La desigualdad que viene (más)

Por EQUIPO AICTS / 1 de febrero 2021

Uno de los ámbitos fundamentales de trabajo del equipo de AICTS es el referido a las desigualdades sociales. Vivimos en un mundo marcado por estas desigualdades, un mundo que funciona en esa clave y siempre ha sido así. Pero, ese hecho no quita, ni muchísimo menos sino al contrario, que haya que luchar contra ellas con todas las fuerzas posibles. Este hecho incide en las condiciones estructurales de nuestras sociedades, en las clases sociales y en las políticas públicas que tienen que generar mecanismos de equidad. En AICTS, analizamos las dinámicas del Estado de Bienestar y cómo esos modelos basados en la corresponsabilidad y la cohesión social son cada vez más necesarias en sociedades que, después de décadas de avances, llevan un tiempo en un proceso diferente. Además, los modelos de Estado de Bienestar son también el ejemplo aspiracional de otras sociedades en desarrollo. Sin embargo, como señalábamos, desde 2008 con la crisis sistémica que comenzó ese año las políticas públicas se vieron reducidas. Pero, este momento no significó un momento concreto sino que supuso la aceleración de las tendencias neoliberales que ya se estaban dando desde los años setenta del siglo XX en Reino Unido y Estados Unidos, así como desde la década de los noventa de esa misma centuria en buena parte del mundo occidental. De esta forma, las políticas públicas se encontraban en una encrucijada cada vez mayor

Desde antes de la pandemia de la covid-19, la situación de las desigualdades había adquirido una nueva relevancia en el debate público y social. A pesar de la recuperación económica tras la crisis de 2008, esta no llegaba al conjunto de la sociedad. Es más, casi se podría decir que no alcanzaba a la mayor parte de la misma. Los colectivos vulnerables, los situados en escenarios de exclusión social, etc., eran los más afectados, pero también aquellas clases medias que se habían constituido como unas de las grandes beneficiarias del Estado de Bienestar y las transferencias sociales. La familia había sido uno de los grandes diques de contención de los efectos de la crisis de 2008, pero se había producido un agotamiento de esos recursos y medios. La precarización de la vida, condiciones laborales peores, jóvenes que no encontraban trabajo o que se enfrentaban a procrastinaciones cada vez más amplias, parados de larga duración, descenso de las transferencias sociales, etc., estaban marcando unos años de crecimiento económico que en vez de mejorar esas condiciones las reproducían. 

Como venimos señalando desde hace casi un año, la pandemia de la covid-19 va a tener unos gravísimos efectos sobre las desigualdades. Partiendo de la base de que estas se reproducen y que las condiciones de partida son determinantes, la gravísima crisis que nos afecta desde marzo de 2020 supone un gravísimo riesgo para la cohesión social como se está viendo. Además, el hecho de que la pandemia se extienda en el tiempo y no vislumbremos una puerta de salida genera todavía más incertidumbre. En todo caso, todas las agencias se lanzan a pedir medidas que aborden este escenario, incluso algunas de las que han legitimado y construido el escenario de las décadas anteriores. No podemos entender las desigualdades que se están generando y las que vendrán sin tener en consideración ese contexto anterior, pero lo importante ahora es abordar el impacto de la covid-19.

España es uno de los países donde las consecuencias en relación a las desigualdades sociales pueden ser más adversas. Y lo es porque venimos de un modelo que apostó por sectores muy vulnerables ante la pandemia covid-19, con aumento de desempleos por el casi cierre de los mismos, así como por las condiciones de partida en una sociedad que ya contaba con importantes bolsas de exclusión social. A ello hay que sumarle la situación de los jóvenes, ya muy complicada antes de la covid-19. Medidas como los ERTEs han sido eficaces de momento para evitar que centenares de miles de personas entren en procesos de exclusión social, pero hay dudas con respecto al futuro. Además, no ha sido suficiente para evitar que más de 800.000 personas se encuentren en situación de pobreza severa derivada de las consecuencias de la covid-19 según un nuevo informe de Oxfam. Esta entidad ha publicado un trabajo sobre este escenario que es muy realista y que incide de nuevo en una de las claves de la situación como es no repetir los errores que se cometieron en el pasado, en la anterior crisis. Ya hemos visto que estos errores también están siendo determinantes en el momento actual, la cuestión es si seremos capaces de haber aprendido las lecciones o no. La verdad es que, a tenor de lo que se está viendo en estos meses, no hay mucho espacio para el optimismo. Veremos. 










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