Cohesión social e impuestos

Por EQUIPO AICTS / 25 de enero 2021

Durante los últimos días se ha desatado una auténtica tormenta ante el anuncio por parte del youtuber El Rubius iba a trasladar su residencia a Andorra debido al mejor trato fiscal del principado de los Pirineos. La noticia se une a otra en la que Ibai Llanos, streamer y popular a través de Internet, defendía unos días antes al anuncio de El Rubius la necesidad de pagar impuestos, especialmente en casos como el suyo cuyos ingresos, como los del youtuber, son muy elevados. De esta forma, tenemos dos visiones de la situación que nos muestran a las claras algunos aspectos interiorizados en nuestra sociedad. Además, lo importante también de que estas dos personalidades son personajes públicos que tienen una importante influencia en los grupos más jóvenes de población, y hacerlo en una cuestión tan sensible como la de los impuestos se antoja muy relevante. Vaya por delante que la situación de los impuestos y de las celebridades vinculadas al mundo del espectáculo o del deporte daría para escribir una larga lista que, en el mundo, han buscado las rendijas, o las puertas, del sistema para pagar menos. Son muchísimos los casos de deportistas, cantantes, actores y actrices, etc., que se han cambiado de domicilio para no afrontar sus responsabilidades. Estas personas, a las que habría que añadir a empresas y grandes fortunas, tienen también las herramientas y los medios para poder dar esos pasos, en un sistema en el que se generan escenarios perversos y ya no con países que son paraísos fiscales sino con otros que tienen medidas más laxas. Los casos de Países Bajos y de Irlanda en la propia Unión Europea son sintomáticos. 

El caso es que estas noticias han puesto sobre la mesa la cuestión de los impuestos, especialmente en un momento como el actual en el que nos vemos azotados por una crisis pandémica. Los Estados se ven obligados a endeudarse para poder cubrir las necesidades derivadas y reforzar sus sistemas de Estado de Bienestar. Como hemos visto, nuestra Sanidad estaba mucho peor de lo que nos contaban, lo mismo ocurría con los Servicios Sociales. Pero, el debate no es nuevo, y si acciones como esta de El Rubius pueden ser expresadas a viva voz, sin ningún rubor ni pudor, y con una parte de la población ya no entendiendo sino justificando la situación, tenemos un problema enorme. Además de los defensores de modelos neoliberales, de aquellos y aquellas que desde el ámbito económico y político están por la labor de una reducción impositiva, una parte de la sociedad tiene institucionalizada esa visión de evitar pagar impuestos, hechos que se ven en la cotidianidad con las facturas sin IVA y otros mecanismos que banalizan esa situación. Seguro que todos y todas hemos vivido situaciones en las que nos han ofrecido pagar algo sin ese impuesto, o se comenta con total tranquilidad cuando algo se ha pagado en "B". 

Pero los impuestos son determinantes para la cohesión social y para los modelos basados en políticas públicas del Estado de Bienestar. Uno de los argumentos determinantes de numerosas personas que han salido a criticar a El Rubius y casos similares, argumentos de peso obviamente, es el hecho de todo lo que se recibe por ser ciudadano de un país a través de las acciones que se llevan a cabo mediante el dinero de los impuestos. Que es, obviamente, todo, porque el dinero público no crece en los árboles. Es como cuando hay que explicar en clases universitarias que una matrícula puede costar 1.200 euros al año pero que una persona en la Universidad española supone una inversión (y no decimos gasto, porque no es un gasto sino una inversión que, además, tiene que revertir en la sociedad que hace ese esfuerzo) de más de 8.000 euros anuales, donde se incluye desde dar la luz del edificio al docente. No, no queremos que esos estudiantes y sus familias tengan que pagar más por su matrícula, al contrario, tendrían que pagar menos pero es importante que se sepa el esfuerzo que se realiza para ponerlo en valor. Está claro que, con declaraciones como las del famoso youtuber y defensas que se dan en las redes y en conversaciones, no se ha conseguido. La pedagogía es fundamental ya que es determinante que se comprenda que es una cuestión de todos y todas y que, los que más tienen, deben contribuir en mayor medida. Es una cuestión de cohesión social y no un "salvese el que pueda", quedando a los designios del mercado. Y esto adquiere un valor más determinante si cabe en un contexto como el actual, el de la pandemia, el de una crisis sin precedentes que debe llevar a poner en valor lo público e implica en insistir en esas pedagogías que señalábamos anteriormente. Claro que, mientras que El Rubius y compañía, las visiones basadas en "el Estado me roba", y las argucias para evitar cumplir con las responsabilidades, junto con mensajes políticos que insisten en la reducción de impuestos, mantengan la fuerza que tienen, será necesario hacer mucha más pedagogía. 










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