El reto de la conciliación

Por EQUIPO AICTS / 20 de septiembre de 2021

Cabe volver a señalar, a fuerza de ser reiterativos, cómo la covid-19 y sus efectos nos han trastocado en general. Pero, también cómo todo se analiza desde la perspectiva de la covid-19. Es lógico. Incorporamos esa variable para ver el impacto de la pandemia y lo estamos aplicando a todo. De la educación a la desigualdad, pasando por todos los aspectos posibles. Hemos indicado en no pocas ocasiones que, la pandemia, podía suponer un cambio de tendencias o generar una aceleración de procesos que estaban en marcha. Nuestra opinión es que se produce el segundo escenario, no de forma lineal ni homogénea, por supuesto, pero lo estamos viendo en general. Seguramente lo más evidente tenga que ver con la cuestión de las tecnologías o parte de las condiciones laborales. En el otro lado, se cae en deseabilidades y solucionismos que, en la mayor parte de las ocasiones, no responden a los hechos. Este es el marco en el que nos encontramos.

Dentro de todas las cuestiones a las que la pandemia está afectando, la conciliación de la vida familiar y laboral es sin duda uno de los más importantes en tanto en cuanto se han producido cambios que han impactado en nuestros horarios y vidas cotidianas. Esto fue todavía más duro en los momentos de confinamientos o de restricciones de la movilidad. La conciliación de la vida familiar y laboral es un derecho y es un ámbito en el que los avances deben ser mucho mayores. A lo largo de las últimas décadas se han conseguido logros marcados por las demandas de colectivos e individuos, el cambio de roles sexuales, la transformación de las estructuras de nuestras sociedades, etc. La conciliación se observaba inicialmente del lado de mujer, consecuencia de esos roles sexuales que marcaban que el ámbito doméstico era su función. Su incorporación al mercado de trabajo y el avance en la igualdad y la coeducación fueron transformando esa visión aunque perviven aspectos que inciden en ese hecho, comenzando por unas estadísticas que muestran cómo la mujer sigue siendo la que se hace más cargo de las tareas domésticas. A pesar de esas situaciones, como decíamos, avances se han producido pero todavía lejos de lo deseable. Además, se han conseguido en mayor medida en el sector público que en el privado. Además, tampoco ayudan los horarios y las estructuras de nuestras jornadas laborales y una cierta cultura laboral en la que, en no pocas ocasiones, parece que estar "amarrado" al puesto de trabajo es casi una obligación. 

La pandemia ha supuesto nuevas dudas en relación a la conciliación, y una de las principales tiene que ver con el teletrabajo. De hecho, la conciliación sería una muestra de cómo la covid-19 y sus consecuencias no han servido para solucionar una situación sino para intensificar el escenario que se estaba dando. Es decir, lejos de las bondades tan transmitidas y de nuevo amplificadas desde medios de comunicación y otros agentes, la realidad es mucho más complicada. El teletrabajo, como refleja el artículo adjunto en este post, ha supuesto más dudas que certezas. Al final, el peso sigue recayendo en los mismos hombros y más todavía. Ocurre no solo en el caso de la mujer sino en el de cualquier trabajador. Pero, si existe ese desequilibrio entre las horas dedicadas a las tareas domésticas en función del sexo, el teletrabajo será no una oportunidad sino todo lo contrario. El teletrabajo genera muchas dudas debido a esa ruptura de las barreras entre el ámbito doméstico y el laboral, entre lo privado y lo público, generándose en no pocas ocasiones una disponibilidad casi 24x7 junto con otras dudas vinculadas a los costes del teletrabajo, sin olvidar el impacto en las sociabilidades. Y, la conciliación, como hemos señalado, se ve afectada. Hablamos de empleos que pueden contar con teletrabajo porque hay otros muchos que no tienen esa opción.

Hablamos de la conciliación, y hay que insistir en que, potencialmente, es una de las llaves para afrontar un reto demográfico que cada vez nos lleva a demografías más regresivas con escenarios cada vez más complejos. Si partimos de la base de que son las condiciones materiales las que, en nuestras sociedades, son determinantes en la toma decisiones sobre la natalidad, y estas se han ido retrasando debido a la situación del mercado de trabajo, la conciliación debe jugar un papel central. Si una pareja tiene dos empleos, necesarios para afrontar unos costes de la vida que aumentan (en el caso de España, es la vivienda la que se lleva la mayor parte), si la presión para mantenerlos es cada vez mayor, con una competencia más amplia, y si hay que "pasar" más horas en la oficina o en el puesto de trabajo... calculen. Y, como en el párrafo anterior, hablamos de un determinado tipo de empleos y trabajadores. No afecta a todo el mundo. Hay trabajos, muchos no cualificados, en los que por los horarios y otros factores, la conciliación se hace mucho más difícil. Y, en no pocas ocasiones, nos olvidamos de ellos. Aquí habría que hacer también un mayor esfuerzo para conseguir que ese derecho se cumpla. Como hemos señalado, es un todo interrelacionado. 




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