El cambio del papel del nivel de estudios

Por EQUIPO AICTS / 5 de noviembre de 2023

Es recurrente regresar al papel del nivel de estudios, tanto de forma individual como colectiva, y más cuando aparecen informes como el anual de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN). Los resultados que nos muestra el mismo, todo un indicador del estado de las desigualdades sociales, es muy relevante, aunque no es menos cierto que ahonda en procesos que ya hace tiempo que se califican de estructurales. Por una parte, no hay lugar a dudas del impacto que está teniendo el incremento del coste de la vida y de los tipos de interés, como hemos comentado en otros artículos. También, se observa la preeminencia de brechas y territoriales y de género, un hecho que tampoco es una novedad, lamentablemente. Y todo ello sin olvidar el impacto de este escenario en los jóvenes, una vez más en una posición de vulnerabilidad. Finalmente, España es el cuarto país de Europa en población con riesgo de pobreza, solo superada por Rumanía, Bulgaria y Grecia. 

El informe muestra otro proceso que, de nuevo, no es una novedad, como es el hecho de que cada vez se incrementa el número de personas en situación de vulnerabilidad y riesgo de exclusión social con altos niveles de estudios y con trabajo. De esta forma, supone una constatación de que la movilidad social y el ascensor social estarían rotos, en términos de este informe, ya que alcanzar mayores niveles de estudios no garantizaría esa movilidad social, o incluso la permanencia en la misma posición en la estructura social. Aunque se admiten numerosos análisis y hay diferentes factores que operan en el valor de la educación, no es menos cierto que este fenómeno está presente y que se va incrementando en la última década y media. Lo que parecía que era algo que pasaba en otros lugares, por ejemplo Estados Unidos, los "working poor", es una realidad manifiesta en nuestro país.

Tenemos que tener en cuenta de dónde veníamos. El papel de la educación y el acceso a los niveles de estudios superiores, universitarios, estaban cerrados a las clases medias altas y altas. Las clases trabajadoras tenían la aspiración de que sus hijos e hijas pudiesen conseguir llegar a la Universidad y, de esta forma, contar con un trabajo mejor. La educación como motor de la movilidad social se aceleraba con la constitución del Estado de Bienestar y el desarrollo de un sistema de becas y ayudas que era determinante para dicho acceso. Además, dado el papel otorgado a la educación, se iban generando unas mentalidades que reforzaban esa premisa, a partir tanto de una identificación expresiva como instrumental con la educación. El resto, es historia. Se constituyó una sociedad de clases medias, reforzándose el papel de la educación. 

Sin embargo, este proceso se va rompiendo por varios factores. Uno de ellos, ya señalado, es la crisis de 2008, cuando las costuras del sistema comienzan a manifestarse. Por otro lado, también se comenzaba a observar cómo los títulos tenían menos valor al incrementarse su universalización. Terrible paradoja ya que, de esta forma, se irían generando nuevas formas de diferenciación. Si antes no se hacían másteres y doctorados, ahora es prácticamente obligado, sin olvidar que hay casos en los que los másteres son habilitantes para ejecercer la profesión, como en el caso de la abogacía o del profesorado de Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional. Además, otras series de credenciales iban a ir siendo determinantes como marcador diferenciador, por ejemplo idiomas, todo lo relacionado con las TIC, etc. Esto lleva a situaciones como las que se están observando en determinados ámbitos, de las artes al periodismo, pasando incluso por la universidad y la carrera académica, en la que el origen socioeconómico es clave para desarrollar una trayectoria en los mismos. 

Pero la educación sigue siendo un elemento clave para evitar la exclusión social y la vulnerabilidad. Otra paradoja, a tenor del párrafo anterior. A menor nivel de estudios, el riesgo de encontrarse en estas situaciones es mayor. Y aquí es donde tenemos que ir afinando nuestros análisis, abordando estos escenarios teniendo en cuenta variables estructurales como son las estructuras productivas, en el caso de nuestro país claramente mejorables (cuando seguramente este es el principal problema), así como las condiciones laborales de determinados trabajos, incluyendo los cualificados. Y, además, sin olvidar el incremento de los precios y de los tipos de interés que hemos comentado al inicio de este artículo, otro factor que es fundamental para entender el escenario descrito.

Por lo tanto, la situación no deja de ser compleja y paradójica, porque también se dan casos en el sentido contrario, pero no responden a un proceso estructural. En este sentido, el papel del nivel de estudios ha ido cambiando, aunque mantiene elementos determinantes en el sentido del estatus, que no siempre se corresponde con el nivel económico. Pero, la educación sigue pudiendo condicionar la salida del riesgo de exclusión social y de vulnerabilidad, a pesar del aumento de trabajadores pobres con altos niveles de estudios. Lo dicho, una elevada contradicción de nuestras sociedades, una más, lo que nos muestra que las reglas han cambiado.