La medición del bienestar

Por EQUIPO AICTS / 23 de octubre de 2023

Seguimos anclados en diferentes visiones e imaginarios sobre nuestras sociedades. Algunas de ellas son fruto de procesos de socializacion que han arraigado profundamente. Otras, han venido a través de los profundos cambios que estamos viviendo. Es cierto que, en relación al presente y al futuro, nuestras percepciones e impresiones son negativas aunque, por otra parte, en general estamos en un punto de partida muy diferente al de otras épocas más convulsas de la Historia. Eso no quita para que, ciertamente, exista una impresión acerca del futuro de que no va a ser muy "halagüeño", o al menos no va a seguir con esa trayectoria de progreso. Al contrario, lo que aparece en no pocos casos es una incertidumbre que lleva a temer por perder las conquistas logradas, aunque algunas se han ido reduciendo. Obviamente, hablamos desde una perspectiva occidental, de un contexto muy determinado, mientras que otras partes de nuestro planeta están lejos de esa situación. Una de las principales conquistas de nuestras sociedades fueron los modelos basados en el Estado de Bienestar, la cohesión social y la corresponsabilidad. Sistemas que funcionaron, con sus pros y sus contras, con sus limitaciones y debilidades, y también con sus contradicciones, durante un tiempo. Luego, con su crisis a partir de la década de los 70 del siglo XX, con la llegada de los modelos más neoliberales y ya, más adelante, con el desarrollo del capitalismo vinculado a la Globalización y a las tecnologías, este escenario cambió, siendo el punto de inflexión la crisis sistémica de 2008. Insistimos, nos quedan muchos resortes de un Estado de Bienestar que fue modelo de desarrollo, pero hay que tener en cuenta las debilidades con los que cuenta, así como los retos y desafíos a los que se enfrenta. Y un escenario internacional que va ya por otro camino, el de la desglobalización, y que también responde a lógicas vinculadas a los niveles de bienestar de los ciudadanos, porque el mundo que se ha ido construyendo ha dado lugar a un descenso del nivel de vida de una buena parte de la sociedad. 

Esta larga introducción viene a cuento a que, con todos los cambios que se vienen produciendo, se observan limitaciones en relación a la medición del bienestar de los países. Una investigación del Future Policy Lab y del Instituto Español de Analistas, recogido en un artículo de El País, cuestionaba la capacidad del Producto Interior Bruto (PIB) para medir los niveles de bienestar, proponiendo la inclusión de otros relacionados, por ejemplo, con la cuestión medioambiental, clave en un contexto como en el que nos encontramos, así como otros que tengan en cuenta las desigualdades en mayor medida y las movilidades de renta. De esta forma, se contaría con una visión más amplia y clara de la medición de un país. Es un desafío complejo ya que, generalmente, se ha producido una clara identificación entre bienestar, progreso y crecimiento económico. De esta forma, el PIB se ha convertido a lo largo de las décadas en el principal indicador de la riqueza de una sociedad, aunque esta no siempre tenga que ver con el bienestar. En este sentido, no cabe olvidar que se han producido disonancias entre el incremento del PIB y el empobrecimiento de parte de la sociedad. Países en los que ha crecido el PIB, con una evolución positiva del mismo, a la par que las condiciones de trabajo decrecían. Posiblemente, incluso, habría una correlación entre estos dos factores. Además, el economicismo para medir el bienestar de las sociedades oculta, o no tiene en cuenta, otras variables que son determinantes. Se utilizan, por ejemplo todas las relacionadas con el nivel educativo, entre otras, peros siempre quedan sujetas a las económicas. Y, de nuevo, pueden darse contradicciones como que tengas una sociedad altamente cualificada pero que cuentes con un sistema productivo en el que priman sectores que no dan oportunidades a esa formación, por ejemplo.

Hace mucho tiempo que estas cuestiones ya están sobre la mesa. Es un proceso complejo, no cabe duda, y máxime en un modelo como en el que nos encontramos, en el que la economía prima por encima de todo y en el que sus indicadores son los que están más presentes a la hora de medir el  bienestar y el progreso de una sociedad. Nos encontramos en un escenario en el que las desigualdades se van produciendo en diferentes vías, hace mucho también que no nos podemos basar en modelos que no responden a nuestras realidades. Unas desigualdades que se van acentuando en cuestiones materiales, pero también en otras como en la igualdad de oportunidades y el acceso a recursos. Nada que no sorprenda, pero que sí que obliga a reflexionar sobre el modelo de sociedades y cómo consideramos el bienestar. Y este debe pasar por una mayor cohesión social y territorial. Sin la misma, por mucho PIB alto que tengas, la sociedad irá por otro camino.