La formación de adultos

Por EQUIPO AICTS / 27 de junio de 2022

El escritor Guillermo Aguirre, que acaba de publicar su novela Un tal Cangrejo (Sexto Piso), hacía la siguiente reflexión en una entrevista con Manuel Jabois en El País: "erradicar eso de “fracaso escolar”, que no sé cuánto daño hace. Sin llegar a la tontería de dejar de corregir con rotulador rojo para no ofender a los alumnos. No es un punto de no retorno dejar el colegio, entre otras razones porque siempre hay un camino de vuelta, siempre hay un momento en que puedes volver y sacar la ESO, hacer el Bachillerato, matricularte en una carrera. Pero eso no te lo cuentan, no sea que dejes de estudiar todavía antes". Dicha respuesta venía motivada por el tema abordado en su sugerente novela, que leeremos cuando sea posible, una historia en cierto punto autobiográfica que retrata el Bilbao de la década de los noventa del siglo XX, con unos protagonistas, él incluido, que habían abandonado los estudios, en parte por las circunstancias y los orígenes sociales que les rodeaban. Además, Aguirre argumentaba de forma crítica el papel de diferentes programas, hacía referencia a los extintos Programas de Cualificación Profesional Inicial (PCPI), que son los que él conoció, así como había vuelto a estudiar, sacarse la Secundaria y el Bachillerato, e iniciar la carrera de Filología. Como decíamos, una novela muy sugerente que abre muchos debates, al menos en relación a lo leído en la interesante entrevista con el autor.

El mismo diario recogía en su Blog "Escuelas en Red" un artículo de Rodrigo J. García, también coordinador de dicho blog, bajo el título "Historias de superación en un centro de formación de adultos en Ceuta". También es una lectura muy recomendable ya que aborda cómo numerosas personas, en un contexto como el de la Ciudad Autónoma de Ceuta, pertenecientes a diferentes colectivos en los que se cruzan variables que inciden en su vulnerabilidad, exclusión y desigualdad, han logrado aprender competencias básicas, las cuales son determinantes para el acceso a un empleo y para desenvolverse en sociedad, logrando así una mejor inclusión laboral y social. En relación a la primera, hemos reflexionado en el Blog de AICTS en numerosas ocasiones sobre el papel que el trabajo tiene en nuestras sociedades.

Valgan estas dos muestras para reflejar la importancia de la formación de adultos y seguir insistiendo en la misma, especialmente en un contexto como el actual en el que hay unas mayores necesidades en ese sentido. Por un lado, tal y como indicaba Aguirre, porque las trayectorias están lejos de ser lineales. Tiene razón en la carga estigmatizadora del "fracaso escolar" y que luego se pueden producir retornos al sistema educativo, como es su caso, entre muchos. Obviamente, no son la mayoría, lamentablemente, porque se van generando dinámicas que rompen dichas posibilidades y, como bien apunta el propio Aguirre, tampoco en ocasiones el sistema opera para ello. Pero, no es menos cierto, que entre la formación de adultos se encuentran también la adquisición de la titulación en Secundaria, por ejemplo, y otras vías que tendrían que abordarse en mayor profundidad. Por otra parte, para no pocos colectivos es una vía de acceso a la ya señalada inclusión laboral y social. Sin la misma, sus opciones serían mucho menores. Además de las certificaciones básicas educativas, también se destaca el aprendizaje del idioma español y/o del resto de los oficiales del Estado en los distintos territorios, las TIC, otros idiomas, etc., tanto de forma reglada como no reglada. 

Finalmente, ya hemos recogido en AICTS la labor de investigación y trabajo en estas cuestiones que desarrolla el grupo GRASE (Grup de Recerca i Anàlisi Social i Educativa) de la Universitat de Lleida, liderado por Jordi Garreta i Bochaca. El año pasado, Núria Llevot Calvet y Olga Bernad Cavero, integrantes del mismo y de la propia Universitat de Lleida, junto con Gabriella Aleandri, de la Università degli Studi Roma Tre, coordinaron Experiencias y aprendizajes a lo largo de la vida. Italia y España, publicación que recoge diferentes trabajos de especialistas sobre la cuestión, fundamentamente en los dos países señalados. También GRASE y la Universitat de Lleida retoman este año 2022 el Seminari: Immigració i educació d'adults d'origen estranger: experiències singulars, en la que será su cuarta edición tras el parón generado por la pandemia covid-19 en los años 2020 y 2021, siendo el último celebrado en 2019. El 9 de noviembre de 2022 es la fecha elegida para retomar esta interesante iniciativa que permite seguir analizando y reflexionando, así como poniendo en valor la necesaria formación de adultos. 



 
















El trabajo y sus cambios

Por EQUIPO AICTS / 20 de junio de 2022

Nunca dejamos de hablar del trabajo y de las circunstancias que lo rodean debido, obviamente, a la posición central que ocupa en nuestras sociedades y en nuestras vidas. Los debates sobre la cuestión son recurrentes y relevantes, y seguirán siéndolo, especialmente en relación a todos los cambios que vienen acaeciendo y que están haciendo hincapié en precarizaciones y vulnerabilidades o en cómo se transforman unas condiciones que dan lugar a esos escenarios de inestabilidad. Seguramente, las generaciones de más edad nos hayamos socializado en un concepto del trabajo muy vinculado a los términos de Sennett, al que volveremos, de carrera y biografía. Esas trayectorias que estaban definidas y marcadas por unos pasos claros. Formación, empleo con una cierta estabilidad y jubilación. Los trabajos temporales, los cambios frecuentes, etc., no eran para muchas personas lo habitual sino periodos excepcionales. Lo mismo ocurría con el desempleo y con la economía informal, aunque no es menos cierto que en España estos escenarios han sido más estructurales, afectando especialmente a colectivos vulnerables y reproduciéndose las desigualdades y la estructura social. Además, y no menos importante, el empleo es que permite el acceso a ciertos Derechos Sociales. Igualmente, este modelo de sociedad se germinó con un Estado de Bienestar poderoso que entró en crisis en la década de los setenta con la llegada de las corrientes neoliberales. Y un escenario en el que no era menor la importancia de los procesos de negociación colectiva, con un papel determinante de los sindicatos.

En los últimos veinte años, este modelo ha cambiado y, como hemos señalado, las tendencias son diferentes. Ya no es posible una carrera en muchos casos. Ese concepto del "trabajo para toda la vida" ha desaparecido prácticamente, salvo que se entre como trabajor público, y la inestabilidad es la regla. La crisis de 2008 contribuyó decisivamente a cambiar las condiciones laborales de buena parte de la población. Antes, ya el papel de los sindicatos había descendido alarmantemente, la negociación colectiva perdía valor, y las nuevas formas de empleo iban apareciendo. Con las "economías del contenedor" y las plataformas tecnológicas, se daba paso a nuevos modelos de empleo, de autoempleo y de servicio a demanda. La "uberización" se fue institucionalizando y nuestro paisaje laboral mutó. Además, la siempre presente amenaza de la automatización, y los cambios acaciedos en todos los sectores vinculados a la misma, también sigue siendo un elemento de inestabilidad. Junto a todo ello, hemos asistido a una serie de discursos, lanzados desde diferentes ámbitos, especialmente económicos, que han incidido en el emprendimiento y en ciertos aspectos relacionados con el uso del tiempo, de la realización, etc. Sin embargo, en no pocos casos hay muchas trampas detrás de estos discursos. Igualmente, la presión por la productividad y los resultados, cada vez más medidos, el temor a perder el empleo, etc., ha dado lugar a un incremento de las cargas de trabajo, sin olvidar que ha habido también ajustes y despidos que han reducido plantillas. En definitiva, nos encontramos con un mercado de trabajo cada vez más polarizado en el que una cada vez menor cantidad de empleos de calidad están disponibles y, el resto, van entrando en diferentes grados de precarización, más presente en unos sectores o ámbitos que otros. Además, esos empleos de calidad estarán disponibles para determinados grupos sociales, aquellos que cuenten con los diferentes capitales (económicos, sociales, culturales y relacionales) para acceder a los mismos. Lo estamos viendo en muchos ámbitos y el universitario es uno de ellos.

En este contexto, cabe señalar el movimiento que se ha denominado como "la gran dimisión", que ha comenzado en Estados Unidos y que hace referencia a trabajadores que no están dispuestos a aguantar determinadas condiciones laborales que están minando su salud y vida personal. Es interesante analizar estos procesos aunque también conviene delimitarlos. Por un lado, porque pueden hacer referencia a determinados sectores, cualificados, en la que existen personas que se pueden permitir esa "dimisión" o "renuncia". Es decir, en una sociedad como la nuestra, en la que el trabajo es central, ¿cuántas personas pueden dar este paso? En segundo lugar, también se ha vinculado en el caso español con la situación de la hostelería, un sector que tiene un déficit de empleados y que, en España, es determinante por el valor del turismo y del propio sector hostelero. Pero la situación de la hostelería ya era precaria antes de la pandemia, hecho que también ha sido determinante para la aceleración de esta tendencia. Un sector que se había deterioriado también en sus condiciones de trabajo y que precisa de una puesta en valor y de reconocimiento, tanto de sus condiciones como socialmente. 

Para finalizar, dos entrevistas interesantes aparecidas en El País recientemente. En una de ellas, Richard Sennett, al que regresamos, analiza el escenario actual y cómo la economía se ha impuesto a la política. El autor del imprescindible La corrosión del carácter, un clásico, incide en esos puntos que deberían ser claves para la cohesión social. Estamos en un tiempo complejísimo y las tendencias no son precisamente positivas. En otra entrevista, Guy Standing, que conceptualizó esa transformación del mundo del trabajo en esa nueva clase social que llamó el "precariado", insiste en que estos procesos se han acentuado y postula como propuesta la renta básica. Unas apreciaciones sumamente interesantes que están en el centro del debate. 
















La construcción de lo común

Por EQUIPO AICTS / 6 de junio de 2022

Durante estas dos últimas décadas, las tendencias de nuestras sociedades se han tornado más individualistas y priorizando cierto tipo de valores. Este hecho no se puede separar de la propia evolución del sistema capitalista dentro de un contexto neoliberal y globalizado. Sobre estas cuestiones se ha teorizado, escrito, debatido y hablado especialmente en los momentos de crisis que nos han acontecido en este periodo, pero también como un aspecto transversal que ha ido configurando nuestra sociedades. De esta forma, una de las cuestiones que suelen vincularse con el escenario vivido es la dificultad de articular un concepto de "lo común", como proyecto colectivo en nuestras sociedades, apelando a un "nosotros" pero desde un punto de vista de la corresponsabilidad y no enfocándolo en otros aspectos como los que se apuntan desde proyectos políticos excluyentes. Las reflexiones de este artículo también vienen marcadas por la lectura del recomendable Futurofobia de Héctor García Barnés, publicado por Plaza Janés y del que dimos cuenta en nuestras "Lecturas recomendadas". En la obra de García Barnés aparece también la cuestión de cómo imaginar un futuro con proyectos comunes, hecho que en estas décadas parece haber quedado en un segundo plano, o incluso más allá.

No se entenderían modelos de sociedades como las basadas en el Estado de Bienestar sin la consideración de "lo común", de la construcción de unas sociedades más igualitarias con principios como los de la corresponsabilidad, la cohesión social y la equidad. En tiempos como los actuales, basados en un importante cinismo, "lo común" parece algo lejano. Pero no es menos cierto que se utiliza "lo común" constantemente, aunque en no pocas ocasiones como un mantra banalizado para el que no se articuan los mecanismos que impliquen avanzar en el mismo. Las debilidades de nuestro sistema y las crisis sucesivas han ido abriendo la puerta a otros discursos que tiran de lo común desde una forma excluyente, trazando una línea clara entre "los unos" y "los otros". Sin embargo, la cohesión social no puede estar más lejos de estos discursos y visiones y fue precisamente el Estado de Bienestar el que se encargó en buena medida de canalizar ese "lo común", entre otros factores. Unas sociedades que tenían como objetivos la reducción de las desigualdades, la equidad, la garantía de Derechos Sociales a través de su accesibilidad, la corresponsabilidad, etc., consiguieron avanzar en esos caminos. Con sus debilidades y contradicciones, que existen obviamente, estuvieron ahí. Lamentablemente, en las dos últimas décadas esas visiones se han ido debilitando, aunque las causas hay que encontrarlas décadas antes, ya a partir de la década de los setenta del siglo XX. 

En la actualidad, nuestros debates están trazados por numerosas cuestiones vinculadas a estas políticas y a "lo común". Se debate sobre la viabilidad de estas políticas públicas, ya debilitadas. Se debate sobre las pensiones. Se analiza el papel de la educación, del ascensor social y se entra en la meritocracia, algo que todo el mundo tiene claro que no existe pero también se conoce que es a través de la educación y de ciertas políticas sociales a partir de las cuales se puede avanzar en una mayor equidad. Y todo ello sin olvidar todo lo relacionado con las respuestas a las crisis, como la del covid-19, tan diferentes a las llevadas a cabo en 2008. En este contexto, ha sido sin duda alguna retomar unas líneas estratégicas y medidas más vinculadas a esas visiones relacionadas con el Estado de Bienestar las que han permitido una respuesta más eficiente.

Pero, retornando a nuestra reflexión inicial, y siguiendo con el libro de Héctor García Barnés, se observa que hay una ausencia de un proyecto colectivo que pase por ese "lo común", desde ese punto de vista de igualdad y de equidad. Ciertamente, nuestro tiempo ofrece muchas ventajas y avances inimiginables hace poco tiempo. Pero también un escenario en el que nos hemos instalados, en el de la negatividad en relación al futuro, en el de no ser capaces de imaginarlo de otra forma que no sea una pérdida de las conquistas logradas en el pasado, las cuales se están produciendo a través también de una precarización de la vida. García Barnés acierta en el diagnóstico y en la solución, en pensar que si hemos conseguido y logrado llegar hasta aquí, también podemos pensar en los cambios que tenemos que hacer en nuestros sistemas y sociedades para que esos futuros no sean tan pesimistas. Sí, somos conscientes de que los factores y las corrientes no juegan a favor de los mismos, pero algo habrá que hacer. 













Sobre las pensiones

Por EQUIPO AICTS / 30 de mayo de 2022

La cuestión de las pensiones es una de las que suele aparecer recurrentemente en los medios de comunicación. Sin embargo, en los dos últimos años, con la crisis de la pandemia covid-19, había quedado en un segundo plano, al menos de cara a la opinión pública, debido a la urgencia de la situación que se estaba viviendo. Pero, en los últimos meses han ido apareciendo nuevas noticias sobre las pensiones, vinculadas a la reforma de las mismas. Y todo ello bajo la mirada atenta de Bruselas que observa el escenario de la economía española, marcado por no pocas incertidumbres, comunes al conjunto de la Unión Europea pero también con sus especificidades. Recientemente, el Banco de España señaló que las pensiones eran el principal reto para las cuentas públicas españolas. Obviamente, este es un debate que, como señalábamos anteriormente, es estructural.

No cabe duda que el sistema de pensiones es uno de los principales pilares de las políticas sociales vinculadas al Estado de Bienestar. De hecho, es una de las bases del nacimiento y evolución de dichas políticas que darían lugar, décadas después, al señalado Estado de Bienestar. Las pensiones garantizaban que los trabajadores contarían con un sustento tras su jubilación. Las pensiones se fueron ampliando a diferentes ámbitos, aunque las mismas dependen de la cotización durante la vida laboral de los trabajadores y hay pensiones, como por ejemplo las no contributivas o las que reciben los autónomos, que no son muy elevadas. En el caso español, las pensiones están institucionalizadas desde hace décadas como una de las grandes conquistas sociales y acontecimientos como el Pacto de Toledo de 1995, clave en la configuración del sistema actual, contó con el acuerdo de las fuerzas políticas y sociales. 

Pero las pensiones también están sujetas a los cambios de los tiempos. Como le ocurre al conjunto del Estado de Bienestar, son hijas de su tiempo y es un sistema que parte de unas condiciones que han ido transformándose. Sin duda alguna es uno de los principales retos de este modelo tan necesario, cómo adaptarse a esos cambios, y es una de las reflexiones más profundas que se tienen que hacer, evitando caer en las tendencias neoliberales que tiran de la cuerda hacia otros modelos de sociedad más individualistas, con menor cohesión social y corresponsabilidad. Sobre las pensiones se apunta a su sostenibilidad. Como todos los servicios contributivos, y esto se puede ampliar a cuestiones como los impuestos, depende en buena medida tanto de las rentas del trabajo como de los impuestos indirectos, y de nuevo entramos en esa rueda en la que vuelven a ser determinantes las condiciones materiales. Además, a este escenario se une la situación de la estructura demográfica. Es decir, unas sociedades envejecidas con una población que llega a edades más avanzadas y en mejores condiciones, un logro fundamental, pero con una natalidad estancada que implica que hay cohortes futuras menores, con la implicación en las cuentas públicas y en el conjunto de las dimensiones económicas. Y si unimos precariedad del empleo, crisis, etc... un escenario complejo.

Sin embargo, hay que articular mecanismos que permitan el mantenimiento de este sistema y su mejora. No hay que caer en determinismos y pesimismos vinculados a un escenario complejísimo, reconociendo la realidad obviamente. En estos momentos, el trabajo por las pensiones, como por el conjunto de las políticas sociales, es determinante. En la actualidad, las pensiones representan el 12% del Producto Interior Bruto de España, pero las pensiones tienen que ir adaptándose a los cambios señalados. No son pocas las voces que insisten en nuevos pactos sociales en relación a la cuestión, los cuales son necesarios, especialmente en estos tiempos tan polarizados en los que los grandes acuerdos son casi la excepción. Algunas cuestiones deberían estar por encima de ideologías y de determinadas posiciones, acordándose los puntos básicos y mínimos que garanticen, en el caso de las pensiones, esa sostenibilidad. En caso contrario, seguiremos por los caminos que nos llevan a casillas de salida. 














Ciudades, barrios y condiciones de vida

Por EQUIPO AICTS / 23 de mayo de 2022

A lo largo de numerosas entradas del Blog que realiza el Equipo AICTS hemos hecho referencia a las circunstancias que los entornos tienen en las condiciones de vida y en las posibilidades de alcanzar unos niveles u otros de bienestar. Algo totalmente lógico y analizado continuamente. De hecho, con la pandemia de la covid-19 se hizo especial hincapié también a las condiciones ambientales y a los lugares de residencia en sus diferentes dimensiones, especialmente en el caso de los confinamientos y de las posibilidades que suponía estar viviendo en unos determinados barrios, dentro de las ciudades, y en unas clases de viviendas u otras. Obvio. Pero, en no pocas ocasiones parece que hemos perdido, especialmente en nuestras sociedades donde ciertos niveles de bienestar se dan por seguros, el reconocimiento de la importancia de esas condiciones medioambientales y del papel de los lugares de residencia. Insistimos, en el caso de nuestras sociedades occidentales ya que todavía en el mundo quedan numerosos lugares en los que faltan los servicios básicos, los cuales no dejan de ser derechos. 

Por estos motivos, nos resulta especialmente interesante el reciente artículo de El País "Salud urbana: el barrio determina tu bienestar o tus enfermedades", publicado en la sección Salud y Bienestar. Dicho artículo presenta ejemplos de estudios y de datos e indicadores que muestran esa correlación entre el bienestar, las enfermedades y los lugares de residencia en las ciudades. Lógicamente, esa relación también viene determinada por los niveles de renta y por el acceso tanto a los servicios básicos como a otros complementarios que pueden hacer que se incremente el nivel de bienestar o se reduzcan las variables medioambientales que pueden hacer que se incrementen los riesgos de enfermedades. Por ejemplo, la esperanza de vida entre diferentes barrios de Madrid varía en diez años, se incrementa a los dieciséis en Baltimore y llega a los dieciocho en Santiago de Chile. Lógicamente, estas diferencias serán mayores en países con mayores segregaciones sociales, las cuales tienen su reflejo social. El entorno, la disponibilidad de zonas verdes, parques, y también otros aspectos vinculados a la contaminación, etc., son señalados como determinantes. Insistimos, no es ninguna novedad. Y aquí tienen un papel relevante las políticas públicas, que tienen que hacer un esfuerzo mayor para generar entornos más saludables. Recordemos también cómo en los últimos meses se le está dando una importante relevancia a la cuestión de salud mental, que también tendría su dimensión espacial, geográfica y ambiental.

Dentro de las variables señaladas, otro informe ha mostrado cómo la contaminación ambiental causa nueve millones de fallecidos prematuros al año. Es una cifra elevadísima que muestra cómo esas condiciones medioambientales son determinantes y que, en función de los lugares de residencia, los riesgos para la salud son más elevados. A esta variable también se añade el impacto del cambio climático, con un aumento de las temperaturas y de condiciones extremas que ya está dejándose notar en las condiciones de vida. Retos y desafíos que cada vez adquieren una mayor relevancia y que, como en tantas otras ocasiones, afectan en mayor medida a los colectivos más vulnerables. 














El reto del sistema educativo ante el descenso de la natalidad

Por EQUIPO AICTS / 09 de mayo de 2022

La evolución de las tasas de natalidad y de los índices de fecundidad de las dos últimas décadas han sido objeto de análisis y reflexión en este blog en no pocas ocasiones. El escenario que se ha generado, con un índice de fecundidad alrededor de 1,2 hijos por mujer, produce una gran cantidad de estudios y prospectivas, de visiones sobre la cuestión y de la forma de abordar el mismo. Sin duda alguna, uno de los ámbitos en los que el impacto es más importante es el educativo ya que se van reduciendo las cohortes que se incorporan al mismo cada curso. Este hecho implica un nuevo debate sobre la sostenibilidad del sistema en las condiciones actuales y que cuenta con no pocas derivadas.

Recordemos que la evolución del sistema educativo en España, con sus pros y sus contras, ha sido uno de los grandes avances del Estado de Bienestar desde que se constituyó en nuestro país. Las diferentes reformas educativas a partir de la década de los noventa del siglo XX, especialmente la LOGSE, supusieron una serie de avances en modelos basados en la comprensividad. La reducción de ratios fue sin duda alguna uno de los aspectos más explícitos de estos procesos, situándose en 25 alumnos por aula en Educación Infantil y Primaria. Los que venimos de modelos anteriores, recordamos aquellas clases en los que nos concentrábamos hasta 45 alumnos. Cuando se comienzan a implementar esas ratios, el descenso de la natalidad es una realidad tras los últimos estertores del "baby boom". Sin embargo, todavía la oferta era cubierta y la primera década del siglo XXI vivirá otro escenario en el que se incorporarán nuevos estudiantes al sistema educativo. Será la inmigración y la llegada de alumnos a la educación obligatoria, así como el hecho de que la natalidad de estos colectivos será mayor que la de la población autóctona aunque, como ocurre en otras sociedades, también se va equiparando a medida que avanzan las generaciones. 

Sin embargo, como ocurre en otros ámbitos, el impacto del descenso de natalidad ya se deja sentir claramente en el hecho de que la oferta no se cubre. Al contrario, hay incluso situaciones en las que se están cerrando centros y aulas, todavía de forma excepcional en los primeros casos, pero se están dando. Se ha asumido un descenso de las ratios lo que, sin duda alguna, tendría que implicar un aumento de la calidad educativa. Es decir, se ha visto esta situación como la oportunidad de avanzar en estas medidas que mejoren la educación con menos estudiantes por aula e incluso permitiendo que en las aulas se puedan dar más apoyos, refuerzos, dos docentes por clase, etc. No hay que olvidar que, además, el sistema educativo es una enorme institución social, de las más importantes de la sociedad, con la consiguiente presencia de distintos colectivos, con sus funciones sociales y sin olvidar la situación del profesorado y del resto de trabajadores del sistema educativo.

Por otro lado, la cuestión de la natalidad y su relación con la educación introduce también otras cuestiones como las referentes al primer ciclo de Educación Infantil, de 0 a 3 años, o el escenario de la categorización de la oferta educativa y de las redes presentes. Por un lado, la importancia de ese primer ciclo de Educación Infantil se ha constatado desde hace tiempo como determinante en no pocos ámbitos. El acceso a la misma, tanto en relación a la oferta como a los costes, es una de las cuestiones en las que se ha tratado de avanzar en estos últimos años. Recientemente, El Confidencial señalaba las dificultades para encontrar centros en esa etapa a pesar del descenso de la natalidad. Se indicaba también la importancia de las plazas públicas disponibles, hecho en el que se ha puesto el foco como una forma de garantizar el acceso a esta etapa educativa, que también se ha indicado que es clave para cuestiones como el aprendizaje, reducir las desigualdades, la conciliación de la vida familiar y laboral, etc. Pero queda mucho camino por recorrer.

En el otro lado, la cuestión de la oferta y de las redes educativas, pública y concertada, también se ha puesto encima de la mesa. Es un debate que trasciende la natalidad pero también se ha constatado que la reducción de la natalidad está afectando en mayor medida a los centros públicos que a los concertados. Esta cuestión está vinculada tanto a la capacidad de elección de centro por parte de las familias, que funciona en las dos direcciones, como en la situación de la ubicación de los centros. Como se ha señalado anteriormente, hay centros públicos, especialmente en los que hay un mayor porcentaje de población en situación de riesgo de exclusión social, que se están viendo afectados por este escenario, incluso produciéndose cierres. No faltan las propuestas que inciden en la relación entre segregación escolar y plazas disponibles, proponiéndose el cierre de unidades en centros concertados. Es cierto que en algunas Comunidades Autónomas se han podido dar medidas políticas que han aumentado la oferta en esa dirección. Pero, de la misma forma, también sería importante tener en consideración todos los factores implicados así como unos diagnósticos que permitan avanzar hacia evitar segregaciones y concentraciones. Escenario complejo que será determinante en los próximos años. Un gran reto. 
















Soluciones

Por EQUIPO AICTS / 02 de mayo de 2022

Los resultados de las elecciones francesas del pasado 24 de abril, en los que la ultraderecha de Marine Le Pen alcanzó sus mejores resultados, aunque Emmanuel Macron logró una victoria holgada con más de diecisiete puntos de ventaja sobre dicha candidata, han levantado todas las alarmas y análisis sobre el escenario en el que se encuentra la Unión Europea y el avance de estas fuerzas políticas. No nos encontramos ante una situación novedosa, al contrario, ya se ha vivido el ascenso de Trump en Estados Unidos, el Brexit en Reino Unido y la presencia de esta clase de formaciones en gobiernos como los de Polonia y Hungría, sin olvidar lo ocurrido en Italia con la Lega y Salvini o el avance de VOX en España, entrando en el gobierno de Castilla y León y consolidándose como tercer partido político. Es un escenario del que se viene alertando desde hace mucho tiempo y cuyos análisis se centran en parte, especialmente en países como los occidentales, en la canalización del descontento y de la incertidumbre en la que vivimos. Es evidente que estas formaciones políticas comparten algunos elementos pero también tienen sus importantes diferencias, centradas en los aspectos en los que ponen el foco, en su carácter sistémico o antisistémico, en su relación con la Unión Europea, etc. Pero, también no cabe duda que es por esa vía por la que se está canalizando un descontento social, un escenario que ha cerrado vías de progreso a numerosas capas sociales, como también están demostrando las tendencias de voto. En definitiva, algo está pasando para que estas formaciones estén siendo quienes capitalicen buena parte de ese descontento. 

Sin embargo, en los últimos años nos encontramos sumidos en un ciclo de análisis del descontento y de las causas de esta situación, también nosotros, y a veces las soluciones que se plantean suelen ser de trazo más grueso. En definitiva, es fundamental que se avance en un planteamiento que aborde el escenario a partir de esas soluciones que puedan dar opciones a las capas sociales que ven cómo están perdiendo posiciones, que se quedan sin posibilidades de avanzar en una movilidad social que se ha roto, que sufren en mayor medida las consecuencias negativas de los escenarios globales y sistémicos que estamos viviendo: crisis de 2008, pandemia covid-19, guerra de Ucrania, crisis de la cadena de suministros, inflación, etc. Seguramente pintamos un escenario negativo pero es el que estamos viviendo y el que sienta las bases para un descontento que da lugar a consecuencias no deseadas. En este sentido, es preciso como decíamos avanzar en esas soluciones que impliquen una mirada más amplia y estructural a la situación, la cual no se quede en cuatro formulaciones básicas y que no cuente con estructuras de plausibilidad para una buena parte de la población, como estamos observando.

Lo cierto es que abordar esta situación ya se ha hecho en el pasado, aunque con un contexto diferente, obviamente. Fue la construcción de un modelo de sociedad basado en el Estado de Bienestar, en unas políticas públicas que se centrasen en los Derechos Sociales, en cubrir esas necesidades básicas y en ofrecer unas ideas de progreso y mejora. Un modelo que también tiene sus limitaciones y contradicciones, obviamente, y de las cuales somos conscientes, pero que nos muestra cómo hemos sido capaces de hacerlo en otras ocasiones. Un modelo que se convirtió en ejemplo y aspiración para el resto del mundo pero que se ha va quedando por el camino. Insistimos, somos conscientes de que no se puede extrapolar un contexto como el que dio lugar al Estado de Bienestar al actual, la política y la economía han cambiado tantísimo, pero también podríamos aprender más del mismo. También surgen críticas afirmando que el hecho de contar con un Estado de Bienestar tan potente como el francés no ha evitado el ascenso del populismo, o que no vale únicamente con expander el gasto social, sino que hay ir más allá

Abordar este escenario debe tener en consideración también estos aspectos y ser conscientes de lo que haya fallado el modelo, de las contradicciones que se han generado o del papel otorgado a determinadas políticas, especialmente lo ocurrido con la implementación de un sistema neoliberal en el contexto de la Globalización. Pero el Estado de Bienestar y las políticas públicas ligadas al mismo pueden ser una buena guía para intentar salir de este escenario y evitar el ascenso de esos movimientos populistas que ya están instalados en el sistema y que también van determinando parte del discurso de los partidos sistémicos. Nos ha fallado pedagogía para enseñar el papel y la importancia del Estado de Bienestar y de sus políticas. Nos ha fallado hacer entender que esas transferencias sociales han sido clave para alcanzar un nivel de vida sin parangón en la Historia. Que, tanto por un lado como por el otro del espectro ideológico, no se entienda, o no se quiera entender, que somos lo que somos en parte por este contexto supone una tragedia. Las soluciones son complicadísimas y hace falta decisiones valientes, que tampoco serán a corto plazo, al contrario. Un nuevo consenso social que se centre en la cohesión en todos los niveles y que devuelva esa capacidad de repensar el presente y el futuro. En caso contrario, el camino ya lo estamos viendo.
















Sobre natalidad y futuro

Por EQUIPO AICTS / 25 de abril de 2022

Las tendencias demográficas, especialmente las vinculadas a la fecundidad y la natalidad, siempre están presentes porque nos muestran cómo se va ir configurando la estructura de una sociedad. En el caso español, no cabe duda que los cambios acaecidos en las últimas décadas han dado lugar a una transformación demográfica que nos ha convertido en una de las sociedades occidentales con menores tasas de natalidad e índices de fecundidad. Este hecho viene siendo una constante desde hace ya varias generaciones y ha sido explicado por las transformaciones de los sistemas de valores y de las condiciones de vida. Sin embargo, dichos indicadores siguen descendiendo y no se vislumbra un repunte de los mismos. Al contrario, escenarios de inestabilidad, incertidumbre y de retraso en la toma de decisiones de proyectos de vida, están incidiendo negativamente en la natalidad. De esta forma, la tasa de reemplazo no se puede cumplir ni se vislumbran soluciones que puedan favorecer un repunte. 

Estos días han aparecido algunas informaciones sobre la cuestión. La primera, un extenso reportaje de Jesús Rodríguez en El País sobre el descenso de la natalidad, con un índice de fecundidad de 1,3 hijos por mujer, cuenta con la participación de expertos así como con testimonios de personas que se ven afectadas por las situaciones que les impiden tener más hijos. Este interesante reportaje incide en las cuestiones que ya se han esgrimido y que están identificadas en numerosos estudios realizados por sociólogos y demógrafos. El cambio cultural y la transformación de los valores de la sociedad española, las condiciones del mercado de trabajo, las dificultades de conciliación de la vida familiar y laboral y las diferencias entre la fecundidad real y la fecundidad deseada, junto con el retraso en la edad del primer hijo. Estos procesos dan lugar a una sociedad que envejece y que no tiene asegurado ese reemplazo situado en una fecundidad de 2,1 hijos por mujer. Igualmente, se incide en que las medidas de las políticas públicas para favorecer la natalidad son insuficientes o no funcionan.

El domingo 24 de abril, Héctor G. Barnés en El Confidencial también abordaba la cuestión desde una perspectiva que presenta algunos matices. Contando también con las voces de expertos, autores de recientes publicaciones sobre la cuestión, se incidía en los cambios de la sociedad española y cómo esa incorporación de la mujer al mercado de trabajo y la ya señalada dificultad de conciliación de la vida familiar y laboral era un elemento central en la reducción de la natalidad. De esta forma, el foco se mantiene en los cambios estructurales y en las decisiones de los individuos, hecho clave y central. Además, se incide en que la evolución de la natalidad también ha sido un progreso ya que el descenso de la misma implica también que ha habido numerosas mejoras en las sociedades. El reportaje también abordaba de forma realista que no se puede esperar un ascenso de la fecundidad a dos hijos por mujer porque es un hecho que no va a ocurrir, que las crisis actuales inciden negativamente en este proceso, y que hay que ser conscientes de esta realidad.

Son dos reportajes recientes y altamente interesantes que sirven para continuar con un debate que, ciertamente, tiene visos de quedarse estancado en ese escenario que se está describiendo y que no muestra una tendencia de aumento de la natalidad en el corto y medio plazo. Los restos y desafíos que provoca la situación son elevados pero también es posible que las políticas públicas deban enfocarse en dar una serie de respuestas a esta realidad estructural. Como señalaba el titular de G. Barnés, no parece que vaya a volver ese modelo de familia en el que se tenían dos hijos. ¿Es positivo o negativo? Hay un hecho claro, esa diferencia entre la fecundidad deseada y la real, así como el retraso de la toma de decisiones para tener el primer y, en el caso de ser posible, el segundo hijo. Cambios estructurales profundos, la combinación de factores y un escenario que no va a cambiar. 













Las oportunidades en los estudios superiores

Por EQUIPO AICTS / 18 de abril de 2022

El Ministerio de Universidades presentó recientemente un interesante estudio sobre el abandono de los estudios universitarios y las causas del mismo. Realizado por María Fernández Mellizo-Soto, de la Universidad Complutense de Madrid, este informe ha venido a mostrar con indicadores y datos una realidad que está presente. Ciertamente, el estudio hace referencia al curso 2015/16, pero ya para ese curso se mostraba la cifra de que un 13% de los estudiantes presenciales en los cuatro cursos de Grado abandonaban sus estudios, indicador que descendía al 11% en el caso de los estudiantes menores de 30 años. Los factores más importantes en relación a dejar los estudios estaban vinculados a las características de los estudiantes y sus entornos familiares. A continuación, los que más incidencia tenían eran los relacionados con el grado que estaban cursando. Finalmente, las variables que están relacionadas con la universidad en la que estaban desarrollando sus estudios son las menos importantes. De esta forma, y descendiendo en las causas, también serían muy significativas el rendimiento académico del estudiante en el primer año, el precio de la matrícula, la edad de los estudiantes, el origen socioeconómico, el grado cursado y el área de conocimiento del mismp. Así, lo que se constata es el importante peso que tienen todavía las barreras vinculadas al origen familiar y socioeconómico para la igualdad de oportunidades y la permanencia en el sistema educativo, especialmente a medida que se avanza en el mismo y se supera la educación obligatoria.

Estos datos confirman los de otros estudios relacionados con la cuestión. Por ejemplo, en un análisis de las características, motivaciones y expectativas de los estudiantes de la Universidad de La Rioja, en el que participaron integrantes de AICTS, también se constataba la importancia de las variables socioeconómicas en las trayectorias en los estudios superiores, tanto en el acceso como en la permanencia en los mismos. A lo largo de los artículos que publicamos en el presente Blog, hemos incidido en el valor de la equidad y la igualdad de oportunidades en un contexto de políticas públicas relacionadas con el Estado de Bienestar. La reivindicación de las mismas no es incompatible con la visión crítica sobre el escenario actual en el que los orígenes socioeconómicos han alcanzado una nueva dimensión en relación a estas cuestiones, especialmente en el ámbito educativo. Las visiones más críticas sobre la meritocracia tienen su parte de razón en señalar que las "cartas están muy marcadas". De esta forma, mientras que en el pasado las desigualdades en educación eran explícitas y directas, ahora nos encontramos con unas formas más sutiles e indirectas en no pocas ocasiones. El "efecto Mateo" está presente en todo momento y afecta a las elecciones de escuela, a los costes indirectos, a las extraescolares, a los apoyos familiares, etc., variables todas ellas que, conjunta e interrelacionadamente, pueden ir marcando una trayectoria, hecho que sucede en la mayor parte de los casos. Eso no quita para que personas en situaciones de desventaja tengan una trayectoria educativa que se asemeje, e incluso supere, a las personas que parten con esas ventajas, pero siempre será con un esfuerzo más elevado. Sin olvidar la importancia de las ya señaladas políticas públicas a través de sistemas de becas y ayudas, determinantes en el acceso a los estudios superiores y que también pueden ser claves en la elección de estudios y de universidades, por ejemplo.

También ha perjudicado este escenario los cambios ocurridos en las últimas dos décadas, especialmente a partir de la crisis de 2008, con recortes presupuestarios durante esos años de crisis y aumento de tasas universitarias. Sin duda alguna, el informe del Ministerio de Universidades, en relación al curso del que recoge datos, el 2015/16, puede estar marcado en parte por esas consecuencias. De lo que no cabe duda es del hecho de que la igualdad de oportunidades en la educación sigue determinada en parte por el origen socioeconómico. Y que es todavía más evidente en los estudios superiores. La gratuidad y universidad de los 6 a los 16 años, y de los 3 a los 6, implica que esa desigualdad se manifieste a través de los factores señalados anteriormente, los cuales van acumulándose sin duda alguna. Pero, la puerta de los estudios superiores permanece cerrada para numerosas personas, familias y colectivos por motivos vinculados al origen socioeconómico. En numerosos casos, se cierran ya antes, con la vinculación del abandono escolar temprano y de unas menores tasas de idoneidad con esa procedencia socioeconómica. Y, al llegar a la Universidad, las barreras pueden seguir haciéndose más complicadas. Allí aparecen cuestiones como el ya señalado acceso a los estudios y universidades. Por ejemplo, no poder elegir una carrera que implique un desplazamiento de domicilio por no poder abordar los costes de los mismos. O del tipo de estudios, por el coste de matrícula. Además, durante los estudios puede tener que compaginarse el trabajo con los mismos para poder afrontar esos gastos, o colaborar con la economía familiar. Y, además, el peso de la nota y de los suspensos que afecta tanto al acceso a las ayudas y becas como a las segundas matrículas y sucesivas. 

En definitiva, un informe del Ministerio de Universidades interesante y necesario, que muestra una realidad que está ahí. Seguimos apostando por el valor de la educación, por la equidad y la igualdad de oportunidades, y somos conscientes de que la educación es el medio para reducir las desigualdades pero que, también, puede reproducirlas. Sin embargo, hay un hecho claro, y es que no podemos permitirnos retrocesos y volver a casillas de salida de las que veníamos. Y está ocurriendo en no pocos casos. 














No son únicamente números

Por EQUIPO AICTS / 11 de abril de 2022

Llevamos unos meses reflexionando y analizando situaciones y escenarios que hacen referencia a los cambios que están ocurriendo en nuestras sociedades. La estructura social está cambiando a pasos acelerados, algunos muy directos, otros más sutiles. Lo hemos comentado en numerosos posts de este blog, haciéndonos eco de estadísticas, indicadores, artículos, etc. Ciertamente, no faltan los estudios que abordan estas cuestiones que afectan a la cohesión social y que están teniendo consecuencias demoledoras en la misma. Crisis sistémica de 2008, pandemia covid-19 y la concatenación de cuestiones geoestratégicas con la invasión de Ucrania por parte de Rusia como hecho más destacable y de consecuencias imprevisibles. Venimos sosteniendo que, todos estos procesos, inciden en una cuestión clave como es el tablero en el que nos desenvolvemos, obviamente, y que tienen que ver con la evolución del capitalismo, la Globalización y los procesos de desregularización y de triunfo de las corrientes neoliberales. Es un hecho que todo eso está sobre la mesa y que la Globalización parece estar cambiando de dirección o adquiriendo unas nuevas dimensiones, pero también habría que contar con una perspectiva sobre ello. De lo que no cabe duda es que esta situación añade incertidumbre, mucha.

Por otra parte, no son tampoco pocas las voces que indican que estos cambios se dan en un contexto en el que la Humanidad nunca ha estado tan bien ni ha vivido mejor. Obviamente, es cierto que hemos venido de una evolución positiva y que los niveles de bienestar de parte de la población del planeta son elevados, especialmente en el mundo denominado occidental. Eso no quita para señalar que las desigualdades persisten, que son numerosas y que los niveles de inequidad son altos. Pero, la evolución positiva también se ha basado en esas políticas de cohesión social, de redistribución, el Estado de Bienestar, etc. Estos procesos parecen haber llegado a un punto límite, a un escenario que se ha ido gestando durante décadas y que se ha acelerado en las dos últimas. Sí, es cierto, algunas cuestiones están garantizadas, o en parte, pero no es menos cierto que hay un proceso de pérdida de base y de suelo que está teniendo esas consecuencias sobre la cohesión social. La cuestión también es que, si se ha conseguido construir sociedades en las que la cohesión social y la igualdad y la equidad se han conseguido, nunca de forma perfecta, no hay motivos para pensar que ese proceso no se puede repetir o ampliar. Pero...

En este contexto, cuando la cuestión de los perdedores de la Globalización se hace más patente, a pesar de nuevo de críticas sobre este concepto, incluso desde posiciones favorables a postulados progresistas, es un hecho, es más preciso insistir en que estas personas, familias y colectivos no son únicamente números. Todos estamos inmersos dentro de esas estructuras y de los procesos que nos han tocado vivir, pero hay formas y formas de vivirlo y afrontarlo, y en no pocas ocasiones son esos procesos los que te llevan por delante. Obviar estas cuestiones, las condiciones estructurales y fiarlo casi todo a una cuestión individual es uno de los errores frecuentes y de las trampas que ofrece el modelo neoliberal. Además, el mismo se basa también en los aspectos cuantitativos que, según como se lean o interpreten, enmascaran la realidad.

Hay personas, familias y colectivos detrás de esos números, de esas cifras que están presentes en nuestro día a día y a la que nos hemos ido acostumbrando, lamentablemente. Todos conocemos personas en nuestro entorno que lo están pasando mal, que tienen dificultades, que no cuentan con una red de seguridad en forma de una familia que pueda acudir en su ayuda. Unas familias que perdieron parte de su posibilidad de hacerlo con la crisis sistémica de 2008 y que, en casos como el español, fueron claves para que no pocas personas y familias no cayesen en situaciones de exclusión social. Hace unos días, un reportaje de El País se hacía eco de historias personales que aparecían en un estudio de Cruz Roja sobre la cuestión y la forma en la que pobreza y la exclusión social se iba reproduciendo. Numerosas personas no se habían recuperado de las crisis anteriores y, ahora, se acumula una nueva.















La protección de la infancia

Por EQUIPO AICTS / 4 de abril de 2022

La situación de la infancia, y de los jóvenes, está presente en numerosos estudios y diagnósticos vinculados a las condiciones materiales y a la vinculación con los orígenes socioeconómicos. Este es un elemento determinante ya que, obviamente, infancia y juventud (en su primera etapa), son dependientes de sus familias, de esas condiciones de partida que pueden condicionar, y lo hacen, sus proyectos de vida. Es cierto que los sistemas de protección han conseguido numerosos avances que han permitido la aplicación de medidas equitativas y de igualdad. Como defensores de modelos basados en la cohesión social, en la corresponsabilidad, en el valor de los Derechos Sociales y del Estado de Bienestar, no cabe duda que una educación y una sanidad gratuitas y universales, que unos Servicios Sociales que están presentes aunque precisarían de un desarrollo mayor, son hitos muy importantes. No son pocas las generaciones que han nacido con ellos y seguramente sería necesario insistir en la importancia de estos logros. De hecho, crisis como las que estamos viviendo han tenido las dos caras de la moneda: la fragilidad de los mismos ya que se han recortado recursos como ocurrió a raíz de la crisis de 2008; o el papel en el otro sentido de las Administraciones Públicas a raíz del covid-19, aunque el impacto de la crisis derivada de la pandemia es tan amplio que en ocasiones son medidas paliativas.

Sin embargo, las condiciones de partida y los orígenes socioeconómicos se han ido convirtiendo cada vez más en determinantes en la estructura social, ya lo eran. Como venimos señalando en numerosas entradas de este blog, la transformación de nuestras sociedades está llevando a una desigualdad interna cada vez más amplia que está ampliando las brechas sociales. Una estructura social en la que algunas oportunidades se van quedando cada vez más relegadas a colectivos más reducidos. Ese "efecto Mateo" del que alertamos continuamente. En este contexto, no son pocas las personas que van a ver limitadas sus oportunidades por el origen socioeconómico. Además, muchas actuaciones en la infancia tendrán un impacto a lo largo de la vida. Hablamos de educación, hablamos de salud, hablamos de nutrición, etc. 

Recientemente, el Gobierno de España se planteó como objetivo de aquí hasta 2030 el sacar a más de 700.000 niños de la situación de riesgo de exclusión social. El reto es inmenso y nos muestra cómo el escenario en España ha ido empeorando. De hecho, según los datos recogidos en el artículo señalado, solo Rumanía y Bulgaria presentan en la Unión Europea una situación peor en relación al riesgo de exclusión social en la infancia. Es un aspecto diagnosticado que, en el caso de España, hay colectivos que nunca salieron de esa situación de riesgo de exclusión social, hecho que se fue reproduciendo generacionalmente. Abordar esta cuestión plantea un desafío todavía mayor que hace referencia al mercado de trabajo y a las condiciones laborales, relacionadas con la estructura productiva de España. Colectivos que han estado en mayores situaciones de desempleo, de subempleo o en la economía sumergida, de trabajos temporales en el sector terciario precarizado, etc., generándose una especie de rueda y círculo vicioso de la que parece complicado salir. Por lo tanto, la protección de los Derechos Sociales de la infancia es clave y determinante, pero sin olvidar el origen socioeconómico.

En todo este proceso, el papel de la educación y de la escuela es clave. Sin caer en determinismos ni solucionismos, de nuevo parece que le estamos lanzando a la escuela retos y desafíos que afectan a todos y todas, no cabe duda que a través de la educación se pueden conseguir no pocos logros. La escuela y el sistema educativo tienen que estar presentes a todo ese entorno social, hecho en el que se ha avanzado en cuestiones como la atención a la diversidad y la educación inclusiva, entre otros. Recientemente, un artículo en El País a cargo Vicenç Araniz también incidía en el papel de la escuela en relación a los colectivos más vulnerables. Y esto es una realidad indiscutible, lógicamente. Pero, también es fundamental un trabajo más integral, un trabajo todavía más conjunto con los Servicios Sociales y no olvidar el papel clave de la escuela en la formación, la cual tendrá consecuencias a lo largo de la vida, como hemos señalado. Tiempos complejos, no cabe duda, pero tiempos en los que se debe avanzar en miradas más amplias para evitar volver a situaciones del pasado o que estas se produzcan de manera más sutil. 











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