El cuidado de nuestros mayores
Por EQUIPO AICTS / 14 de abril de 2025
El envejecimiento de la población se presenta como uno de los grandes retos y desafíos de nuestras sociedades. Es una realidad que nos muestra los avances de las mismas, en el sentido de que cada vez más personas llegan a edades más avanzadas. Las mejoras en las condiciones de vida y en la salud han sido un hecho y se observa en el aumento de la esperanza de vida. Además, no hay que olvidar el hecho de que es un colectivo muy heterogéneo que presenta situaciones diferentes, en función del estado en que se encuentre. Este hecho nos lleva a considerar la situación de su salud, su grado de dependencia en caso de contar con el mismo, y las condiciones socioeconómicas en las que se encuentran, entre otras variables. Una de las cuestiones clave es todo lo relacionado con un sistema de cuidados y de atención a este colectivo, relacionado con los Servicios Sociales como uno de los pilares básicos de nuestro Estado de Bienestar. Bien es cierto que, en el caso de España, es precisamente este aspecto el que ha sido menos desarrollado en el inicio del Estado de Bienestar, pero no es menos cierto también que los avances han sido importnates desde el comienzo del siglo XXI, especialmente con la Ley de Dependencia. Sin embargo, y ante las necesidades crecientes de este colectivo, y su incremento, todavía queda mucho camino por recorrer.
Uno de los servicios clave para la atención y el cuidado de las personas mayores es la red de residencias y centros de día que cumplen una función clave y determinante. Sin embargo, el sistema se está mostrando insuficiente y cuenta con muchas dificultades a la hora de poder dar salida a una enorme demanda y creciente de personas que precisan una residencia y centros de día. Existe, por un lado, una carencia de plazas en residencias públicas, lo que también condiciona el acceso en función de la variable socioeconómica, a pesar de todo un sistema de conciertos con residencias privadas. Por otro lado, está la cuestión de las condiciones laborales de las personas que trabajan en las residencias y centros de día de las personas mayores, que también precisan de una revisión y de una puesta en mayor valor. Sobre esta cuestión, El Confidencial publicó el pasado mes de marzo un interesante reportaje. Con el título de "La vida secreta de quienes cuidan a tu padre: inmigrantes por 1.100 euros al mes y sin titulación", el mismo abordaba precisamente esas condiciones laborales y establecía un perfil de los trabajadores y trabajadores de estas residencias y centros de día. Obviamente, nos encontramos ante un escenario heterogéneo, pero no es menos cierto que es una situación generalizada la situación de precariedad que viven estos trabajadores y trabajadoras en no pocos casos, realizando una labor vital.
El reportaje de El Confidencial, firmado por Alfredo Herrera Sánchez, mostraba algunas cuestiones centrales en las condiciones laborales de este colectivo, centrándose especialmente en las residencias privadas. De esta forma, se había producido un aumento de la demanda de estos servicios, lo que implicaba una mayor necesidad de trabajadores y trabajadoras. Pero, también recogiéndose la voz de responsables de residencias, se señalaba la dificultad para encontrar personal cualificado y la elevada rotación del mismo. En el lado de trabajadores y trabajadoras, el perfil responde a personas de origen extranjero en su mayoria, que no cuentan con la titulación o cualificación para este tipo de trabajos en no pocos casos, así como con unos salarios bajos, incluso un poco superiores al SMI, así como con unas horarios complicados y amplios. Es un trabajo durísimo, tanto física como psicológicamente, que precisa de una puesta en valor mayor y de unas condiciones salariales y laborales más dignas. De este hecho también se hace eco el reportaje, recogiendo declaraciones de plataformas que lo reivindican.
La atención a las personas mayores, gerocultores y gerocultoras y otros profesionales, precisa de un reconocimiento mayor. Es necesario que el sector se dignifique todavía más, mejorando las condiciones laborales de este personal, así como su formación. Igualmente, es un hecho que se necesitan más plazas en residencias y que, con la estructura demográfica de España, la demanda será todavía mayor. No podemos permitirnos como sociedad, y por dignidad y reconocimiento tanto a trabajadores y trabajadoras como a las propias personas mayores, un sector tan precarizado y con unas condiciones de trabajo que, en no pocos casos, apenas llegan a los mínimos. Son comprensibles las dificultades para encontrar trabajadores y trabajadoras para las residencias y centros de día, pero seguramente una de las soluciones a las mismas, que no la única, será la mejora de esas condiciones laborales.
El envejecimiento de la población se presenta como uno de los grandes retos y desafíos de nuestras sociedades. Es una realidad que nos muestra los avances de las mismas, en el sentido de que cada vez más personas llegan a edades más avanzadas. Las mejoras en las condiciones de vida y en la salud han sido un hecho y se observa en el aumento de la esperanza de vida. Además, no hay que olvidar el hecho de que es un colectivo muy heterogéneo que presenta situaciones diferentes, en función del estado en que se encuentre. Este hecho nos lleva a considerar la situación de su salud, su grado de dependencia en caso de contar con el mismo, y las condiciones socioeconómicas en las que se encuentran, entre otras variables. Una de las cuestiones clave es todo lo relacionado con un sistema de cuidados y de atención a este colectivo, relacionado con los Servicios Sociales como uno de los pilares básicos de nuestro Estado de Bienestar. Bien es cierto que, en el caso de España, es precisamente este aspecto el que ha sido menos desarrollado en el inicio del Estado de Bienestar, pero no es menos cierto también que los avances han sido importnates desde el comienzo del siglo XXI, especialmente con la Ley de Dependencia. Sin embargo, y ante las necesidades crecientes de este colectivo, y su incremento, todavía queda mucho camino por recorrer. Uno de los servicios clave para la atención y el cuidado de las personas mayores es la red de residencias y centros de día que cumplen una función clave y determinante. Sin embargo, el sistema se está mostrando insuficiente y cuenta con muchas dificultades a la hora de poder dar salida a una enorme demanda y creciente de personas que precisan una residencia y centros de día. Existe, por un lado, una carencia de plazas en residencias públicas, lo que también condiciona el acceso en función de la variable socioeconómica, a pesar de todo un sistema de conciertos con residencias privadas. Por otro lado, está la cuestión de las condiciones laborales de las personas que trabajan en las residencias y centros de día de las personas mayores, que también precisan de una revisión y de una puesta en mayor valor. Sobre esta cuestión, El Confidencial publicó el pasado mes de marzo un interesante reportaje. Con el título de "La vida secreta de quienes cuidan a tu padre: inmigrantes por 1.100 euros al mes y sin titulación", el mismo abordaba precisamente esas condiciones laborales y establecía un perfil de los trabajadores y trabajadores de estas residencias y centros de día. Obviamente, nos encontramos ante un escenario heterogéneo, pero no es menos cierto que es una situación generalizada la situación de precariedad que viven estos trabajadores y trabajadoras en no pocos casos, realizando una labor vital.
El reportaje de El Confidencial, firmado por Alfredo Herrera Sánchez, mostraba algunas cuestiones centrales en las condiciones laborales de este colectivo, centrándose especialmente en las residencias privadas. De esta forma, se había producido un aumento de la demanda de estos servicios, lo que implicaba una mayor necesidad de trabajadores y trabajadoras. Pero, también recogiéndose la voz de responsables de residencias, se señalaba la dificultad para encontrar personal cualificado y la elevada rotación del mismo. En el lado de trabajadores y trabajadoras, el perfil responde a personas de origen extranjero en su mayoria, que no cuentan con la titulación o cualificación para este tipo de trabajos en no pocos casos, así como con unos salarios bajos, incluso un poco superiores al SMI, así como con unas horarios complicados y amplios. Es un trabajo durísimo, tanto física como psicológicamente, que precisa de una puesta en valor mayor y de unas condiciones salariales y laborales más dignas. De este hecho también se hace eco el reportaje, recogiendo declaraciones de plataformas que lo reivindican.
La atención a las personas mayores, gerocultores y gerocultoras y otros profesionales, precisa de un reconocimiento mayor. Es necesario que el sector se dignifique todavía más, mejorando las condiciones laborales de este personal, así como su formación. Igualmente, es un hecho que se necesitan más plazas en residencias y que, con la estructura demográfica de España, la demanda será todavía mayor. No podemos permitirnos como sociedad, y por dignidad y reconocimiento tanto a trabajadores y trabajadoras como a las propias personas mayores, un sector tan precarizado y con unas condiciones de trabajo que, en no pocos casos, apenas llegan a los mínimos. Son comprensibles las dificultades para encontrar trabajadores y trabajadoras para las residencias y centros de día, pero seguramente una de las soluciones a las mismas, que no la única, será la mejora de esas condiciones laborales.