Los retos de una sociedad cada vez más envejecida

Por EQUIPO AICTS / 27 de noviembre de 2023

Como siempre que se publican indicadores que hacen referencia a las estructuras demográficas,  surgen los análisis e interpretaciones de los mismos. Verdaderamente, estos los repetimos constantemente ya que, en definitiva, los cambios son mínimos y lo que ocurre es que se constatan las tendencias que se vienen recogiendo desde hace décadas. A saber, unas sociedades como las nuestras que cada vez tienen natalidades más bajas y en las que crece la población mayor, aumentando la esperanza de vida. Los crecimientos vegetativos, natalidad menos mortalidad, suelen ser negativos y, cuando están en el lado contrario, son mínimos. Las migraciones son las que permiten a las sociedades crecer en número de habitantes. Como decimos, esto no es una novedad, y en el caso de España menos. Cuando a comienzos del siglo XXI, España pasó a ser un país de inmigrantes en vez de emigrantes, ya venía de unos escenarios complejos para la natalidad. Era un país con unos crecimientos bajos, costó llegar a los cuarenta millones de habitantes. Al igual que en otros escenarios, España llegó tarde a la siguiente etapa de la transición demográfica, pero luego aceleró.

Las altas tasas de natalidad del "baby boom", en la década de los sesenta y primera mitad de los setenta del siglo XX, junto con el descenso de la mortalidad, dieron lugar a unos crecimientos de la población muy elevados. Sin embargo, ya en la segunda mitad de esa década de los setenta se observa una tendencia descendente de la natalidad, con cambios de valores y socioculturales de primerísimo nivel, especialmente la emancipación de la mujer, el retraso en la edad de tener hijos, etc. Estos procesos, seguirán su curso, así como con otros vinculados a la decisión de tener hijos o no, o también en los propios retrasos en la incorporación al mercado laboral, la emancipación y la edad del primer hijo, junto con el papel otorgado a los hijos, los llamados "hijos de calidad". Es decir, la decisión de tener hijos se planifica y depende de unas circunstancias específicas, vinculadas a la economía y a la estabilidad laboral, que han ido marcando estas décadas últimas. La natalidad, por lo tanto, ha seguido una curva descendente, vinculada también al hecho de que las cohortes que entran a tener su primer hijo no solo lo hacen más tarde, como se ha señalado, sino que son menos numerosas.

Paralelo a este proceso, el envejecimiento de la población es imparable. Generalmente, se suele identificar de forma no muy positiva el mismo, pero debe contarse con una mirada diferente. El hecho de que más personas puedan llegar a edades más elevadas, y con mayor calidad de vida, representa un indicador de la evolución de una sociedad. En este caso, con una esperanza de vida por encima de los 80 años, España muestra un progreso evidente. No es menos cierto que hay que tener en cuenta que es un colectivo heterogéneo, con diferentes situaciones de llegar a esta etapa de la vida, como hemos señalado en otros artículos de este Blog. Sin embargo, no cabe duda de que este escenario, combinándose con el anterior, genera una serie de retos y desafíos en función de la evolución que vaya desarrollándose. 

En Ethic, Luis Meyer escribía el pasado mes de octubre un interesante artículo bajo el título "España, ¿país para viejos?". En el mismo, se abordaba este escenario demográfico en el que los jóvenes van representando un menor porcentaje de población que los mayores. De esta forma, la sostenibilidad de la sociedad asiste a retos que Meyer apunta en su artículo, a través de la consulta con diferentes expertos. Así, el incremento de la población mayor tendrá su impacto en los sistemas de dependencia, así como en las propias redes de las personas, a la hora de afrontar estas situaciones. Se señala que el papel de las Administraciones Públicas será más determinante si cabe. Además, las transformaciones del mercado de trabajo y de la digitalización también impactarán en el colectivo de mayores, incidiéndose en cambios en el primero, actualmente discriminatorio para las personas de más de 50 años. Y, en relación a la digitalización, deben abordarse procesos de formación continua para que todas las personas y colectivos se encuentren en igualdad de oportunidades para afrontar esta situación. En la actualidad, las brechas digitales de uso y, en menor medida, de acceso, son una realidad, y las personas mayores las sufren.

En definitiva, un escenario que no por conocido, sabido y analizado, se nos presenta cada vez en mayor profundidad. Las soluciones a estos retos son complejas, pero no es menos cierto que deben incidirse en anticiparse a los escenarios que, de seguir estas tendencias, se están dibujando. De lo contrario, nos encontraremos mayores retos y dificultades.