La Universidad y el curso 2020/21: presente y futuro

Por EQUIPO AICTS / 11 de septiembre 2020

El curso 2020/21 está comenzando también en las universidades y el proceso se antoja complejo y difícil, como en todos los lugares. La Universidad vivió también un terremoto derivado del impacto de la Covid-19. Por una parte, el paso a la docencia on line y la transformación de la enseñanza, como en todo el sistema educativo. Por otra parte, se pararon numerosísimas investigaciones, por no decir prácticamente todas. La docencia y la investigación, los dos pilares del sistema universitario, en otro escenario. De nuevo, como en el conjunto del sistema educativo, se postularon las bondades de la enseñanza on line, máxime cuando es un sistema que se aplica en numerosas universidades y no son pocas las que son de esta naturaleza, especialmente privadas. Sin embargo, se producían disonancias que tenían que ver con la adaptación de los exámenes y, por supuesto, la brecha digital. 

Con el paso de los meses, el proceso de adaptación se observó desigual entre entidades, teniendo en cuenta el contexto. No cabe duda que no es lo mismo una universidad pequeña en una ciudad de tamaño medio que las grandes universidades en Madrid y Barcelona, por ejemplo, que cuentan con un mayor número de estudiantes, docentes y Personal de Administración y Servicios (PAS), con una mayor incidencia del transporte público. En general, hay centros que han optado por un modelo mixto, presencial y on line, y otros por la presencialidad, y todo ello con los protocolos pertinentes. Pero, en definitiva, medidas necesarias en una situación como la actual.

Pero, como en todo de nuevo, la situación de la Universidad tiene que ver con el trasfondo de la pandemia. Es decir, si las consecuencias de esta van a suponer un cambio de escenario o van a acelerar los procesos anteriores. Y, lamentablemente, podemos decir que va ganando la segunda opción, y lo hace sin paliativos. La Universidad española es una "eterna sospechosa" por numerosos motivos. En un contexto mercantilizador y de transformación de la educación superior, a la Universidad se le mide en cada paso que da, se utilizan los tan manoseados rankings y se buscan sus debilidades. Hay visiones que estiman que la Universidad está sobredimensionada, que no es rentable y que debe buscar más fondos privados, hecho que en un país como España es de gran complejidad. No faltan las voces, no podían, que dicen que sobran universidades públicas, olvidando la función social de la Universidad...En fin, que todo esto no es una novedad como tampoco lo son las voces que indican que la Universidad no forma para el mercado de trabajo, que se lanzan con el argumento de la sobrecualificación a criticar la institución. Que la Universidad tiene su parte de culpa en todo esto es también una realidad, una entidad que en no pocas ocasiones parece haber vivido en una especie de "burbuja de cristal". Y, mientras tanto, otras realidades se cuelan por el camino como la que indicaba de forma acertada Marta García Aller en un artículo muy interesante en El Confidencial: "La gran ameneza de la universidad no es el covid, sino el nuevo plan de Google". Las grandes tecnológicas llevan tiempo con la educación en entre sus objetivos y la Universidad no es una excepción. Google ofrecerá cursos que, según anuncian, formarán en seis meses lo que se tarda en adquirir las competencias de un Grado, señalando García Aller que "les promete formalos en las habilidades más demandadas por el mercado sin la necesidad de asistir a la universidad". Tremendo.

Este es el escenario a medio y largo plazo que las universidades tienen que afrontar. Pero a ello se une el nuevo Estatuto del PDI (Personal Docente e Investigador) que se ha venido negociando estos meses. Además de las adaptaciones de las figuras universitarias, necesaria, hay cambios que implican un endurecimiento de la carrera profesional, como estancias de nueve meses, que van a suponer todavía más un cierre de clase en el acceso a la misma. La Universidad, como otras profesiones, se va quedando para una serie de grupos sociales de las clases medias altas y altas, aquellas que pueden permitirse el que sus hijos e hijas tengan unos años de precariedad encadenando, en el mejor de los casos, becas y contratos de prácticas. Si a eso se le une que tienes que hacer una estancia de investigación de nueve meses, entre otras cuestiones, poco más que añadir. Todos estos cambios están interrelacionados, no son independientes y forman parte de ese paradigma en el que nos vamos moviendo. Las voces que alertan sobre todo ello son reducidas, mientras que el día a día come a los agentes universitarios, cuando no hay pocos que apuestan por modelos como este.

Y, volviendo al corto plazo, la situación por la Covid-19 es muy compleja. En una entrevista en El País, José Carlos Gómez Villamandos, Rector de la Universidad de Córdoba y presidente de la CRUE, alertaba del estado de las finanzas universitarias y que, si las Comunidades Autónomas no dotaban a estas entidades de mayor presupuesto, tendrían que realizarse recortes. Y es que han descendido los ingresos y aumentado los gastos, mientras que el fondo Covid para las universidades no se ha puesto en marcha todavía, con el curso ya iniciado. En definitiva, una situación de gran incertidumbre y dificultad que implica una adaptación continua y muy del día a día. Y, mientras tanto, seguramente se siga poniendo en cuestión esa función social porque muchas familias no podrán acceder a los estudios superiores. No tenemos tan lejos la experiencia de la crisis sistémica de 2008. No parece que hayamos aprendido nada.












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