcos como las nuevas ruralidades. De esta forma, también debe reseñarse que no faltan discursos que acusan a agricultores y ganaderos de la situación, de no saber adaptarse, o de ser de una determinada ideología. Solo hay que darse una vuelta por las Redes Sociales para leer ciertos discursos y afirmaciones en esa dirección. Otra cuestión es que haya partidos políticos y ciertos movimientos, especialmente la extrema derecha, que estén intentando instrumentalizar estos movimientos, como ha ocurrido en otros países. Pero, como ha demostrado la experiencia, tampoco ofrecen una solución a esta situación. Sin embargo, lo que debe llevar a la reflexión es si hemos dejado de lado estos sectores y estos colectivos, y cómo no se ha sido capaz de generar otras respuestas a la situación.

Lo que está ocurriendo en el sector primario en nuestras sociedades no es sino un indicador de los tiempos que estamos viviendo. Es cierto que el sector primario contaba con unas condiciones de partida más complicadas si cabe. La última década no ha sido sino una aceleración del proceso, como en otros tantos casos. Luego, se generan instrumentalizaciones y disputas sobre el relato. Y, por el camino, un colectivo al que no se le dan respuestas. Uno más. 







































 

 

 


 



 

 
















Perdiendo capital humano

Por EQUIPO AICTS / 26 de diciembre de 2023

No cabe duda de que, en el contexto actual, las migraciones están marcadas por la división internacional del trabajo institucionalizada con la Globalización. De esta forma, las tres últimas décadas han dado lugar a unos escenarios claramente delimitados por este proceso y su aceleración neoliberal con la crisis de 2008 y su respuesta a la misma. Así, los países y sus economías se han especializado en determinadas funciones, aunque se están dando cambios en el contexto de la desglobalización y de un mundo más multipolar. La pandemia del Covid-19 y la invasión de Ucrania por parte de Rusia contribuyeron a esta evolución que, debido a estos acontecimientos, se aceleró. El papel de China, la guerra comercial entre este país y Estados Unido, la pérdida de relevancia de Occidente, la situación de la Unión Europea, etc., son algunos indicadores de la situación en la que nos desenvolvemos.

Antes, el mapa ya había quedado claramente dibujado, fundamentalmente en el ámbito de la Unión Europea, pero también en el interior de sus países, así como en otros del ámbito occidental. De esta forma, el sur de Europa fue perdiendo su músculo industrial a través de las políticas de desindustrialización y deslocalizaciones. Una situación que antes se había dado en otros países, y de los que en parte los del sur de Europa fueron beneficiarios. Pero, en este nuevo contexto, el proceso se hacía más dramático. Además, desde el sur de Europa se compró esta receta, en general de forma acrítica. A fin de cuentas, el ser moderno era dejar de lado el mundo del pasado, identificado con la industria. Se encajaba con un nuevo modelo que se centraba en el Sector Servicios, en unas socieadades más cualificadas, en la tecnología e Internet, en el I+D+i. Por el camino, también se dejaba de lado el sector primario. Y, en todos los casos, se aludía a la falta de competitividad. En el otro lado de la balanza, no había problema porque el neoliberalismo había convertido al libre comercio en la base de sus actuaciones. No pasaba nada, podríamos tener todo, y a bajos precios, ya que se fabricaba en otros sitios. Mirábamos para otro lado ante los destrozos en las condiciones laborales o en el medioambiente de estos países, no pasaba nada. 

Mientras tanto, la terciarización no era la que nos habían contado. No, para nada. Era otra cosa. Una terciarización basada en un sector Servicios no cualificado, con una fuerte presencia del Turismo. Nada en contra de este sector, al contrario, pero sí que el modo en que lo hemos construido ha dado lugar a un escenario muy diferente. La pandemia del Covid-19 nos pareció poner ante el espejo del modelo productivo que habíamos ido generando, pero, una vez superada esta, los breves aprendizajes de este periodo se convirtieron en efímeros. Aceleramos más si cabe e impulsamos un sector Servicios no cualificado. Las voces que claman por un nuevo modelo productivo, no pocas, siguen haciéndolo en el vacío, mientras los discursos institucionales se llenan de banalidad y de promesas que, en no pocas ocasiones, no se pueden cumplir.

Los párrafos anteriores vienen por una noticia de El País publicada el pasado 22 de diciembre, que pasó un tanto desapercibida, y con un titular muy contundente: "España perdió 154.800 millones de euros en 2022 por la salida de capital humano", firmada por Luis Enrique Velasco. Tuvimos que leer el titular en dos o tres ocasiones porque, la cantidad, señalada, es estratosférica, y se basa en un estudio de la Fundación BBVA, reforzando el artículo otras fuentes como el INE y Cepyme. Resumiento la noticia, en 2022 salieron de España más de medio millón de personas. De ellas, el 90% eran personas en edad de trabajar y prácticamente un 50% contaban con estudios superiores. También destacaba la edad joven de las personas que se iban de España, ya que solo uno de cada cuatro era mayor de 55 años. Por lo tanto, jóvenes y cualificados vendrían a ser las personas que se están yendo de España. El cálculo del impacto económico se basa en "En el cómputo del valor del capital humano se incluye la contribución de las personas a la producción presente y futura, es decir, el valor de las rentas brutas esperadas de la población en edad de trabajar a lo largo del resto de su vida. Por lo mismo, depende de las tasas de actividad, las cuotas de paro, la productividad en el trabajo y la esperanza de vida de los individuos, así como los niveles de formación o experiencia laboral", como se recoge en el artículo señalado. 

¿Les suena?, seguro que sí, a lo ocurrido en la crisis de 2008. En aquel periodo, se incidió muchísimo en la pérdida de dicho capital humano. En el hecho de que en España no había oportunidades para muchas personas con cualificación. En que nuestro país había realizado una fuerte inversión en formación y cualificación y que no iba a tener su correspondencia en nuestra sociedad. Eran personas que, mayoritariamente, no querían irse. De estas cuestiones, no se volvió a hablar con la recuperación de dicha crisis, pero seguía ahí. Y es que este proceso está relacionado con esa estructura productiva que tenemos. No, no es que formemos a mucha gente, o que haya una elevada sobrecualificación, no, el problema es que nuestro sistema económico y productivo no es capaz de aprovechar esa formación. Y así nos va, y seguiremos así. 


































 



 
















Hacer una pausa

Por EQUIPO AICTS / 18 de diciembre de 2023

Nuestro modo de vida se articula a través de la velocidad y de un consumo del tiempo acelerado. Vivimos épocas basadas en una constante actividad, tanto a nivel personal como laboral. En relación a lo primero, ocupamos las horas libres que nos quedan con numerosas actividades, parte de las cuales están destinadas al ocio que son notificadas y retransmitidas a través de las Redes Sociales. Además, las responsabilidades familiares también van creciendo, especialmente si se tienen hijos, ya que que nos vemos absorbidos también por numerosas actividades extraescolares. En el plano laboral y profesional, las cosas no van mejor. Al contrario, hay numerosos empleos en los que la división del tiempo entre lo doméstico y el mundo del trabajo se ha difuminado. La pandemia dio lugar a un acelerón en ese sentido. E, igualmente, se han incrementado los ritmos de trabajo y las exigencias en los mismos.

Hace unos meses, se puso muy de moda, y fue muy difundido, el concepto de "la gran dimisión". Dicho fenómeno aludía a cómo trabajadores y trabajadoras, de sectores cualificados, iban dejando de lado sus actividades para buscar unas vidas más pausadas y plenas. Como decimos, tuvo una gran visibilidad, lo cual daba a entender que casi cualquier trabajador o trabajadora podría tomar dicha decisión, hecho que no era cierto, obviamente. Los reportajes y artículos hacían referencia a no profesionales que estaban en actividades vinculadas a las grandes consultorías, tecnológicas, universidades e investigación, etc. En definitiva, una cuestión muy puntual para personas que podían permitirse el lujo de tomar esas decisiones. La gran mayoría de la sociedad no está en esas circunstancias.

Sin embargo, la velocidad de la vida que llevamos sí que precisa de que hagamos una pausa. No sabemos cómo ni de qué manera, pero no cabe duda de que los tiempos que vivimos son de la inmediatez, del ahora y del todo para ayer. La planificación, en no pocas ocasiones, queda en un segundo plano porque, en el mismo momento, va a surgir una urgencia que vamos a tener que atender. Aunque, como bien sabemos, igual no es para tanto o puede esperar. Las tecnologías han ayudado, sin duda alguna, a que vivamos de esta forma. Llevar un ordenador en el bolsillo nos tiene permanentemente conectados y en una alerta continua. No dejamos de mirar el móvil para ver si hemos recibido un WhatsApp, un correo o nos han dado a "Like" en la red social de turno, sin olvidarnos de seguir las mismas para ver qué imágenes o informaciones cuelgan otras personas. Una locura.

Seguramente, "consejos vendo que para mí no tengo", algo que es muy frecuente desde nuestro ámbito, el académico, en cuestiones como las que no ocupa. Y es que, sin duda alguna, también somos especialistas en estar ocupados a todas horas. No hay duda de que las carreras investigadoras y académicas se han vuelto más duras y complejas, con mayores exigencias, lo que nos lleva también a estar constantemente activos. Como en la mayor parte de los casos, se produce una sensación de no llegar o de estar corriendo en una baldosa.

Hacer una pausa es necesario porque, con estos ritmos, nos vemos abocados a la ansiedad, al estrés y a situaciones que afectan a nuestra salud mental. Vivir a toda velocidad y a la carrera, en todos los sentidos, implica que no podamos disfrutar plenamente de lo que hacemos. Es frecuente decir, "hemos hecho esto, vamos a otra cosa". Y solamente cuando echas la vista atrás, te das cuenta de lo realizado. Sí, se disfruta mucho del camino, pero con los ritmos de vida que llevamos, perdemos muchas veces las perspectivas. Parémonos en ocasiones porque, de lo contrario, nos olvidaremos de cuestiones muy importantes. 
































 



 
















Sobre los resultados del Informe PISA 2022

Por EQUIPO AICTS / 11 de diciembre de 2023

El pasado 5 de diciembre se publicaron los resultados del Informe PISA 2022. La nueva edición de esta herramienta de medición de la situación de la Educación en 81 países de la OCDE era esperada por todos los agentes educativos, así como desde el ámbito político. Además, las pruebas de PISA en Matemáticas, Ciencias y Lectura iban a recoger también el impacto de la pandemia Covid-19 en los sistemas educativos. En el caso español, junto con la espera de estos resultados, también se destaca la situación de cada una de las Comunidades Autónomas, siendo un país que tenemos las transferencias educativas transferidas a las regiones. Como no podía ser de otra manera, las reacciones no se hicieron esperar, y las polémicas fueron manifiestas. 

En cuanto a los resultados, a nivel global se ha observado un descenso de los resultados educativos que mide PISA, aplicado a estudiantes de 15 a 16 años y con la participación de 690.000 personas de los ya citados 81 países. El impacto de la pandemia se ha dejado notar, especialmente en el ámbito más medido como es el de Matemáticas. España también ha perdido puntuación en todos los casos, pero ha aguantado mejor las consecuencias de la pandemia que vecinos de su entorno, señalándose en los medios de comunicación el papel de las políticas públicas que se pusieron en marcha para afrontar las consecuencias de los cierres de centros educativos, así como el curso 2020-2021, de gran complejidad. En este sentido, España ocuparía la posición 25 en Matemáticas, superando a la media de la OCDE pero ligeramente por debajo de la UE. En el caso de Ciencias, repetiría posición con la misma puntuación que la OCDE y mejorando la de la UE. En Lectura, también se dan situaciones similares, iguales puntos que la media de la OCDE y mejorando la media de la UE. Sin embargo, tampoco debe dejarse de lado ese empeoramiento de los resultados, hecho que también se constata en otros estudios e investigaciones y que lleva tiempo vinculado a la batalla entre diferentes corrientes pedagógicas. 

A nivel autonómico, los resultados vuelven a evidenciar las diferencias regionales, en un contexto en el que, como globalmente, también han descendido las puntuaciones como consecuencia de la pandemia. De esta forma, Castilla y León vuelve a ser la Comunidad Autónoma con mejores resultados en las tres categorías analizadas. En los primeros puestos, les acompañan regiones como Aragón, Cantabria, Asturias, Madrid, La Rioja, Navarra y Galicia. Llama la atención cómo País Vasco y Cataluña han perdido tanto puntuaciones como posiciones. Dos de las regiones con un mayor desarrollo de España se encuentran en puestos alejados de la cabeza, y tampoco otro de los territorios más pujantes, Navarra, se sitúa en estos lugares, aunque mejora a Cataluña y País Vasco. Con las peores puntuaciones aparecen Ceuta, Melilla, Andalucía y Canarias, situándose un poco por delante regiones como Murcia y Castilla La - Mancha, junto a Cataluña, especialmente en Lectura. 

Como hemos comentado, los resultados han dado lugar a las polémicas habituales, especialmente en un contexto tan polarizado como el actual. Igualmente, se ha hecho especial hincapié en los resultados de Cataluña, en menor medida en los de País Vasco, que también han encontrado fuertes polémicas por las justificaciones esgrimidas, en primer lugar con los resultados achacados a la inmigración. Entre otras cuestiones, se observa cómo en el caso español siguen reproduciéndose desigualdades educativas que están vinculadas al estatus socioeconómico, aunque no es menos cierto que los sistemas educativos españoles tienen capacidad para afrontar este hecho. Pero, los escenarios de concentración de un alumnado en situación de vulnerabilidad y exclusión social, no encuentran solución. Además, como hemos comentado en otros posts de este Blog, las desigualdades en Educación se están reproduciendo de otras formas, algunas muy sutiles.

No cabe duda de que el Informe PISA tiene sus críticas, y justificadas, tanto en la forma como en el contenido, ya que no mide todo lo que representa la Educación o que se podrían establecer otra serie de pruebas, así como se cae en establecimiento de esos rankings que son lanzados entre agentes de la comunidad educativa. Pero, es un instrumento, limitado, que nos permite ver la situación de nuestros sistemas educativos. Con la misma, tendríamos que ser capaces de ponernos de acuerdo en mejorar los mismos y generar una mayor equidad, en vez de estar sumidos en debates estériles. Pero, lamentablemente, está claro que nos centramos en los segundos. 

































 



 
















El impacto de la soledad

Por EQUIPO AICTS / 04 de diciembre de 2023

Vivimos en unas sociedades que están en continuo cambio. Es una realidad a la que nos vamos adaptando a medida que se suceden procesos de transformación de forma cada vez más acelerada. Los mismos, van a una velocidad que, lo que hace unos pocos años era una certeza, ahora ya ha mutado. Sin duda alguna, los cambios tecnológicos son el principal indicador de los mismos. Unas sociedades que avanzan a una digitalización cada vez mayor, que afecta a todos los ámbitos de nuestras vidas. Con la Inteligencia Artificial (IA), y todos los debates que le rodean sobre su impacto, así como otras cuestiones vinculadas a la digitalización, se ha dado un salto cualitativo en este escenario. Las tecnologías han cambiado nuestras formas de informarnos, de comunicarnos, de relacionarnos, de participar como ciudadanos y ciudadanas, de trabajar, de consumir... está afectando a todo. Las bases de nuestras sociedades han cambiado profundamente en dos décadas. Las tecnologías están trayendo grandes avances y efectos muy positivos, pero también cuentan con retos y desafíos, consecuencias queridas y no queridas, y brechas digitales que se van agrandando a medida que las tecnologías avanzan, como hemos venido también manifestando en algunos posts de este Blog. 

En el ámbito social, estamos más interconectados que nunca, en teoría. Internet y las Redes Sociales han ido configurando un tejido se nos muestra en todo su esplendor a cualquier paso que damos. Llevamos un ordenador en el bolsillo, un Smartphone o un IPhone, y nos van saltando las notificaciones de las interacciones que se producen a nuestras publicaciones en Instagram, Twitter, Facebook, TikTok, etc. Redes Sociales en las que operan claramente variables como la edad, especialmente para aquellos colectivos más jóvenes, que están vinculados al un mundo de la imagen. Las Redes Sociales nos muestran, como han apuntado no pocos expertos, un mundo de interacciones continuas y que funcionan de modo adictivo. Cuantos más amigos, seguidores, likes, etc., se tenga, mejor. Sin embargo, detrás de este escenario, y sin negar también que las Redes Sociales tienen aspectos positivos, como la posibilidad de conectar a gente que se encuentra lejana, la difusión, etc., nos encontraríamos con un importante vacío. 

La revista digital ETHIC publicó hace unos días "La juventud solitaria" de Arantza García. La autora expone una serie de indicadores, provenientes de diferentes estudios y fuentes como la Fundación ONCE, Cruz Roja, así como de artículos científicos, que reflejan cómo existe un importante porcentaje de jóvenes que se sienten solos o que no cuentan con relaciones significativas, o no están interesadas en ellas. Paradójicamente, en un contexto como el descrito en los párrafos anteriores, en el de una hiperconectividad a través de las Redes Sociales e Internet, se va produciendo un incremento de la soledad entre este grupo de edad. De esta forma, casi el 22% de los jóvenes españoles de 16 a 24 años se sienten solos, siendo un dato que no se produce únicamente en España sino también en otras sociedades desarrolladas. Los diferentes informes y estudios recogidos hacen hincapié en esa paradoja, la de la sociedad cada vez más interconectada pero las dificultades para muchas personas de establecer relaciones significativas, aportando algunas respuestas como la importancia que tiene el contar con las mismas para contar con una mejor salud mental y bienestar.

Y es que, no podemos desligar esta cuestión de esta última conclusión. En un contexto como el que nos encontramos, con una salud mental cada día en mayor riesgo, la dimensión relacional cuenta con un valor importante. Se ha analizado en colectivos como las personas mayores, las cuales tienen más posibilidades de encontrarse en situaciones de soledad porque muchas de ellas viven solas, sus familiares no se encuentran cerca, etc. Los resultados, en este caso, están claros: a mayor soledad, mayores riegos de depresión. En el caso de los jóvenes, que no cuentan con estas circunstancias en la gran mayoría de los casos, son otros factores como es el impacto de las tecnologías y las Redes Sociales. Se producen, de esta forma, situaciones de aislamiento y buena parte de las relaciones que se establecen a través de estos medios carecerían de características como la calidez o la profundidad, aunque se reconoce que las Redes Sociales pueden mejorar la conectividad de las relaciones.

En definitiva, una sociedad como la nuestra en la que el sentimiento de soledad está cada vez más presente, afectando también a los colectivos más jóvenes. Una sociedad que precisa de prestar una mayor atención si cabe a estos procesos, por su impacto en la salud mental y en el bienestar de las personas. Además, en unas sociedades en los que el estrés y las demandas, en todos los niveles, desde el personal al profesional y laboral, son crecientes, también podemos encontrarnos solos y desbordados, aunque estemos rodeados de personas. 































 



 
















Los retos de una sociedad cada vez más envejecida

Por EQUIPO AICTS / 27 de noviembre de 2023

Como siempre que se publican indicadores que hacen referencia a las estructuras demográficas,  surgen los análisis e interpretaciones de los mismos. Verdaderamente, estos los repetimos constantemente ya que, en definitiva, los cambios son mínimos y lo que ocurre es que se constatan las tendencias que se vienen recogiendo desde hace décadas. A saber, unas sociedades como las nuestras que cada vez tienen natalidades más bajas y en las que crece la población mayor, aumentando la esperanza de vida. Los crecimientos vegetativos, natalidad menos mortalidad, suelen ser negativos y, cuando están en el lado contrario, son mínimos. Las migraciones son las que permiten a las sociedades crecer en número de habitantes. Como decimos, esto no es una novedad, y en el caso de España menos. Cuando a comienzos del siglo XXI, España pasó a ser un país de inmigrantes en vez de emigrantes, ya venía de unos escenarios complejos para la natalidad. Era un país con unos crecimientos bajos, costó llegar a los cuarenta millones de habitantes. Al igual que en otros escenarios, España llegó tarde a la siguiente etapa de la transición demográfica, pero luego aceleró.

Las altas tasas de natalidad del "baby boom", en la década de los sesenta y primera mitad de los setenta del siglo XX, junto con el descenso de la mortalidad, dieron lugar a unos crecimientos de la población muy elevados. Sin embargo, ya en la segunda mitad de esa década de los setenta se observa una tendencia descendente de la natalidad, con cambios de valores y socioculturales de primerísimo nivel, especialmente la emancipación de la mujer, el retraso en la edad de tener hijos, etc. Estos procesos, seguirán su curso, así como con otros vinculados a la decisión de tener hijos o no, o también en los propios retrasos en la incorporación al mercado laboral, la emancipación y la edad del primer hijo, junto con el papel otorgado a los hijos, los llamados "hijos de calidad". Es decir, la decisión de tener hijos se planifica y depende de unas circunstancias específicas, vinculadas a la economía y a la estabilidad laboral, que han ido marcando estas décadas últimas. La natalidad, por lo tanto, ha seguido una curva descendente, vinculada también al hecho de que las cohortes que entran a tener su primer hijo no solo lo hacen más tarde, como se ha señalado, sino que son menos numerosas.

Paralelo a este proceso, el envejecimiento de la población es imparable. Generalmente, se suele identificar de forma no muy positiva el mismo, pero debe contarse con una mirada diferente. El hecho de que más personas puedan llegar a edades más elevadas, y con mayor calidad de vida, representa un indicador de la evolución de una sociedad. En este caso, con una esperanza de vida por encima de los 80 años, España muestra un progreso evidente. No es menos cierto que hay que tener en cuenta que es un colectivo heterogéneo, con diferentes situaciones de llegar a esta etapa de la vida, como hemos señalado en otros artículos de este Blog. Sin embargo, no cabe duda de que este escenario, combinándose con el anterior, genera una serie de retos y desafíos en función de la evolución que vaya desarrollándose. 

En Ethic, Luis Meyer escribía el pasado mes de octubre un interesante artículo bajo el título "España, ¿país para viejos?". En el mismo, se abordaba este escenario demográfico en el que los jóvenes van representando un menor porcentaje de población que los mayores. De esta forma, la sostenibilidad de la sociedad asiste a retos que Meyer apunta en su artículo, a través de la consulta con diferentes expertos. Así, el incremento de la población mayor tendrá su impacto en los sistemas de dependencia, así como en las propias redes de las personas, a la hora de afrontar estas situaciones. Se señala que el papel de las Administraciones Públicas será más determinante si cabe. Además, las transformaciones del mercado de trabajo y de la digitalización también impactarán en el colectivo de mayores, incidiéndose en cambios en el primero, actualmente discriminatorio para las personas de más de 50 años. Y, en relación a la digitalización, deben abordarse procesos de formación continua para que todas las personas y colectivos se encuentren en igualdad de oportunidades para afrontar esta situación. En la actualidad, las brechas digitales de uso y, en menor medida, de acceso, son una realidad, y las personas mayores las sufren.

En definitiva, un escenario que no por conocido, sabido y analizado, se nos presenta cada vez en mayor profundidad. Las soluciones a estos retos son complejas, pero no es menos cierto que deben incidirse en anticiparse a los escenarios que, de seguir estas tendencias, se están dibujando. De lo contrario, nos encontraremos mayores retos y dificultades. 





























 



 
















Dificultades para llegar a fin de mes

Por EQUIPO AICTS / 20 de noviembre de 2023

Es habitual que nos centremos en el Blog de AICTS en noticias e informes vinculados a las condiciones de vida y a las desigualdades. Ciertamente, en la última década y media se han dado cambios en nuestras sociedades que están desembocando en una precarización de las primeras y en un aumento de las segundas. No faltan las voces que señalan que, en la actualidad, se vive mucho mejor que en otras épocas. No les falta razón, nuestras sociedades han alcanzado una elevada situación de bienestar. Y, realmente, no es menos cierto que estamos pasando una historia de la Humanidad que, en el mundo occidental, se ha caracterizado por un progreso y una paz duradera, con algunas situaciones excepcionales. Pero, no es menos cierto que la deriva de nuestro mundo con las consecuencias de la Globalización, del modo en que se ha desarrollado la misma, así como con la aplicación de medidas económicas neoliberales, está dando lugar a un escenario en el que nuestras condiciones de vida se pueden ir perdiendo, y no es cuestión de ser agoreros. El aumento de los precios, de los tipos de interés, la inestabilidad del mercado laboral, etc., están definiendo un contexto en el que la movilidad social no funciona. 

De esta forma, las noticias no sorprenden y cada poco tiempo van apareciendo nuevos indicadores que nos muestran una realidad cada vez más cruda para cada vez más personas y familias. Sin embargo, también nos hemos ido inmunizando. Lamentablemente, nos hemos acostumbra a estas noticias y datos. Este hecho recuerda a lo que ocurrió en la crisis de 2008, cuando durante unos años asistíamos a numerosos estudios y a cifras durísimas, como por ejemplo las del aumento del desempleo. También es cierto que, en nuestras sociedades, hay personas y colectivos para los que estas situaciones suenan algo lejano, que no les afecta. Este hecho implica una ruptura de otro factor importante en nuestras sociedades como es la ruptura de la cohesión social. Hay estratos de la sociedad que se encuentran en unas situaciones de vulnerabilidad y riesgo de exclusión social, entre los que se reproduce la desigualdad y este escenario.

Los datos que han salido en los medios de comunicación en los últimos días inciden en esa situación. Por ejemplo, El País se hizo eco de un próximo estudio bajo el título Prevención y atención a la exclusión residencial de la organización Provivienda. A partir de los datos de la "Encuesta de condiciones de vida" del Instituto Nacional de Estadística (INE), los resultados que se muestran son muy explícitos. De esta forma, tras hacer frente a los gastos de alquiler o pago de la hipoteca, un 17% de los hogares españoles se quedan en situación de pobreza severa. Este hecho muestra dos procesos de nuestros tiempos. Por un lado, el importante peso que tiene en nuestros gastos la vivienda, habiéndose producido el ya comentado incremento de los tipos de interés, así como un aumento de los alquileres que hace muy difícil el acceso a la vivienda en ese régimen; por otr parte, la precarización del mercado de trabajo, con unos salarios bajos. El estudio muestra cómo, precisamente, el riesgo de caer en esa pobreza severa es mayor para las personas que tienen la vivienda en alquiler que en propiedad, todo un indicador. Mujeres, jóvenes y extranjeros extracomunitarios son los colectivos que están en un escenario más complicado.

Precisamente en relación a los jóvenes, Cinco Días publicaba un artículo sobre un estudio que hacía referencia a que el 30% de los jóvenes españoles tienen dificultades para cubrir sus gastos básicos. En este caso, el trabajo lo ha desarrollado ESADE y también abarca la situación en otros países del arco mediterráneo como son Italia, Portugal, Líbano, Marruecos, Túnez y Jordania. Además de estas dificultades, también un 40% indica que tienen muchos problemas para conseguir ahorrar. Igualmente, la emancipación se ralentiza en España. Sin embargo, también señalan que sus expectativas de futuro son positivas y que esperan poder contar con una situación de estabilidad. Es decir, cuentan con perspectivas de futuro, aunque reconocen y son conscientes del contexto en el que se desenvuelven.

En definitiva, un escenario de complejidad y dificultades en la vida diaria y cotidiana, para afrontar gastos básicos, y en el que es determinante el origen socioeconómico, que marca la posición de partida. Nuestras sociedades se encuentran ante grandes desafíos y retos que tienen que ver con sus condiciones de vida y la cohesión social. De momento, no pinta bien. 




























 



 
















Las brechas territoriales

Por EQUIPO AICTS / 12 de noviembre de 2023

El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado el Atlas de distribución de renta de los hogares correspondiente a 2021. El mismo se realiza tomando como base de datos a la Agenda Tributaria y a las Haciendas Forales. Es decir, permite un descenso a secciones censales y municipios, provincias, etc. De esta forma, se pueden observar las diferencias de renta en estos ámbitos, lo que muestra las realidades y brechas de nuestro país en el ámbito socioeconómico. Obviamente, los medios de comunicación se han hecho eco de esta publicación, una vez más, mostrando en qué localidades y territorios hay máyores niveles de renta y en cuáles menos. Además, también se permite una visualización de los datos, lo que refleja a nivel de mapas estas realidades. Igualmente, hay que tener en consideración que este atlas muestra los datos de renta, lo que no implica otras variables y factores que marcan el bienestar de las poblaciones.

Como siempre que salen a relucir estos datos, aparecen los municipios con un mayor nivel de renta y los de un menor. De esta forma, entre las primeras aparecen Pozuelo de Alarcón (Madrid), Matadepera (Barcelona) y Boadilla del Monte (Madrid). Pozuelo alcanzaba una renta media por persona de más de 27.000 euros por habitante. En cuanto a las capitales provinciales, San Sebastián, Madrid y Barcelona volvieron a destacar como las primeras clasificadas. Y, en las provincias, ninguna novedad al ser las tres primeras Guipuzkoa, Bizkaia y Madrid. En el lado contrario de la clasificación, y con respecto a los municipios mayores de 2.000 habitantes con menor nivel de renta, se encuentran El Palmar de Troya (Sevilla), Albuñol e Iznalloz (Granada), todos ellos por encima de los 7.000 euros por habitante, casi 20.000 menos que en Pozuelo de Alarcón. En cuanto a las provincias, serán Almería, Badajoz y Huelva las que cuenten con un nivel de renta más reducido, alrededor de 10.000 euros, mientras que las primeras clasificadas estaban por encima de 16.000. 

En cuanto al Índice de Gini, que mide la brecha de desigualdad dentro de un territorio, también muestra valores elevados. Madrid, Málaga, Navarra, Granada, Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria están en 0,33 o por encima de esa cifra. De esta forma, Madrid se sitúa en un 0,35, lo que implica que la renta de un hogar perteneciente a la categoría del 20% más rico es 3,1 veces mayor que un hogar que se encuentra en la categoría del 20% más pobre. Teruel, Soria y Palencia están en un Índice de Gini de 0,28, siendo la distancia entre estos dos grupos de 2,4 puntos.

El atlas también incide en las diferencias entre zonas rurales y urbanas. De esta forma, los entornos rurales cuentan con un mayor porcentaje de secciones censales situadas entre los niveles de renta más bajos, mientras que las zonas urbanas poseen más secciones censales entre los niveles de renta más altos. De nuevo, la desigualdad territorial es un hecho. Así, las regiones del sur de España cuentan con zonas rurales más empobrecidas, con más de un 50% de secciones censales de renta baja en Andalucía, Murcia, Extremadura y Castilla - La Mancha, incluso en el caso de Andalucía y Extremadura por encima del 75%. Por el contrario, las zonas rurales del norte de España no llegan a estos niveles de rentas bajas, ni mucho menos. En el caso de las zonas urbanas, destaca que más del 40% de las secciones censales de Madrid, Navarra y País Vasco están entre las rentas altas.

A nivel autonómico, los indicadores también resultan claramente desiguales. De esta forma, el INE muestra cómo el el 86,7% de los municipios de Murcia, el 83,7% de los de Andalucía y el 82% de Andalucía serían de renta baja. En el lado contrario, de nuevo las regiones más ricas y del norte de España aparecen en los primeros lugares: el 84,9% de las localidades del País Vasco, el 66,5% de Navarra y el 44,4% de Cataluña están categorizados como de renta alta. Contrasta con que ninguno de Murcia aparezca en esta categoría, el 0,3% de Andalucía y el 0,5% de Murcia.

Numerosos indicadores y mapas que consultar, pero que nos llevan a unas conclusiones que son una realidad estructural e institucionalizada como son las enormes brechas y desigualdades territoriales que se dan en España, y que se están ampliando y reproduciendo. El mapa que nos muestra el INE, con toda su gama de colores, marca una clara línea entre norte y sur, con rentas medias - altas y altas en la primera mitad y con rentas bajas y medias - bajas en la segunda. Como hemos indicado anteriormente, hacen falta más indicadores y factores para medir el bienestar de los territorios, pero estos datos muestran una cohesión territorial en cuestión. Son factores estructurales e históricos, no hay que olvidar cómo se ha ido articulando territorialmente nuestro país, con unas zonas mucho más industrializadas que otras, con otros territorios en los que el proceso de Globalización está teniendo unas consecuencias más negativas, con unas ciudades globales, como son Madrid y Barcelona, que han concentrado numerosos recursos y capitales, también humanos, especialmente la primera. 

En definitiva, brechas y desigualdades que siguen creciendo y van afectando a la vida cotidiana de ciudadanos y ciudadanas. Un escenario de gran complejidad y de difícil solución, pero que cada vez se va alejando más. No es algo que ocurra únicamente en España, es una realidad en todos los países occidentales, con mayor o menor intensidad. España, como hemos manifestado anteriormente, tiene sus propios procesos y sus escenarios que son secuales. Estos indicadores, una parte de la realidad, son determinantes.