Ciudades, barrios y condiciones de vida

Por EQUIPO AICTS / 23 de mayo de 2022

A lo largo de numerosas entradas del Blog que realiza el Equipo AICTS hemos hecho referencia a las circunstancias que los entornos tienen en las condiciones de vida y en las posibilidades de alcanzar unos niveles u otros de bienestar. Algo totalmente lógico y analizado continuamente. De hecho, con la pandemia de la covid-19 se hizo especial hincapié también a las condiciones ambientales y a los lugares de residencia en sus diferentes dimensiones, especialmente en el caso de los confinamientos y de las posibilidades que suponía estar viviendo en unos determinados barrios, dentro de las ciudades, y en unas clases de viviendas u otras. Obvio. Pero, en no pocas ocasiones parece que hemos perdido, especialmente en nuestras sociedades donde ciertos niveles de bienestar se dan por seguros, el reconocimiento de la importancia de esas condiciones medioambientales y del papel de los lugares de residencia. Insistimos, en el caso de nuestras sociedades occidentales ya que todavía en el mundo quedan numerosos lugares en los que faltan los servicios básicos, los cuales no dejan de ser derechos. 

Por estos motivos, nos resulta especialmente interesante el reciente artículo de El País "Salud urbana: el barrio determina tu bienestar o tus enfermedades", publicado en la sección Salud y Bienestar. Dicho artículo presenta ejemplos de estudios y de datos e indicadores que muestran esa correlación entre el bienestar, las enfermedades y los lugares de residencia en las ciudades. Lógicamente, esa relación también viene determinada por los niveles de renta y por el acceso tanto a los servicios básicos como a otros complementarios que pueden hacer que se incremente el nivel de bienestar o se reduzcan las variables medioambientales que pueden hacer que se incrementen los riesgos de enfermedades. Por ejemplo, la esperanza de vida entre diferentes barrios de Madrid varía en diez años, se incrementa a los dieciséis en Baltimore y llega a los dieciocho en Santiago de Chile. Lógicamente, estas diferencias serán mayores en países con mayores segregaciones sociales, las cuales tienen su reflejo social. El entorno, la disponibilidad de zonas verdes, parques, y también otros aspectos vinculados a la contaminación, etc., son señalados como determinantes. Insistimos, no es ninguna novedad. Y aquí tienen un papel relevante las políticas públicas, que tienen que hacer un esfuerzo mayor para generar entornos más saludables. Recordemos también cómo en los últimos meses se le está dando una importante relevancia a la cuestión de salud mental, que también tendría su dimensión espacial, geográfica y ambiental.

Dentro de las variables señaladas, otro informe ha mostrado cómo la contaminación ambiental causa nueve millones de fallecidos prematuros al año. Es una cifra elevadísima que muestra cómo esas condiciones medioambientales son determinantes y que, en función de los lugares de residencia, los riesgos para la salud son más elevados. A esta variable también se añade el impacto del cambio climático, con un aumento de las temperaturas y de condiciones extremas que ya está dejándose notar en las condiciones de vida. Retos y desafíos que cada vez adquieren una mayor relevancia y que, como en tantas otras ocasiones, afectan en mayor medida a los colectivos más vulnerables. 














El reto del sistema educativo ante el descenso de la natalidad

Por EQUIPO AICTS / 09 de mayo de 2022

La evolución de las tasas de natalidad y de los índices de fecundidad de las dos últimas décadas han sido objeto de análisis y reflexión en este blog en no pocas ocasiones. El escenario que se ha generado, con un índice de fecundidad alrededor de 1,2 hijos por mujer, produce una gran cantidad de estudios y prospectivas, de visiones sobre la cuestión y de la forma de abordar el mismo. Sin duda alguna, uno de los ámbitos en los que el impacto es más importante es el educativo ya que se van reduciendo las cohortes que se incorporan al mismo cada curso. Este hecho implica un nuevo debate sobre la sostenibilidad del sistema en las condiciones actuales y que cuenta con no pocas derivadas.

Recordemos que la evolución del sistema educativo en España, con sus pros y sus contras, ha sido uno de los grandes avances del Estado de Bienestar desde que se constituyó en nuestro país. Las diferentes reformas educativas a partir de la década de los noventa del siglo XX, especialmente la LOGSE, supusieron una serie de avances en modelos basados en la comprensividad. La reducción de ratios fue sin duda alguna uno de los aspectos más explícitos de estos procesos, situándose en 25 alumnos por aula en Educación Infantil y Primaria. Los que venimos de modelos anteriores, recordamos aquellas clases en los que nos concentrábamos hasta 45 alumnos. Cuando se comienzan a implementar esas ratios, el descenso de la natalidad es una realidad tras los últimos estertores del "baby boom". Sin embargo, todavía la oferta era cubierta y la primera década del siglo XXI vivirá otro escenario en el que se incorporarán nuevos estudiantes al sistema educativo. Será la inmigración y la llegada de alumnos a la educación obligatoria, así como el hecho de que la natalidad de estos colectivos será mayor que la de la población autóctona aunque, como ocurre en otras sociedades, también se va equiparando a medida que avanzan las generaciones. 

Sin embargo, como ocurre en otros ámbitos, el impacto del descenso de natalidad ya se deja sentir claramente en el hecho de que la oferta no se cubre. Al contrario, hay incluso situaciones en las que se están cerrando centros y aulas, todavía de forma excepcional en los primeros casos, pero se están dando. Se ha asumido un descenso de las ratios lo que, sin duda alguna, tendría que implicar un aumento de la calidad educativa. Es decir, se ha visto esta situación como la oportunidad de avanzar en estas medidas que mejoren la educación con menos estudiantes por aula e incluso permitiendo que en las aulas se puedan dar más apoyos, refuerzos, dos docentes por clase, etc. No hay que olvidar que, además, el sistema educativo es una enorme institución social, de las más importantes de la sociedad, con la consiguiente presencia de distintos colectivos, con sus funciones sociales y sin olvidar la situación del profesorado y del resto de trabajadores del sistema educativo.

Por otro lado, la cuestión de la natalidad y su relación con la educación introduce también otras cuestiones como las referentes al primer ciclo de Educación Infantil, de 0 a 3 años, o el escenario de la categorización de la oferta educativa y de las redes presentes. Por un lado, la importancia de ese primer ciclo de Educación Infantil se ha constatado desde hace tiempo como determinante en no pocos ámbitos. El acceso a la misma, tanto en relación a la oferta como a los costes, es una de las cuestiones en las que se ha tratado de avanzar en estos últimos años. Recientemente, El Confidencial señalaba las dificultades para encontrar centros en esa etapa a pesar del descenso de la natalidad. Se indicaba también la importancia de las plazas públicas disponibles, hecho en el que se ha puesto el foco como una forma de garantizar el acceso a esta etapa educativa, que también se ha indicado que es clave para cuestiones como el aprendizaje, reducir las desigualdades, la conciliación de la vida familiar y laboral, etc. Pero queda mucho camino por recorrer.

En el otro lado, la cuestión de la oferta y de las redes educativas, pública y concertada, también se ha puesto encima de la mesa. Es un debate que trasciende la natalidad pero también se ha constatado que la reducción de la natalidad está afectando en mayor medida a los centros públicos que a los concertados. Esta cuestión está vinculada tanto a la capacidad de elección de centro por parte de las familias, que funciona en las dos direcciones, como en la situación de la ubicación de los centros. Como se ha señalado anteriormente, hay centros públicos, especialmente en los que hay un mayor porcentaje de población en situación de riesgo de exclusión social, que se están viendo afectados por este escenario, incluso produciéndose cierres. No faltan las propuestas que inciden en la relación entre segregación escolar y plazas disponibles, proponiéndose el cierre de unidades en centros concertados. Es cierto que en algunas Comunidades Autónomas se han podido dar medidas políticas que han aumentado la oferta en esa dirección. Pero, de la misma forma, también sería importante tener en consideración todos los factores implicados así como unos diagnósticos que permitan avanzar hacia evitar segregaciones y concentraciones. Escenario complejo que será determinante en los próximos años. Un gran reto. 
















Soluciones

Por EQUIPO AICTS / 02 de mayo de 2022

Los resultados de las elecciones francesas del pasado 24 de abril, en los que la ultraderecha de Marine Le Pen alcanzó sus mejores resultados, aunque Emmanuel Macron logró una victoria holgada con más de diecisiete puntos de ventaja sobre dicha candidata, han levantado todas las alarmas y análisis sobre el escenario en el que se encuentra la Unión Europea y el avance de estas fuerzas políticas. No nos encontramos ante una situación novedosa, al contrario, ya se ha vivido el ascenso de Trump en Estados Unidos, el Brexit en Reino Unido y la presencia de esta clase de formaciones en gobiernos como los de Polonia y Hungría, sin olvidar lo ocurrido en Italia con la Lega y Salvini o el avance de VOX en España, entrando en el gobierno de Castilla y León y consolidándose como tercer partido político. Es un escenario del que se viene alertando desde hace mucho tiempo y cuyos análisis se centran en parte, especialmente en países como los occidentales, en la canalización del descontento y de la incertidumbre en la que vivimos. Es evidente que estas formaciones políticas comparten algunos elementos pero también tienen sus importantes diferencias, centradas en los aspectos en los que ponen el foco, en su carácter sistémico o antisistémico, en su relación con la Unión Europea, etc. Pero, también no cabe duda que es por esa vía por la que se está canalizando un descontento social, un escenario que ha cerrado vías de progreso a numerosas capas sociales, como también están demostrando las tendencias de voto. En definitiva, algo está pasando para que estas formaciones estén siendo quienes capitalicen buena parte de ese descontento. 

Sin embargo, en los últimos años nos encontramos sumidos en un ciclo de análisis del descontento y de las causas de esta situación, también nosotros, y a veces las soluciones que se plantean suelen ser de trazo más grueso. En definitiva, es fundamental que se avance en un planteamiento que aborde el escenario a partir de esas soluciones que puedan dar opciones a las capas sociales que ven cómo están perdiendo posiciones, que se quedan sin posibilidades de avanzar en una movilidad social que se ha roto, que sufren en mayor medida las consecuencias negativas de los escenarios globales y sistémicos que estamos viviendo: crisis de 2008, pandemia covid-19, guerra de Ucrania, crisis de la cadena de suministros, inflación, etc. Seguramente pintamos un escenario negativo pero es el que estamos viviendo y el que sienta las bases para un descontento que da lugar a consecuencias no deseadas. En este sentido, es preciso como decíamos avanzar en esas soluciones que impliquen una mirada más amplia y estructural a la situación, la cual no se quede en cuatro formulaciones básicas y que no cuente con estructuras de plausibilidad para una buena parte de la población, como estamos observando.

Lo cierto es que abordar esta situación ya se ha hecho en el pasado, aunque con un contexto diferente, obviamente. Fue la construcción de un modelo de sociedad basado en el Estado de Bienestar, en unas políticas públicas que se centrasen en los Derechos Sociales, en cubrir esas necesidades básicas y en ofrecer unas ideas de progreso y mejora. Un modelo que también tiene sus limitaciones y contradicciones, obviamente, y de las cuales somos conscientes, pero que nos muestra cómo hemos sido capaces de hacerlo en otras ocasiones. Un modelo que se convirtió en ejemplo y aspiración para el resto del mundo pero que se ha va quedando por el camino. Insistimos, somos conscientes de que no se puede extrapolar un contexto como el que dio lugar al Estado de Bienestar al actual, la política y la economía han cambiado tantísimo, pero también podríamos aprender más del mismo. También surgen críticas afirmando que el hecho de contar con un Estado de Bienestar tan potente como el francés no ha evitado el ascenso del populismo, o que no vale únicamente con expander el gasto social, sino que hay ir más allá

Abordar este escenario debe tener en consideración también estos aspectos y ser conscientes de lo que haya fallado el modelo, de las contradicciones que se han generado o del papel otorgado a determinadas políticas, especialmente lo ocurrido con la implementación de un sistema neoliberal en el contexto de la Globalización. Pero el Estado de Bienestar y las políticas públicas ligadas al mismo pueden ser una buena guía para intentar salir de este escenario y evitar el ascenso de esos movimientos populistas que ya están instalados en el sistema y que también van determinando parte del discurso de los partidos sistémicos. Nos ha fallado pedagogía para enseñar el papel y la importancia del Estado de Bienestar y de sus políticas. Nos ha fallado hacer entender que esas transferencias sociales han sido clave para alcanzar un nivel de vida sin parangón en la Historia. Que, tanto por un lado como por el otro del espectro ideológico, no se entienda, o no se quiera entender, que somos lo que somos en parte por este contexto supone una tragedia. Las soluciones son complicadísimas y hace falta decisiones valientes, que tampoco serán a corto plazo, al contrario. Un nuevo consenso social que se centre en la cohesión en todos los niveles y que devuelva esa capacidad de repensar el presente y el futuro. En caso contrario, el camino ya lo estamos viendo.
















Sobre natalidad y futuro

Por EQUIPO AICTS / 25 de abril de 2022

Las tendencias demográficas, especialmente las vinculadas a la fecundidad y la natalidad, siempre están presentes porque nos muestran cómo se va ir configurando la estructura de una sociedad. En el caso español, no cabe duda que los cambios acaecidos en las últimas décadas han dado lugar a una transformación demográfica que nos ha convertido en una de las sociedades occidentales con menores tasas de natalidad e índices de fecundidad. Este hecho viene siendo una constante desde hace ya varias generaciones y ha sido explicado por las transformaciones de los sistemas de valores y de las condiciones de vida. Sin embargo, dichos indicadores siguen descendiendo y no se vislumbra un repunte de los mismos. Al contrario, escenarios de inestabilidad, incertidumbre y de retraso en la toma de decisiones de proyectos de vida, están incidiendo negativamente en la natalidad. De esta forma, la tasa de reemplazo no se puede cumplir ni se vislumbran soluciones que puedan favorecer un repunte. 

Estos días han aparecido algunas informaciones sobre la cuestión. La primera, un extenso reportaje de Jesús Rodríguez en El País sobre el descenso de la natalidad, con un índice de fecundidad de 1,3 hijos por mujer, cuenta con la participación de expertos así como con testimonios de personas que se ven afectadas por las situaciones que les impiden tener más hijos. Este interesante reportaje incide en las cuestiones que ya se han esgrimido y que están identificadas en numerosos estudios realizados por sociólogos y demógrafos. El cambio cultural y la transformación de los valores de la sociedad española, las condiciones del mercado de trabajo, las dificultades de conciliación de la vida familiar y laboral y las diferencias entre la fecundidad real y la fecundidad deseada, junto con el retraso en la edad del primer hijo. Estos procesos dan lugar a una sociedad que envejece y que no tiene asegurado ese reemplazo situado en una fecundidad de 2,1 hijos por mujer. Igualmente, se incide en que las medidas de las políticas públicas para favorecer la natalidad son insuficientes o no funcionan.

El domingo 24 de abril, Héctor G. Barnés en El Confidencial también abordaba la cuestión desde una perspectiva que presenta algunos matices. Contando también con las voces de expertos, autores de recientes publicaciones sobre la cuestión, se incidía en los cambios de la sociedad española y cómo esa incorporación de la mujer al mercado de trabajo y la ya señalada dificultad de conciliación de la vida familiar y laboral era un elemento central en la reducción de la natalidad. De esta forma, el foco se mantiene en los cambios estructurales y en las decisiones de los individuos, hecho clave y central. Además, se incide en que la evolución de la natalidad también ha sido un progreso ya que el descenso de la misma implica también que ha habido numerosas mejoras en las sociedades. El reportaje también abordaba de forma realista que no se puede esperar un ascenso de la fecundidad a dos hijos por mujer porque es un hecho que no va a ocurrir, que las crisis actuales inciden negativamente en este proceso, y que hay que ser conscientes de esta realidad.

Son dos reportajes recientes y altamente interesantes que sirven para continuar con un debate que, ciertamente, tiene visos de quedarse estancado en ese escenario que se está describiendo y que no muestra una tendencia de aumento de la natalidad en el corto y medio plazo. Los restos y desafíos que provoca la situación son elevados pero también es posible que las políticas públicas deban enfocarse en dar una serie de respuestas a esta realidad estructural. Como señalaba el titular de G. Barnés, no parece que vaya a volver ese modelo de familia en el que se tenían dos hijos. ¿Es positivo o negativo? Hay un hecho claro, esa diferencia entre la fecundidad deseada y la real, así como el retraso de la toma de decisiones para tener el primer y, en el caso de ser posible, el segundo hijo. Cambios estructurales profundos, la combinación de factores y un escenario que no va a cambiar. 













Las oportunidades en los estudios superiores

Por EQUIPO AICTS / 18 de abril de 2022

El Ministerio de Universidades presentó recientemente un interesante estudio sobre el abandono de los estudios universitarios y las causas del mismo. Realizado por María Fernández Mellizo-Soto, de la Universidad Complutense de Madrid, este informe ha venido a mostrar con indicadores y datos una realidad que está presente. Ciertamente, el estudio hace referencia al curso 2015/16, pero ya para ese curso se mostraba la cifra de que un 13% de los estudiantes presenciales en los cuatro cursos de Grado abandonaban sus estudios, indicador que descendía al 11% en el caso de los estudiantes menores de 30 años. Los factores más importantes en relación a dejar los estudios estaban vinculados a las características de los estudiantes y sus entornos familiares. A continuación, los que más incidencia tenían eran los relacionados con el grado que estaban cursando. Finalmente, las variables que están relacionadas con la universidad en la que estaban desarrollando sus estudios son las menos importantes. De esta forma, y descendiendo en las causas, también serían muy significativas el rendimiento académico del estudiante en el primer año, el precio de la matrícula, la edad de los estudiantes, el origen socioeconómico, el grado cursado y el área de conocimiento del mismp. Así, lo que se constata es el importante peso que tienen todavía las barreras vinculadas al origen familiar y socioeconómico para la igualdad de oportunidades y la permanencia en el sistema educativo, especialmente a medida que se avanza en el mismo y se supera la educación obligatoria.

Estos datos confirman los de otros estudios relacionados con la cuestión. Por ejemplo, en un análisis de las características, motivaciones y expectativas de los estudiantes de la Universidad de La Rioja, en el que participaron integrantes de AICTS, también se constataba la importancia de las variables socioeconómicas en las trayectorias en los estudios superiores, tanto en el acceso como en la permanencia en los mismos. A lo largo de los artículos que publicamos en el presente Blog, hemos incidido en el valor de la equidad y la igualdad de oportunidades en un contexto de políticas públicas relacionadas con el Estado de Bienestar. La reivindicación de las mismas no es incompatible con la visión crítica sobre el escenario actual en el que los orígenes socioeconómicos han alcanzado una nueva dimensión en relación a estas cuestiones, especialmente en el ámbito educativo. Las visiones más críticas sobre la meritocracia tienen su parte de razón en señalar que las "cartas están muy marcadas". De esta forma, mientras que en el pasado las desigualdades en educación eran explícitas y directas, ahora nos encontramos con unas formas más sutiles e indirectas en no pocas ocasiones. El "efecto Mateo" está presente en todo momento y afecta a las elecciones de escuela, a los costes indirectos, a las extraescolares, a los apoyos familiares, etc., variables todas ellas que, conjunta e interrelacionadamente, pueden ir marcando una trayectoria, hecho que sucede en la mayor parte de los casos. Eso no quita para que personas en situaciones de desventaja tengan una trayectoria educativa que se asemeje, e incluso supere, a las personas que parten con esas ventajas, pero siempre será con un esfuerzo más elevado. Sin olvidar la importancia de las ya señaladas políticas públicas a través de sistemas de becas y ayudas, determinantes en el acceso a los estudios superiores y que también pueden ser claves en la elección de estudios y de universidades, por ejemplo.

También ha perjudicado este escenario los cambios ocurridos en las últimas dos décadas, especialmente a partir de la crisis de 2008, con recortes presupuestarios durante esos años de crisis y aumento de tasas universitarias. Sin duda alguna, el informe del Ministerio de Universidades, en relación al curso del que recoge datos, el 2015/16, puede estar marcado en parte por esas consecuencias. De lo que no cabe duda es del hecho de que la igualdad de oportunidades en la educación sigue determinada en parte por el origen socioeconómico. Y que es todavía más evidente en los estudios superiores. La gratuidad y universidad de los 6 a los 16 años, y de los 3 a los 6, implica que esa desigualdad se manifieste a través de los factores señalados anteriormente, los cuales van acumulándose sin duda alguna. Pero, la puerta de los estudios superiores permanece cerrada para numerosas personas, familias y colectivos por motivos vinculados al origen socioeconómico. En numerosos casos, se cierran ya antes, con la vinculación del abandono escolar temprano y de unas menores tasas de idoneidad con esa procedencia socioeconómica. Y, al llegar a la Universidad, las barreras pueden seguir haciéndose más complicadas. Allí aparecen cuestiones como el ya señalado acceso a los estudios y universidades. Por ejemplo, no poder elegir una carrera que implique un desplazamiento de domicilio por no poder abordar los costes de los mismos. O del tipo de estudios, por el coste de matrícula. Además, durante los estudios puede tener que compaginarse el trabajo con los mismos para poder afrontar esos gastos, o colaborar con la economía familiar. Y, además, el peso de la nota y de los suspensos que afecta tanto al acceso a las ayudas y becas como a las segundas matrículas y sucesivas. 

En definitiva, un informe del Ministerio de Universidades interesante y necesario, que muestra una realidad que está ahí. Seguimos apostando por el valor de la educación, por la equidad y la igualdad de oportunidades, y somos conscientes de que la educación es el medio para reducir las desigualdades pero que, también, puede reproducirlas. Sin embargo, hay un hecho claro, y es que no podemos permitirnos retrocesos y volver a casillas de salida de las que veníamos. Y está ocurriendo en no pocos casos. 














No son únicamente números

Por EQUIPO AICTS / 11 de abril de 2022

Llevamos unos meses reflexionando y analizando situaciones y escenarios que hacen referencia a los cambios que están ocurriendo en nuestras sociedades. La estructura social está cambiando a pasos acelerados, algunos muy directos, otros más sutiles. Lo hemos comentado en numerosos posts de este blog, haciéndonos eco de estadísticas, indicadores, artículos, etc. Ciertamente, no faltan los estudios que abordan estas cuestiones que afectan a la cohesión social y que están teniendo consecuencias demoledoras en la misma. Crisis sistémica de 2008, pandemia covid-19 y la concatenación de cuestiones geoestratégicas con la invasión de Ucrania por parte de Rusia como hecho más destacable y de consecuencias imprevisibles. Venimos sosteniendo que, todos estos procesos, inciden en una cuestión clave como es el tablero en el que nos desenvolvemos, obviamente, y que tienen que ver con la evolución del capitalismo, la Globalización y los procesos de desregularización y de triunfo de las corrientes neoliberales. Es un hecho que todo eso está sobre la mesa y que la Globalización parece estar cambiando de dirección o adquiriendo unas nuevas dimensiones, pero también habría que contar con una perspectiva sobre ello. De lo que no cabe duda es que esta situación añade incertidumbre, mucha.

Por otra parte, no son tampoco pocas las voces que indican que estos cambios se dan en un contexto en el que la Humanidad nunca ha estado tan bien ni ha vivido mejor. Obviamente, es cierto que hemos venido de una evolución positiva y que los niveles de bienestar de parte de la población del planeta son elevados, especialmente en el mundo denominado occidental. Eso no quita para señalar que las desigualdades persisten, que son numerosas y que los niveles de inequidad son altos. Pero, la evolución positiva también se ha basado en esas políticas de cohesión social, de redistribución, el Estado de Bienestar, etc. Estos procesos parecen haber llegado a un punto límite, a un escenario que se ha ido gestando durante décadas y que se ha acelerado en las dos últimas. Sí, es cierto, algunas cuestiones están garantizadas, o en parte, pero no es menos cierto que hay un proceso de pérdida de base y de suelo que está teniendo esas consecuencias sobre la cohesión social. La cuestión también es que, si se ha conseguido construir sociedades en las que la cohesión social y la igualdad y la equidad se han conseguido, nunca de forma perfecta, no hay motivos para pensar que ese proceso no se puede repetir o ampliar. Pero...

En este contexto, cuando la cuestión de los perdedores de la Globalización se hace más patente, a pesar de nuevo de críticas sobre este concepto, incluso desde posiciones favorables a postulados progresistas, es un hecho, es más preciso insistir en que estas personas, familias y colectivos no son únicamente números. Todos estamos inmersos dentro de esas estructuras y de los procesos que nos han tocado vivir, pero hay formas y formas de vivirlo y afrontarlo, y en no pocas ocasiones son esos procesos los que te llevan por delante. Obviar estas cuestiones, las condiciones estructurales y fiarlo casi todo a una cuestión individual es uno de los errores frecuentes y de las trampas que ofrece el modelo neoliberal. Además, el mismo se basa también en los aspectos cuantitativos que, según como se lean o interpreten, enmascaran la realidad.

Hay personas, familias y colectivos detrás de esos números, de esas cifras que están presentes en nuestro día a día y a la que nos hemos ido acostumbrando, lamentablemente. Todos conocemos personas en nuestro entorno que lo están pasando mal, que tienen dificultades, que no cuentan con una red de seguridad en forma de una familia que pueda acudir en su ayuda. Unas familias que perdieron parte de su posibilidad de hacerlo con la crisis sistémica de 2008 y que, en casos como el español, fueron claves para que no pocas personas y familias no cayesen en situaciones de exclusión social. Hace unos días, un reportaje de El País se hacía eco de historias personales que aparecían en un estudio de Cruz Roja sobre la cuestión y la forma en la que pobreza y la exclusión social se iba reproduciendo. Numerosas personas no se habían recuperado de las crisis anteriores y, ahora, se acumula una nueva.















La protección de la infancia

Por EQUIPO AICTS / 4 de abril de 2022

La situación de la infancia, y de los jóvenes, está presente en numerosos estudios y diagnósticos vinculados a las condiciones materiales y a la vinculación con los orígenes socioeconómicos. Este es un elemento determinante ya que, obviamente, infancia y juventud (en su primera etapa), son dependientes de sus familias, de esas condiciones de partida que pueden condicionar, y lo hacen, sus proyectos de vida. Es cierto que los sistemas de protección han conseguido numerosos avances que han permitido la aplicación de medidas equitativas y de igualdad. Como defensores de modelos basados en la cohesión social, en la corresponsabilidad, en el valor de los Derechos Sociales y del Estado de Bienestar, no cabe duda que una educación y una sanidad gratuitas y universales, que unos Servicios Sociales que están presentes aunque precisarían de un desarrollo mayor, son hitos muy importantes. No son pocas las generaciones que han nacido con ellos y seguramente sería necesario insistir en la importancia de estos logros. De hecho, crisis como las que estamos viviendo han tenido las dos caras de la moneda: la fragilidad de los mismos ya que se han recortado recursos como ocurrió a raíz de la crisis de 2008; o el papel en el otro sentido de las Administraciones Públicas a raíz del covid-19, aunque el impacto de la crisis derivada de la pandemia es tan amplio que en ocasiones son medidas paliativas.

Sin embargo, las condiciones de partida y los orígenes socioeconómicos se han ido convirtiendo cada vez más en determinantes en la estructura social, ya lo eran. Como venimos señalando en numerosas entradas de este blog, la transformación de nuestras sociedades está llevando a una desigualdad interna cada vez más amplia que está ampliando las brechas sociales. Una estructura social en la que algunas oportunidades se van quedando cada vez más relegadas a colectivos más reducidos. Ese "efecto Mateo" del que alertamos continuamente. En este contexto, no son pocas las personas que van a ver limitadas sus oportunidades por el origen socioeconómico. Además, muchas actuaciones en la infancia tendrán un impacto a lo largo de la vida. Hablamos de educación, hablamos de salud, hablamos de nutrición, etc. 

Recientemente, el Gobierno de España se planteó como objetivo de aquí hasta 2030 el sacar a más de 700.000 niños de la situación de riesgo de exclusión social. El reto es inmenso y nos muestra cómo el escenario en España ha ido empeorando. De hecho, según los datos recogidos en el artículo señalado, solo Rumanía y Bulgaria presentan en la Unión Europea una situación peor en relación al riesgo de exclusión social en la infancia. Es un aspecto diagnosticado que, en el caso de España, hay colectivos que nunca salieron de esa situación de riesgo de exclusión social, hecho que se fue reproduciendo generacionalmente. Abordar esta cuestión plantea un desafío todavía mayor que hace referencia al mercado de trabajo y a las condiciones laborales, relacionadas con la estructura productiva de España. Colectivos que han estado en mayores situaciones de desempleo, de subempleo o en la economía sumergida, de trabajos temporales en el sector terciario precarizado, etc., generándose una especie de rueda y círculo vicioso de la que parece complicado salir. Por lo tanto, la protección de los Derechos Sociales de la infancia es clave y determinante, pero sin olvidar el origen socioeconómico.

En todo este proceso, el papel de la educación y de la escuela es clave. Sin caer en determinismos ni solucionismos, de nuevo parece que le estamos lanzando a la escuela retos y desafíos que afectan a todos y todas, no cabe duda que a través de la educación se pueden conseguir no pocos logros. La escuela y el sistema educativo tienen que estar presentes a todo ese entorno social, hecho en el que se ha avanzado en cuestiones como la atención a la diversidad y la educación inclusiva, entre otros. Recientemente, un artículo en El País a cargo Vicenç Araniz también incidía en el papel de la escuela en relación a los colectivos más vulnerables. Y esto es una realidad indiscutible, lógicamente. Pero, también es fundamental un trabajo más integral, un trabajo todavía más conjunto con los Servicios Sociales y no olvidar el papel clave de la escuela en la formación, la cual tendrá consecuencias a lo largo de la vida, como hemos señalado. Tiempos complejos, no cabe duda, pero tiempos en los que se debe avanzar en miradas más amplias para evitar volver a situaciones del pasado o que estas se produzcan de manera más sutil. 











Crisis sistémica, nuevo estadio

Por EQUIPO AICTS / 28 de marzo de 2022

Las últimas semanas están suponiendo un devenir de acontecimientos que nos muestran dos cuestiones claves: la primera, la aceleración de transformaciones en nuestras sociedades, las bases de las cuales ya estaban presentes en las mismas; la segunda, consecuencia de ellas, un aumento del malestar y la incertidumbre, la cual no negamos que es inherente a la vida obviamente, de los que ya hemos escrito en este blog reiteradamenta. Ocurre que, en la actualidad, el salto que se está dando es de un calado todavía mayor que los anteriores. Recapitulemos una vez más. En 2008 comenzó una crisis financiera que devino sistémica, una crisis que derivó en una más global. Fue una muestra de la evolución de nuestro mundo, de una globalización que mostró su peor cara, en el sentido de todos aquellos aspectos que incidían en una nueva fase del capitalismo, en esta ocasión marcado por el neoliberalismo y la desregulación. Las semillas de este proceso venían de antes, ya desde la década de los setenta del siglo XX, se consolidaron en los noventa, y el comienzo del siglo XXI las acabó de arraigar. El mercado, en el peor sentido, ganó a una política que se replegó, especialmente en aquellas cuestiones vinculadas al Estado de Bienestar. Habíamos vivido unas décadas de crecimiento y consolidación de este modelo en buena parte del mundo occidental, otras de una combinación del mismo, en retroceso, pero con cambios de calado que llevaron a la crisis de 2008. Esa crisis sistémica propició la ruptura de la idea de progreso y nos hizo más cínicos seguramente, especialmente ante la respuesta dada a la misma que fue incidir en los mismos errores anteriores. Las consecuencias, las conocemos.

La pandemia del covid-19 de 2020 vino a reconfigurar el tablero de nuevo. Los años anteriores habían sido de crecimiento económico, hecho que se reflejaba en los datos macroeconómicos y no tanto en el día a día de muchos ciudadanos y sus familias. Al contrario. Cada vez más colectivos entraban en una precariedad e inestabilidad que se sostenía en un vivir al día que era lo que quedaba. Son años en los que se popularizan nuevas formas de empleo, en los que se inciden en los pasos dados anteriormente y en los que se muestra que, otra vez más, no hemos aprendido mucho o nada. La crisis del covid-19 aparecía como un riesgo elevadísimo y se temía que la respuesta iba a ser similar a la de 2008, lo que tendría unas consecuencias todavía más amplias en la estructura social. Pero no, en esta ocasión, parecía que se había aprendido la lección y se incidió en respuestas que, sin dar lugar a una transformación estructural de la sociedad, iban a servir para evitar una mayor precarización. La ortodoxia económica, en teoría, dio paso a un modelo más heterodoxo pero dentro de los márgenes de las tendencias existentes. Se entendía que había que hacer un cambio estructural, la cuestión era cómo sería el mismo. 

Pero, sin haber superado la crisis del covid-19, el nuevo tiempo ya está aquí y nos está de nuevo desbordando. Invasión de Ucrania por parte de Rusia como gota que ha colmado el vaso, los meses anteriores alertaban que había riesgos evidentes de que este vaso podría desbordarse. Materias primas, energía, crisis de la cadena de suministros, etc. Algo no cuadraba. Mejor dicho, algo no seguía cuadrando. Y ahí estaban todos estos factores para ponerlo de manifiesto. Una malestar que se encontraba latente, como bien señala el reportaje de Sergio C. Fanjul en El País. Lamentablemente, no hemos dado con las respuestas para que no ocurriese. No hemos sido capaces de evitar un escenario en el que, sí, lamentablemente, muchas personas se estaban quedando atrás o estaban en riesgo de ello. Un descontento, además, que puede ser aprovechado por fuerzas políticas de extrema derecha populistas. En este contexto, España además es un país que se encuentra en una posición más desfavorable por la evolución de las tres últimas décadas: desindustrialización, un sector terciario precariezado, una dependencia del turismo (más sensible a cualquier crisis), un sector primario muy tocado y una elevada dependencia energética, entre otras cuestiones.

Estamos en este escenario, el diagnóstico es claro y evidente y se nos podrá decir, ¿qué se puede hacer? Pues recuperar cuestiones vinculadas al Estado de Bienestar, a las condiciones materiales de los ciudadanos y sus familias, conseguir una mayor autosuficiencia en aspectos claves que puedan reducir los impactos de las crisis que puedan venir, apostar por una globalización diferente... Sí, nos dirán que escrito así es fácil, pero algo habrá que hacer. Y, de nuevo, recurrimos a Esteban Hernández de El Confidencial que su artículo del domingo 27 de marzo explica algunas cuestiones claves.










La pobreza existente

Por EQUIPO AICTS / 21 de marzo de 2022

La semana pasada, el Consejero de Educación de la Comunidad de Madrid y portavoz del gobierno autonómico, Enrique Ossorio, realizó unas polémicas declaraciones aludiendo a los datos que exponía un informe de Cáritas. Este, llevado a cabo por la Fundación FOESSA, bajo el título Informe sobre Exclusión y Desarrollo Social en la Comunidad de Madrid, señalaba que la pandemia covid-19 había incrementado el colectivo de ciudadanos madrileños en situación de exclusión social, alcanzando la cifra de un millón y medio de personas. Ossorio cuestionaba los datos del mismo, indicaba que no creía que había tantas personas en esa situación, y añadía algunos argumentos como el hecho de que Madrid sea una región rica y tiraba de ironía para preguntarse "dónde están". Obviamente, las voces de protesta y crítica antes estas declaraciones no se hicieron esperar, proveniente desde distintos ámbitos, encontrando la defensa en Isabel Díaz Ayuso, Presidenta de la Comunidad de Madrid. 

La medición de la pobreza y la exclusión social, así como del riesgo de caer en la misma, es una cuestión que se encuentra institucionalizada y que no había encontrado cuestionamientos de estas características, que denotan visiones y concepciones de la sociedad vinculadas a otras más clasistas y elitistas. Desde entidades como la propia Cáritas o EAPN, entre otras, pasando por las estadísticas oficiales tanto de Eurostat como del INE, junto con indicadores como el AROPE (At Risk Of Poverty and/or Exclusion) de la mencionada EAPN, nos indican la evolución de la esta situación desde un punto de vista cuantitativo. La crisis sistémica de 2008 mostró un punto de inflexión en numerosos aspectos, uno de ellos el de la situación de precariedad de nuestras sociedades, el aumento de los factores de precariedad e inestabilidad y la transformación de las clases medias. Los cambios en el mundo del trabajo, el aumento del desempleo, las nuevas formas de empleo, etc., crearon un nuevo escenario en las condiciones de vida. Si bien es cierto que en el caso español se daba ya desde antes de esa crisis una situación de una parte de la población en riesgo de exclusión social, los cambios se produjeron por el descenso del nivel de ingresos que implicó que otros colectivos saliesen de ese grupo, siendo sustituidos por otros. Pero la precariedad era ya una constante y las rentas del trabajo no permitían a muchas personas no estar en riesgo de exclusión social o pobreza. Además, la recuperación de los años siguientes a la crisis no alcanzó a las condiciones de empleo, no se traducía en un aumento de los ingresos provenientes del trabajo en comparación con los beneficios de las grandes empresas.

En aquellos años vimos situaciones que no conocíamos. Una de ellas hacía referencia a unos "trabajadores pobres" que se conocían del mundo norteamericano. Personas que incluso tenían que combinar diferentes empleos y no les llegaba para estar fuera de la exclusión social. Los trabajadores pobres se fueron cimentando en aquellos grupos sociales que estaban ya en situaciones de precariedad y a la que fueron entrando otros, especialmente clases medias aspiracionales, que nunca pensaron verse en esa situación. Lamentablemente, este escenario ha crecido con la crisis provocada por la pandemia covid-19 y las incertidumbres de estos meses con la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Por otra parte, también se produjo la aparición de un nuevo concepto, "pobreza vergonzante", que hacía referencia a aquellas personas que, encajando en las categorías anteriores, no querían reconocer por verguenza su situación. Este hecho también fue una constante en los años de la crisis sistémica de 2008. Y, en el conjunto de este escenario, no podemos olvidar el estado en que se encontraban no pocos autónomos, pequeñas y medianos empresarios, golpeados sucesivamente por las crisis y las incertidumbres. 

Por lo tanto, las declaraciones de Enrique Ossorio no tienen ni un pase ni dos. Son visiones de la sociedad que todavía son más duras porque provienen de un responsable político en un ámbito como el de la Educación. Hay colectivos y grupos, familias y personas, que tienen enormes dificultades para llegar a fin de mes, que ni siquiera llegan al mismo, con unas condiciones de vida que están en diferentes situaciones y que no acceden a los mismos servicios y posibilidades que otras, que cada vez son menos numerosas en términos cuantitativos. Esteban Hernández en El Confidencial aludía a este escenario, desde una perspectiva más global y estructural, como "La España del apaño". Y, en el mismo medio, muy recomendable, precisamente a raíz de las manifestaciones de Ossorio, el artículo "Sobre la pobreza que se ve y la que se asea para no parecerlo" de Ángeles Caballero. La cruda realidad.  






Incertidumbres

Por EQUIPO AICTS / 14 de marzo de 2022

La invasión de Ucrania por parte Rusia ha supuesto un nuevo elemento de incertidumbre en nuestras sociedades, las cuales ya venían de un escenario complejo tras dos años de la pandemia de la covid-19. Los primeros efectos son en la población ucraniana que está sufriendo una situación terrorífica que está provocando muerte y destrucción, así como un movimiento de refugiados que están llegando a los países vecinos y al resto de Europa. En este contexto, la infancia se convierte en uno de los colectivos más vulnerables de nuevo, como ocurre en otros conflictos que siguen estando presentes. Son imágenes muy duras, similares a las que se vieron con situaciones como la de Siria recientemente y tantas otras. Mientras escribimos este post, la campaña del ejército ruso se incrementa. 

Como decíamos, este conflicto ha supuesto un aumento de las incertidumbres de nuestras sociedades. Los análisis de numerosos especialistas políticos, geoestratégicos, etc., están a la orden del día y sus conclusiones son pesimistas. No pretendemos aquí entrar en estas cuestiones, no es nuestra especialidad, pero no cabe duda que la invasión de Ucrania por parte de Rusia ha supuesto una ruptura de un orden global que era endeble y que nos lleva de vuelta a la casilla del siglo XX, vinculándose con la "Guerra Fría". Y con una amenaza de un conflicto más amplio en el que han vuelto a sonar cuestiones que muchas generaciones solo pueden conocer por los libros de Historia, de la "Tercera Guerra Mundial" a la "guerra nuclear". 

La situación geoestratégica del mundo de la Globalización, acelerada bajo los principios de un capitalismo neoliberal, o bien ha podido saltar por los aires o bien se ha manifestado en toda su crudeza, a partir de los escenarios que estaban soterrados o latentes. Ya se vivieron dos situaciones que podrían haber supuesto un punto de inflexión, y que en cierto modo lo fueron. Primero, la crisis financiera de 2008 que devino en crisis sistémica y que, en función de la respuesta dada, aceleró el proceso de Globalización basado en el capitalismo neoliberal ya señalado. Esto implicó una precarización de la vida, la ruptura de una cierta concepción del progreso y unas consecuencias que llevaron a intensificar los denominados "perdedores de la Globalización". La pandemia del covid-19 es el otro gran punto de inflexión, una combinación de escenarios con una respuesta diferente, en cierto sentido se pretendía evitar los errores de 2008, y también la intensificación de una serie de tendencias de la Globalización que cuentan con algunas dudas, especialmente cómo se van a afrontar retos como los de la sostenibilidad y la digitalización sin dar lugar a más efectos no deseados. Pero, todo esto queda ya en un segundo plano con la invasión de Ucrania

La situación desencadenada vuelve a cambiar el tablero y pone más cartas sobre la mesa. En primer lugar, muestra la dependencia geoestratégica de Europa y del mundo Occidental de materias primas, energía y otros productos de primera necesidad, lo que supone una vuelta a la mirada nacional o, en el caso de la Unión Europea, europea. Los impactos en el incremento de precios y con una inflación que, en el caso español, llegará a los dos dígitos, algo no visto en décadas, es una realidad. Ya veníamos de un proceso alcista, con la luz y los carburantes a la cabeza, pero este escenario lo va a acelerar. Además, las medidas de presión a Rusia y el conflicto en sí mismo, Ucrania es uno de los graneros de Europa, van a tener consecuencias en el nivel de vida de los ciudadanos europeos. Los responsables políticos ya han señalado que esto será así, y también implica que los planes y proyecciones de recuperación de los efectos de la pandemia covid-19 entran en riesgo. Y, en el fondo, el papel de China, actor clave y determinante, sino el más, que nos vuelve a la cuestión de la posición geoestratégica, de la dependencia del mundo occidental y de una serie de acciones y decisiones que, en el marco de la Globalización, se han mostrado en el medio y largo plazo como equivocadas. Es el momento de repensar ciertos aspectos vinculados a la producción en los países, la no externalización y la recuperación de unos sectores primarios y secundarios que, en casos como el de España, quedaron muy descabezados por las derivas y decisiones tomadas en el contexto de la Globalización.

Un contexto de aumento de la incertidumbre, de una tragedia como la de Ucrania que, una vez más, deja víctimas inocentes, en un mundo muy complejo pero que nos devuelve a dinámicas y situaciones que se pensaban superadas, pero no. Para finalizar, recomendar el interesantísimo artículo de Héctor G. Barnés en El Confidencial sobre este contexto, y lo que está pasando en los últimos años, bajo el sugerente título de "Estás viviendo por encima de tus posibilidades"






El futuro de la Educación Superior

Por EQUIPO AICTS / 07 de marzo de 2022

Las sociedades tienen en la Educación una de las principales apuestas en relación a su presente y futuro. Es un hecho obvio y absolutamente justificado. A lo largo del último siglo y medio, la expansión de la Educación, universalización, eliminación del analfabetismo y acceso a niveles superiores de la misma de cada vez más personas y colectivos es uno de los éxitos de nuestro progreso. Lamentablemente, no todo el mundo va al mismo ritmo como demuesta la situación de la Educación y las enormes brechas que existen entre el mundo desarrollado y el que se encuentra en vías de desarrollo. Ejemplos hay numerosos como informes y estudios de organismos como UNICEF u Oxfam Intermon, entre muchos otros. Y es que no hay que olvidar que el acceso a la educación es un derecho, hecho que adquiere una dimensión más amplia si cabe en el caso de la infancia y la juventud. De esta forma, los Objetivos del Desarrollo Sostenible inciden en esta cuestión a través de su Objetivo 4, insistiendo en la ya señalada accesibilidad y en la cuestión de la calidad.

Como venimos indicando en los dos últimos años, el impacto de la pandemia covid-19 en el ámbito de la Educación, en el acceso y en la calidad de la misma, ha sido determinante. De esta forma, los meses de cierre de centros educativos y las complicaciones derivadas de estos tres cursos, especialmente de los dos anteriores, han incrementado y generado desigualdades en el ámbito educativo que, de nuevo, han afectado en mayor medida a los colectivos, familias y alumnos en situación de vulnerabilidad. Los "solucionismos tecnológicos" se han mostrado ineficades, a pesar de que el uso de las herramientas derivadas de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) deben ser claves para reducir las desigualdades y no generar otras nuevas.  

En este contexto, debemos regresar al ámbito de la Educación Superior. La expansión de la accesibilidad a la misma para colectivos de clases trabajadoras y medias aspiracionales fue posible gracias a políticas públicas vinculadas al Estado de Bienestar. Muchas familias en las décadas pasadas pudieron ver cómo sus hijos e hijas acudían a la Universidad, siendo los primeros que llegaban a la misma. A este proceso también contribuyó el sistema de becas que permitió que no pocas personas que no contaban con medios para hacerlo, pudiesen ir a la Universidad. Y, en el caso español, se amplió la oferta a partir de un incremento de estudios y de centros que impartían esta formación, fundamentalmente gracias a la creación de nuevas universidades públicas. Sin embargo, la crisis de 2008 supuso una transformación de las sociedades, con también consecuencias en el ámbito universitario. Se complicó el acceso de las clases sociales que se vieron más perjudicadas por la misma, aumentaron las matrículas y se redujeron las ayudas y becas. Además, la combinación de los cambios organizativos, el Plan Bolonia y el Espacio Europeo de Educación Superior, junto a transformaciones del mercado de trabajo y sociales, han llevado a una menor valoración del título universitario de Grado lo que implica que, cada vez en mayor medida, el contar con un título de Máster, que en no pocas ocasiones son habilitantes para el desempeño de una profesión, sea más necesario. Y no todas las personas y familias llegan en las mismas condiciones a acceder a ese nivel de formación.

El escenario actual se complejiza cuando, a través de un estudio de la Fundación BBVA, recogido en El País, se constata que la inversión en universidades en España representa un 1,1% del Producto Interior Bruto (PIB). Esta cifra es bastante inferior a la que se recoge para Estados Unidos, un 2,5%, y se aleja también del 1,5% de países como Canadá, Países Bajos o Reino Unido, entre otros. No cabe duda que España mantiene una inversión educativa inferior a los países de su entorno, a pesar de los avances de las últimas décadas, salvando el periodo de la crisis de 2008 cuando se redujo la misma como medida de recorte y contención del gasto público. Aunque debe evitar caerse de nuevo en "solucionismos", en este caso educativo, o en argumentos que se basan en razonamientos acerca de que únicamnete con la el aumento de la inversión se puede conseguir una mejora del sistema educativo, no cabe duda que este es un indicador relevante. A pesar del descrédito de las teorías del capital humano, a pesar de que la meritocracia no representa lo que dice representar, la mejora de todos los niveles educativos y el acceso del mayor número de personas posible se hace más necesaria que nunca en el contexto en el que nos encontramos. Insistiendo en que no se puede caer en "solucionismos" y que la inversión en sí misma no garantiza esas mejoras, sino que lo importante también es cómo se realiza la misma, es preciso que nuestros sistemas educativos resuelvan algunas de sus carencias estructurales, mejoren el acceso a los niveles superiores para aquellos colectivos que no tienen la oportunidad de llegar a los mismos, y evite que se creen nuevas brechas y desigualdades que ya se están construyendo.





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